Jueves 15 de Abril de 2010
Eliseo Ramón Mansilla tiene 36 años, es separado y tiene una hija de 10 a la que, según contaron sus allegados, le dedica su vida. Es cabo primero de la policía rosarina, en la cual lleva 13 años de trabajo, y en la actualidad se desempeña en la comisaría 17ª. Ayer al mediodía, al intentar frenar un asalto en un supermercado chino ubicado en Virasoro al 2100, recibió un balazo en la cabeza y anoche estaba internado en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez en gravísimo estado. Extraoficialmente trascendió que tenía muerte cerebral y que su situación era irreversible.
El cabo Mansilla gozaba de licencia en la policía por carpeta médica y en el superemecado estaba vestido de civil aunque con su arma reglamentaria, por lo que su presencia allí se presentaba como controvertida. La versión oficial indicó que el policía estaba junto a su pequeña hija haciendo compras después de haber buscado a la niña en la escuela. Sin embargo, los vecinos de la cuadra aseguraron que Mansilla realizaba un servicio de custodia personal en el local, por fuera del marco legal, y que estaba junto a su hija porque no tenía con quien dejarla. De ser así, el caso pondía una vez más de manifiesto las tareas adicionales que hacen muchos uniformados fuera de su horario de trabajo para, así, engrosar sus magros salarios.
Dos hombres armados. El hecho sucedió ayer a las 12.45 en el supermercado "Niní", en Virasoro al 2180, a 30 metros de bulevar Oroño y en jurisdicción de la comisaría 5ª. A la hora señalada ingresaron al local, en el que trabajaban entre cuatro y cinco empleados, dos delincuentes, uno de ellos empuñando un revólver. Los maleantes, según dijeron los testigos, llegaron hasta el comercio en una moto. Ingresaron al local, que está dispuesto en forma de "L" y se dividieron. Uno encaró a la cajera de turno, quien se asustó y como acto reflejo se tiró al piso. El otro hampón se dirigió hacia donde estaba Mansilla con su hija. El policía, que estaba de espalda a la zona de cajas, percibió que algo malo sucedía, giró e inmediatamente se topó con un delincuente que lo apuntaba con un revólver. Entonces, el agente empujó a su hija hacia el fondo del local y, según la versión oficial, se identificó como policía dando la voz de alto. Se escuchó un sólo disparo. El proyectil calibre 38 le ingresó a Mansilla por el ojo derecho con orificio de salida en el cráneo.
Mansilla quedó agonizando en el frío piso de mosaicos del súper y su arma reglamentaria apareció tirada debajo de una de las góndolas, lo que indicó a los pesquisas que al menos trató de empuñarla aunque no le dieron tiempo. En tanto, los ladrones huyeron en la moto en que habían llegado sin poder concretar el robo ya que la caja registradora se había trabado.
La pequeña hija del agente se quedó abrazando el cuerpo del papá hasta que una dotación de Patrulla Urbana lo cargó en una camioneta y lo condujo hasta el Hospital de Emergencias. "Que no se muera mi papá", imploraba la pequeña una y otra vez, sin separarse un segundo de Mansilla. "Su estado es desesperante. Está muy mal. No nos dan esperanzas", explicó en la puerta del súper "Niní" un oficial de alto rango.
Historia repetida. El brutal ataque a Mansilla puso de relieve otra vez la sensación de impotencia, indignación y descontento. Otra vez un policía fatalmente herido en un local comercial en una situación poco clara o confusa. No por el hecho que se investiga, un intento de robo, sino por la situación laboral del efectivo en ese lugar. Otra vez los cronistas policiales debiendo hacer preguntas incómodas en el poco agradable escenario de un trabajador que está perdiendo su vida. La sensación en la vereda de "Niní" era de estar en presencia de otro caso como el que terminó con la vida de Emanuel Del Mastro, el policía fusilado en junio del año pasado cuando realizaba una custodia personal, de civil, en un burdel en Mendoza al 900. O el caso de Leonardo Caro, el agente que el 28 de abril de 2009 fue ultimado al ser reconocido por un maleante cuando, vestido de civil, acompañaba a su padre a comprar un auto en una agencia de Pellegrini y Teniente Agnetta. Ambos policías murieron sin uniforme.
Entre los testimonios que se pudieron escuchar ayer en el lugar había para alimentar varias crónicas policiales. Algunos vecinos sostenían que Mansilla realizaba la custodia del local por fuera del marco legal. Que todos los mediodías buscaba a su hija en una de las escuelas de la zona y la pequeña se quedaba junto a él por una sencilla razón: no tenía con quien dejarla.
Otros testigos aseguraban, tal cual sostiene la versión oficial sostenida por varios empleados, que Mansilla era un vecino del barrio y que era cliente regular del lugar. Dios y el diablo en el taller. En el caso de que Mansilla realizara una custodia por fuera del marco legal de servicios adicionales, no recibiría ninguno de los beneficios previstos en la ley. Tal cual le sucedió a la familia del agente Del Mastro, un efectivo que sólo pretendía llevar un peso más a las anémicos salarios de los policías de bajo rango.
Final inesperado. La mecánica del robo fue de manual y de no haber intervenido Mansilla seguramente el atraco se hubiera concretado. "Yo no estaba en ese momento, pero lo que me comentaron las chicas (empleadas del súper) es que le vieron la pistola en la cintura y le dispararon", indicó un muchacho que trabaja de manera tercerizada con el negocio chino.
"Este es un negocio que cambio de dueños chinos hace cuatro meses. Para el feriado de Semana Santa llegaron dos tipos y a punta de revólver se llevaron la recaudación", comentó el laburante. Y agregó que el local "suele tener un custodio, pero la verdad desconozco si este muchacho cumplía esa tarea". Los camaradas de armas de Mansilla, en voz baja y pidiendo no ser identificados, lo reconocieron como un muy buen compañero y un excelente policía. "Es un tipo que vive para su hija. Hasta cuando se juntaba para jugar al fútbol la lleva. La nena lo adora", relató un alto jefe policial.
Hasta las puertas del súper chino de calle Virasoro llegaron las más altas autoridades de la policía, entre ellos el jefe de la Unidad Regional II, comisario mayor Marcelo Casajús, junto con varios inspectores. Sin embargo, hasta que se levantó el cerco policial del lugar, no había arribado ninguna autoridad judicial.
También se arrimaron los familiares del comerciante Diego Gurruchaga, quien murió hace un mes tras ser baleado en su heladería "La gata alegría", de 27 de Febrero al 1900, el pasado 4 de marzo (ver página 31). "Nos enteramos que había pasado ésto y vinimos a ver. Así ya no se puede más", comentó Damián, hermano del pibe fallecido.
Los investigadores recolectaron del piso del súper una ojiva muy deformada que sería del arma que hirió a Mansilla. Además, las fuentes, indicaron que la hija del policía fue asistida por un gabinete de psicólogos después de no haberse querido separar del cuerpo de su papá.