Policiales

Al grito de "policías", derribaron una puerta y acribillaron a un muchacho

Matías Amaral tenía 23 años. Según sus familiares era cuidacoches y no era soldadito de nadie. Los vecinos dicen que el lugar era un quiosco de drogas.

Jueves 09 de Enero de 2020

A Matías Amaral lo asesinaron con múltiples disparos de escopeta y pistola cuando estaba en el interior de uno de los dos quioscos de venta de droga que están ubicados sobre calle Ituzaingó entre Chacabuco y Esmeralda, en el barrio República de la Sexta. Dos testigos relataron su ejecución. Dijeron que alrededor de las 3.30 de ayer un utilitario Renault Traffic blanco se estacionó frente a una casa usurpada de Ituzaingó 34 bis, como en una película policial bajaron al menos seis hombres armados y con ropa similar a la que usa la fuerza de seguridad provincial y al grito de "policías" patearon la puerta del garaje e ingresaron. Adentro estaba durmiendo Amaral, quien fue ejecutado con al menos 15 disparos calibre 12/70 y 9 milímetros similares a los usados por la policía santafesina. Todo ello ocurrió frente a una joven que tenía un bebé en sus brazos.

Allegados de la víctima contaron que el muchacho trabajaba como cuidacoches sobre avenida Belgrano al 2000, frente a dos restaurantes que hay en el lugar, y que era ajeno a la venta de drogas. "Era un pibe bueno, que le gustaba más el vino y la calle que vivir con su familia. No era soldadito de nadie", indicó una de sus familiares. Amaral tenía 23 años y era familiar de Brisa, la joven que acompañaba a Jonathan "Bam Bam" Funes cuando lo ejecutaron frente a la cárcel de Piñero en febrero de 2018.

Barrio límite

Ituzaingó entre Chacabuco y Esmeralda es una cuadra en la que conviven la parte más empobrecida del barrio República de la Sexta con las primeras viviendas de clase media trabajadora. Una cuadra en la que hay al menos dos quioscos de venta de drogas con varios años en actividad y distanciados por unos 30 metros. Y también allí se erige un edificio de 13 pisos construido por UPCN. Un territorio que quedó a merced de una disputa abierta entre vendedores de droga de avenida Pellegrini al sur y que se extiende también por el asentamiento conocido como La Siberia, Tablada y más allá. Una cuadra ubicada a cinco minutos del Monumento a la Bandera, del Concejo Municipal y la propia Municipalidad.

Noche de tiros

Durante la noche del martes y la madrugada del miércoles fueron muy pocos los que durmieron en esa zona del barrio República de la Sexta. Los vecinos relataron que se produjeron al menos tres balaceras en un radio de 300 metros. Dos de esos episodios fueron sobre Ituzaingó entre Chacabuco y Esmeralda. La última, sobre las 3.30, fue la ejecución de Amaral en el interior de la casa usurpada en la que los vecinos aseguraron que se vende droga.

Todo comenzó al filo de la medianoche cuando fue atacado a balazos un quiosco pintado de rojo, más cercano a calle Esmeralda, en el que los residentes de la zona denunciaron públicamente que se vende droga. En la vereda del lugar podían verse al menos media docena de marcas con las que los peritos marcaron rastros de vainas y plomos. "Se escucharon como 20 balazos. Fue bien ahí, donde venden falopa. Varios autos estacionados recibieron impactos. Después de ese ataque se escucharon varias detonaciones al fondo (por Ituzaingó hacia la barranca) y después pasó lo del pibe", explicó un vecino.

Según sus familiares, a Matías Amaral le gustaba vivir en la calle. "Tras la separación de sus padres, su madre y sus hermanos se quedaron viviendo en las inmediaciones de Centeno y Grandoli, pero Matías se quedó por acá, que es donde vive el padre", explicó una familiar. "El era cuidacoches en el bajo, por Belgrano. Trabajaba en la zona de los restaurantes. Nosotros le decíamos que dejara la calle, que se afincara en un lugar. Pero a él le gustaba la calle, tomar vino y andar por ahí. Era buen pibe y no vendía droga, eso te lo puede decir cualquiera. Era solidario con los vecinos, ayudaba, pero se ve que lo han corrido y se refugió en esa casa. Lo persiguieron y lo mataron", explicó una familiar en lo que fue una de las versiones sobre el caso.

Un vecino del lugar comentó que Amaral era tío de Brisa, la chica que acompañaba a Jonathan "Bam Bam" Funes en febrero de 2018 cuando fue ejecutado a balazos a 700 metros de la cárcel de Piñero, lugar del cual salía tras visitar a sus hermanos presos. Luego Brisa fue imputada por la Justicia como partícipe de una asociación ilícita cuya organización, según los investigadores, es comandada por Lautaro "Lamparita" Funes y René "El brujo" Ungaro. En ese juicio, la joven acordó una condena a 3 años de prisión efectiva en un proceso abreviado por asociación ilícita en calidad de partícipe. "En esta cuadra vivieron siempre los abuelos de Brisa"; explicó el vecino.

Frenada, golpe y balas

Según con que vecino de la cuadra se hable, la ejecución de Amaral pasó a las 3.30 o a las 4. "Fue una de cowboys. Se escuchó primero la frenada de un camión o un vehículo grande. Después gritos y una de tiros bárbaros. Dicen que agarraron a un pibe en la casa usurpada, una casa en la que se vende droga. La casa es de una mujer que metieron en un geriátrico y éstos se la coparon para vender falopa", contó un vecino bajo resguardo de identidad.

"Fue una cantidad de balazos asquerosa. Esto pasa porque en esta cuadra se vende droga hace años y nadie hace nada. Hoy le tocó a uno de éstos (que venden), que Dios lo perdone", reflexionó una doña de la cuadra.

Dos testigos, a su turno, incorporaron la hipótesis del "grupo comando" que se bajó para matar al grito de "policías". Los quioscos de esa cuadra, según la gente del lugar, trabajan bajo la franquicia del apresado Esteban Lindor Alvarado, acusado de liderar una organización ilícita que tras la cortina de nueve empresas legales montó un negocio narco.

La casa donde mataron a Amaral ayer a media mañana estaba con su portón abierto de par en par, tal cual lo dejaron los pesquisas que investigan el hecho. En la puerta la mancha de la patada con la que la abrieron los "policías" y en lo que fuera el comedor de la casa de una anciana, al lado de un aparador derruido y una cama de una plaza, un manchón de sangre denotaba dónde se produjo la ejecución. Oficialmente se sostuvo que testigo de la misma fue una joven que tenía un bebé en brazos.

La víctima, arrojaron los primeros datos periciales, recibió al menos 15 impactos de pistola y escopeta. En la vereda y en la calle se incautaron una veintena de vainas y cartuchos calibres 9 milímetros y 12/70.

El caso es investigado por el fiscal de la Unidad de Homicidios Dolosos Luis Schiappa Pietra, quien comisionó a efectivos de la Agencia de Investigaciones Criminales (AIC, ex PDI) para que tomaran testimonios y relevaran las cámaras de videovigilancia a fin de identificar el vehículo en el cual llegaron los asesinos.

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