Policiales

Absolvieron al acusado del crimen del repartidor por falta de prueba

Hugo Aranda fue desligado del homicidio de Darío Tirabassi, ocurrido en Saladillo en 2009. Lo condenaron por otro hecho: tener un arma ilegal. Fue el segundo juicio del nuevo sistema penal

Miércoles 08 de Junio de 2011

"A nadie escapa el sufrimiento de la familia de la víctima, la carga emocional que arrastra desde aquel día. Pero todo ello, los familiares podrán comprenderlo, no permite que se atribuya un ilícito a una persona si no se probó su culpabilidad". Con esas palabras, el presidente del tribunal que juzgó a Hugo Daniel Aranda dio paso al veredicto que cerró el segundo juicio oral tras la reforma penal en la provincia: el imputado fue absuelto por el crimen del repartidor Darío Tirabassi ante la falta de pruebas firmes y, en cambio, condenado a 3 años y nueve meses de prisión por la tenencia de un arma en su casa.

El juez Gustavo Salvador leyó con voz firme las veinte páginas del fallo unánime que firmó junto a sus colegas Carlos Carbone e Ismael Manfrín. Los magistrados absolvieron a Aranda, de 26 años, ante la falta de certeza para condenar. Esas dudas favorecieron al imputado, que escuchó la sentencia en su asiento y sin desviar la mirada del tribunal.

La decisión resultó ajustada a lo que se vio en el juicio: más que por convicción en su planteo de inocencia, Aranda zafó por debilidad de la prueba. Ese es un punto que la nueva modalidad de enjuiciamiento viene a desnudar. Ahora las falencias de la investigación policial quedan a la vista.

La prueba más fuerte en este caso era la declaración de una testigo, María Graciela P., que afirmó haber visto con detalle lo ocurrido. Pero a los jueces eso no les resultó creíble por las contradicciones que tuvo la mujer con lo que ella misma había dicho en sede policial y en Tribunales más de dos años atrás. "La credibilidad es trascendental en el juicio oral para convencer al tribunal", dijeron.

El otro elemento era el secuestro, en la casa de Aranda de 1º de Mayo y Mangrullo, de un revólver calibre 22 largo marca Brenta. Ese revólver no se pudo comparar con el proyectil del mismo calibre que se extrajo del cuerpo del repartidor porque la bala estaba muy deformada.

De modo que sólo quedó una coincidencia de diámetros: el arma secuestrada es del mismo calibre, "pero no se puede vincular con el hecho". En el lugar donde mataron a Tirabassi durante un asalto, en Hilarión de la Quintana y Castro Barros, quedó un proyectil intacto de ese calibre, cuya caída en la escena podría ser atribuida al defecto de funcionamiento del arma. Pero no existe una demostración concreta de que ese revólver se haya usado para dispararle al repartidor.

Aranda había dicho que esa semana estuvo pescando en la isla y algunos testigos propuestos por la defensa así lo afirmaron. El tribunal, sin embargo, no asumió su inocencia: planteó que la defensa integrada por Estrella Galán y Marcela De Luca no llegó a convencer "con certeza que fuera un pescador ni que estuviera en la isla". Sí hallaron dudas que favorecen al imputado.

Desde la segunda fila de asientos, con la cabeza gacha, el padre de Tirabassi escuchó el fallo con manos temblorosas. Los abogados querellantes que lo representan habían pedido prisión perpetua. Conscientes de que el veredicto pudo defraudar a los familiares, y acaso a una porción de la opinión pública que identifica justicia con castigo, los jueces dedicaron más de un párrafo a resaltar la entereza de la familia durante el juicio y el respeto que mostraron en las audiencias.

"Lamentablemente este juicio para ellos significó reactivar el dolor de la pérdida sin que se vayan a casa con la satisfacción de saber quien mató a la víctima y así empezar el verdadero duelo", plantearon los jueces, para realzar que el dolor de los seres queridos de Tirabassi en modo alguno resulta indiferente.

Pero aclararon que el procedimiento penal no puede condenar a inocentes. O, en todo caso, sólo puede dictar pena cuando lo avalen las pruebas:

Aranda llegó a juicio el miércoles de la semana pasada imputado en tres causas. La más grave fue el crimen de Tirabassi, ocurrido el 14 de octubre de 2009 al mediodía.

Ese día, el repartidor estacionó frente a una granja de Hilarión de la Quintana al 12 bis su furgón Ford 4000 y lo abordaron dos jóvenes en moto para robarle la recaudación. Le dispararon con un revólver calibre 22 y escaparon. La bala quedó en la cabeza de la víctima y tres días después le causó la muerte.

No alcanza. ¿Cómo llegó a Aranda la policía? Por llamados anónimos. Le imputaron ser quien acompañaba en la moto al autor del disparo. No había otros elementos hasta el hallazgo en su casa del revólver 22 que no pudo cotejarse con la bala homicida. A esto se sumó el relato de la principal testigo, que para el tribunal no fue convincente. La mujer dijo en la audiencia que el día del hecho estaba en casa de su hija y salieron a la calle a revisar los tapones por un corte de luz. Entonces, dijo, vio que dos jóvenes desde una moto Crypton azul abordaban al repartidor y escuchó que éste les respondía: "Qué les voy a dar si no tengo nada". Relató que el acompañante efectuó un disparo y escaparon.

Pero eso no es lo mismo que había declarado en la Brigada de Homicidios y en el juzgado de Instrucción Nº 3 cuando se presentó cinco días después del hecho. Sólo había dicho que "escuchó una detonación".

Para los jueces, que haya modificado su declaración hace que pierda credibilidad. "No se trata de juzgar al testigo sino de analizar su testimonio", aclararon. Así, un pilar en el reproche esgrimido por el fiscal Aníbal Vescovo se cayó y arrastró todo el planteo acusatorio.

Aranda también fue absuelto por el robo de 10 pesos a una nena que iba a comprar el pan el 28 de enero de 2006 porque la víctima, ahora de 15 años, fue imprecisa en sus recuerdos.

Los 3 años y 9 meses de condena que le impusieron son por la tenencia ilegal de un arma de guerra, una escopeta recortada calibre 16 que la policía halló en un allanamiento a su casa el 12 de abril de 2009, seis meses antes del homicidio de Tirabassi. Esa arma "estaba en su poder y por estar recortada es un arma de uso prohibido".

Se ve, se escucha, se siente

El fallo dejó algunas perlas para analizar el cambio en el sistema de enjuiciamiento en la provincia. Los jueces resaltaron los principios de "oralidad, publicidad, contradicción, concentración e inmediatez" que guiaron el trámite pero remarcaron qué les dejó el contacto cara a cara con imputado, familiares y testigos.

"Los familiares de la víctima reflejaron un respeto digno de mención pese a su lógica congoja -inadvertida para el público pero no para nosotros-. Miraban hacia el tribunal y las partes, fijamente", deslizaron en un tramo del fallo. También hicieron mención a la mirada persistente del acusado hacia el tribunal.

En otro punto, remarcaron que la credibilidad de los testigos es una pieza fundamental en los procesos orales. Y recomendaron a las partes estar atentas a sus debilidades y fortalezas a la hora de presentarlos ante el tribunal.

Otro párrafo en el que se coló el análisis de la nueva modalidad fue en relación a la incorporación por lectura que se hizo de la declaración policial de una testigo. Indicaron que si bien esto puede ser admitido para refrescar la memoria del testigo o para marcar contradicción, "el testimonio que vale es que se presta en la audiencia".

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