Policiales

Acribillan una casa y hieren a una adolescente de cuatro tiros en villa La Cariñosa

Los balazos atravesaron un portón vidriado y dieron sobre Jaquelina, una piba de 16 años que junto a su padre acondicionaban el garaje de la casa para el cumpleaños de 15 de su hermana. 

Domingo 05 de Julio de 2015

El viernes a la tardecita una decena de balazos sacudieron la tensa paz en villa La Cariñosa. Una moto Honda Tornado se detuvo casi frente a un quiosco y la casa lindante, en Avellaneda al 4900 y un hombre joven desató su furia de plomo calibre 9 milímetros. Los balazos atravesaron un portón vidriado y dieron sobre Jaquelina, una piba de 16 años que junto a su padre acondicionaban el garaje de la casa para el cumpleaños de 15 de su hermana. Ella recibió cuatro impactos en sus piernas y brazos. Fue trasladada en el auto de un vecino hasta el hospital Roque Sáenz Peña y luego derivada al Clemente Alvarez donde quedó internada fuera de peligro.

   “Estábamos colocando unas luces para el cumpleaños. Yo estaba sobre la escalera y Jaquelina de frente al portón. Cuando escuché los disparos me tire de la escalera para proteger a mis hijas que estaban en la cocina. Esto no se puede más. No es la primera vez que me balean mi casa. Pero yo no tengo problemas con nadie. Lo que pasa es que el hijo de un vecino no anda en la buena y se ve que lo venían corriendo y él se metió en el pasillo que está al lado de mi casa. Los de la moto tiraron y siete balazos atravesaron el portón de mi casa y le pegaron a Jaquelina”, explicó Carlos, el papá de la piba herida.    

“Y no se quedaron conformes. Volvieron a tirar a la 1.30 y después hace un ratito, tipo 8 de la mañana pasaron y dispararon”, relató ayer el hombre.

Vida dura. Villa La Cariñosa es un triángulo limitado por bulevar Avellaneda, Uriburu y la colectora de avenida Circunvalación, en la zona sudoeste y al sur de la Vía Honda. Este asentamiento se ganó un espacio en los diarios por el histórico reclamo de viviendas de sus vecinos que se hicieron espacio en tierras que antes eran quintas y hasta la mismísima colectora a Circunvalación; algunas protestas de carreros y un puñado de hechos de sangre.

   Allí, sobre Avellaneda, unos 200 metros al sur de Uriburu, Carlos y su familia se instalaron hace más de 15 años. El hombre tiene 7 hijos de entre 6 y 22 años y vive en una vivienda de material que fue siendo construida por sectores. Carlos se gana la vida con el quiosquito y el cartoneo.

   El frente baleado de una vivienda suele indicar una señal oscura o un mensaje claro. Una escena que no es novedosa en La Cariñosa. Sin embargo la versión que da Carlos es racional. Y más cuando el hombre se anima a encabezar un tour de la balacera. El de Carlos no es el único frente que está baleado. A escasos 15 metros, sobre la misma vereda, hay otro quiosco con marcas de tiros. Esa es la casa de los padres del muchacho que sería el blanco escogido de los balazos que erraron su objetivo. “Fui a hablar con el padre del pibe. Le dije que se lo lleve. Porque cada vez que anda en la mala vienen y me balean la casa a mi”, comentó el vecino.

   De la charla con los vecinos se pudo reconstruir que el muchacho en cuestión entró en conflicto con un peso pesado proveniente de barrio El Mangrullo que tiene alta capacidad de fuego y un orgullo sensible. El viernes alrededor de las 19, mientras una mujer compraba en el quiosco de Carlos, una Tornado llegó al lugar y abrió fuego. Según relató el vecino, el blanco era el ingreso a un pasillo lindero a su casa. La boca del pasillo, tapado por un palé de madera, tiene unos 70 centímetros. La mayoría de los balazos fueron a dar sobre el portón de la casa de Carlos.

   Dentro de la vivienda el vecino y sus hijas, Jaquelina entre ellas, acondicionaban la cocina comedor —un ambiente de unos 3 metros por 10— para celebrar el cumpleaños de 15 de una de las muchachas. Sólo portón vidriado recibió siete impactos. Otro balazo se coló por la pared de ladrillos huecos. Cuatro plomos hirieron a Jaquelina, cuya foto de su cumple de 15 adorna una de las paredes de la casa.

   “Te dije que no te quedes en la vereda porque es peligroso”, le dijo Carlos a su hija, la cumpleañera, mientras despedía a un amigo en sobre calle Avellaneda. Luego saludó al cronista y siguió con su vida esperando que los de la Tornado no volvieran a tirarle a su joven vecino. Y que a su hija Jaquelina le dieran de alta.

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