Lunes 19 de Abril de 2010
Primero se detectó un patrón de comportamiento similar que parecía conectar en un mismo autor
hechos reiterados de abusos sexuales a ancianas. Después, un albañil de 28 años cayó detenido
cuando escapaba de la casa de una jubilada de 76 años cerca del complejo Village y confesó que la
había asesinado a golpes. Con su inesperada aparición, los casos que parecían eslabones de una
misma pieza terminaron ligados a él, que fue procesado como supuesto atacante serial. Así, a sólo
diez meses de su arresto, Luciano Hugo Beltrán solicitó en un juicio abreviado ser condenado a 27
años de prisión por esa saga de ataques que admitió haber cometido.
El pedido para ser sentenciado en un trámite breve fue firmado por el
propio Beltrán tras un acuerdo entre su defensora oficial, Irma Bilotta, y el fiscal Donato Trotta.
Allí fijaron que Beltrán recibirá condena de 27 años por un caso de homicidio y tres violaciones a
mujeres mayores ocurridos entre febrero y junio de 2009. El acusado solicitó pena tras ser
procesado por el juez de Instrucción Alfredo Ivaldi Artacho por delitos como homicidio, abuso
sexual agravado, privación ilegal de la libertad y robo con arma de fuego.
Pero antes de que comience el juicio habitual, el detenido hizo uso de
una herramienta prevista en el reformado Código Procesal Penal de la provincia: el juicio
abreviado. Se trata de una modalidad que resuelve el caso en días si el acusado se asume culpable.
Se trata de un pacto entre la defensa y la fiscalía que suplanta el juicio tradicional. Conlleva un
notable ahorro de tiempo: no es necesario convocar a audiencias, solicitar pruebas o fundamentar la
condena. Basta el consentimiento del imputado y que las partes estén de acuerdo sobre la pena y la
calificación legal.
Lo que falta. Este procedimiento ya fue concretado y pasó por el juez Ivaldi
Artacho, quien elevó el pedido al juez de Sentencia que originalmente se hubiera ocupado del
juicio, Julio Kesuani. Ahora sólo resta que ese magistrado homologue el acuerdo y la condena al
albañil por ataques seriales a ancianas será un hecho.
Las evidencias que lo incriminaban en los cuatro hechos no eran ligeras.
Sumaba una confesión, reconocimientos de las víctimas, una pericia caligráfica y hasta un análisis
positivo de ADN.
A Beltrán le dicen Pele y tiene domicilio en la localidad chaqueña de
Corzuelas. Fue detenido el 30 junio de 2009 cuando escapaba de la casa de Marta Catalano, una
jubilada de 76 años que fue asesinada durante un robo en su vivienda de Cuba al 700 (avenida Eva
Perón al 5800). La mujer, viuda y madre de tres hijos, vivía sola. Esa noche, una vecina la oyó
gritar y llamó a la policía. Su cuerpo quedó tendido inmóvil al lado de la cama.
El muchacho fue capturado cuando huía por los techos y fue procesado en
base a su confesión, el relato de los agentes y el testimonio de vecinos. Beltrán dijo que su
intención era asaltar a la jubilada pero la mató porque comenzó a gritar. Además se hallaron
rastros de sangre de la víctima en una campera que arrojó a un pasillo durante su escape por las
alturas.
Rasgos repetidos. Cuando fue detenido, en el Centro de Atención a la Víctima
de Delitos Sexuales y la fiscalía que investiga delitos con autores no identificados de Tribunales
posaron la vista sobre una serie de ataques sexuales a ancianas que tenían un desarrollo parecido.
Un atacante solitario, de similares rasgos físicos, joven y que abusaba de mujeres mayores de 75
años que vivían solas. No forzaba cerraduras y solía llevarse pertenencias de las víctimas.
Al joven comenzaron a investigarlo por esos hechos y de a poco las
piezas comenzaron a encajar en torno a su figura. Finalmente fue procesado por el homicidio y otros
tres episodios de violación.
El más antiguo fue el que sufrió una jubilada de 80 años en su casa de
Alberdi el 7 de febrero de 2009. Un muchacho entró a su vivienda y la sometió a graves ultrajes
sexuales. En una reiteración inédita, una semana después regresó y forzó a la mujer a pasar por el
mismo calvario. La víctima lo reconoció de modo tajante.
Dos meses después, el 24 de abril, una anciana de 80 años fue atacada en
su casa de barrio Refinería. Una muestra de semen y pelos del atacante fue sometida a una prueba de
ADN y dio un 99,9 de coincidencia con el perfil genético de Beltrán. La mujer también lo reconoció.
El cuarto episodio tuvo como víctima a una anciana de 84 años sometida
el 5 de junio en su casa de Fisherton. La prueba de ADN no pudo hacerse por problemas en la
muestra, pero la mujer apuntó al albañil en una rueda judicial.
En este caso, el atacante dejó una nota manuscrita en la que amenazaba a
con volver y hacer lo mismo con la mucama. Beltrán negó haberla escrito. Pero una pericia
caligráfica realizada a cartas enviadas desde la cárcel a su hermana, y que fueron halladas en su
casa, probó que era su letra.
Ahora ese dato y todo el andamiaje probatorio de las causas abiertas
contra Beltrán quedaron superados por su propia admisión de los delitos, que ofició de puente hacia
una rápida sentencia.