Policiales

A un año y medio de evadirse de Coronda atraparon al asesino de un sargento

El otro condenado por el brutal homicidio, identificado como Iván Eduardo Ríos y actualmente de 31 años, se evadió del penal de Piñero en 2012 y hasta el momento no pudo ser recapturado.

Domingo 31 de Enero de 2016

Cristian Martín Imperiale, un hombre de 39 años que se había fugado de la cárcel de Coronda en mayo de 2014, donde cumplía una condena a 15 años de prisión por el asesinato a balazos de un sargento en Villa Gobernador Gálvez, fue recapturado ayer en esa localidad y puesto tras las rejas nuevamente. El otro condenado por el brutal homicidio, identificado como Iván Eduardo Ríos y actualmente de 31 años, se evadió del penal de Piñero en 2012 y hasta el momento no pudo ser recapturado.

   Según fuentes de la Unidad Regional II, tras una serie de “tareas investigativas” se logró apresar a Imperiale en inmediaciones de La Ribera al 300, en la zona costera de Villa Gobernador Gálvez. En ese mismo lugar había sido detenido hace ocho años tras el homicidio de Montenegro. Y ayer ya estaba de nuevo en la cárcel a pedido del juzgado de Ejecución Penal.

Ejecución feroz. El 21 de marzo de 2007 a las 17.30 el sargento Marcelo Armando Montenegro, de 39 años y padre de cinco hijos, llegaba a su casa de Alvear al 1300, en el barrio Talleres de Villa Gobernador Gálvez, a bordo de su moto Guerrero Queen de 165 cc y en compañía de su esposa tras hacer unas compras en un supermercado cercano. El hombre vestía de civil ya que estaba gozando de sus vacaciones y mientras su esposa había ingresado a la vivienda con algunas de las bolsas de las compras, él fue emboscado por dos hombres que se movilizaban en una bicicleta.

   “Lo agarraron de atrás. El quedó inmovilizado y los tipos le tiraron sin que pudiera resistirse”, contó entonces la cuñada del sargento. Mientras que testigos e investigadores afirmaron que el asaltante “efectuó siete disparos”y al menos uno de ellos atravesó la cabeza del efectivo de atrás hacia adelante por lo que la víctima se desplomó malherida sobre la calle mientras los maleantes escapaban en la bicicleta en la que habían arribado y sin llevarse la moto.

   Un rato después un patrullero trasladó al policía al Hospital de Emergencias, desde donde más tarde fue derivado al Sanatorio Británico. Allí quedó internado en la sala de terapia intensiva, conectado a un respirador artificial con diagnóstico de muerte cerebral. Montenegro falleció horas más tarde debido a las heridas recibidas.

Alerta anónimo. Apenas conocido el deceso del policía, un llamado anónimo permitió la detención de los dos acusados del crimen. Fue durante una redada en la villa de Corrientes al 100, detrás del Frigorífico Swift y sobre las barrancas del Paraná. Los apresados fueron identificados como Cristian Martín Imperiale, entonces de 31 años y frondosos antecedentes penales; e Iván Eduardo Ríos, de 24 años, quien había salido de la cárcel de Coronda pocos meses antes tras cumplir una condena por robo.

   Lo que llamó la atención de los investigadores es que los asesinos huyeron en la bicicleta en la que habían arribado a la casa de Montenegro sin robarle la moto, lo que los llevó a suponer que no estaban ante un intento de robo sino frente a un posible crimen por venganza. “El móvil del robo no se compadece con la saña del hecho”, sostuvo un jefe de la Unidad Regional II en aquel momento.

   Además, una vecina que observó la escena declaró que “los maleantes no forcejearon con la víctima y le tiraron desde atrás, sin mediar palabra”. Otros testigos, a su vez, dijeron a la policía que al suboficial “le siguieron tirando cuando ya estaba en el piso” y la autopsia determinó que tres proyectiles perforaron el cráneo de la víctima.

   Al momento de ser apresados por agentes del Comando Radioeléctrico, los maleantes se deshicieron de un revólver calibre 22 que fue recuperado y peritado por Gendarmería Nacional con “siete cartuchos percutados”. La ropa que vestían coincidía con la descripción que dieron los testigos del ataque a Montenegro y también les secuestraron una bicicleta del mismo color que la usada por los agresores.

En Tribunales. En noviembre de 2008 los dos acusados fueron condenados a 15 años de prisión por el juez de Sentencia Julio Kesuani quien los encontró culpables del delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y el posterior robo calificado de una moto Garelli a un cobrador al que asaltaron mientras huían de la escena del crimen. Ríos, entonces,registraba una condena previa de 8 años de prisión dictada en noviembre de 2002, por lo que entonces se fijo que cumpla una pena unificada de 22 años y 8 meses de cárcel.

   La sentencia fue apelada por la defensa de ambos maleantes y en junio de 2009 la Sala IV de la Cámara Penal rosarina (integrada por Rubén Darío Jukic, Ramón Ríos y Atilio Pangia) confirmó las condenas de 15 años de cárcel para Imperiale y de 22 años para Ríos aunque “no se pudo establecer el móvil del homicidio, lo que no resulta determinante”, según afirmaron los magistrados.

   En ese sentido, los jueces evaluaron que “no resulta descabellada” la posibilidad de que los atacantes hayan intentado robarle la moto al efectivo porque minutos después le sustrajeron el rodado a un cobrador a diez cuadras de la casa del policía. Pero también que “no resulta desechable” que el homicidio tuviera relación con procedimientos policiales en los que estuvieron implicados los condenados y en los que intervino Montenegro. Tras la confirmación de las penas Ríos fue a la cárcel de Piñero e Imperiale a Coronda.

Demasiada confianza. El 19 de noviembre de 2012 Ríos ya había “alcanzado la fase de confianza en la ejecución de su pena” en Piñero por lo que gozaba de salidas transitorias y un trabajo en la cocina del penal, un área dentro del perímetro de la cárcel, pero no en la zona de máxima seguridad.

   Así fue que aquel día, a las 10.30 de la mañana y mientras el personal preparaba la comida, el interno aprovechó que el empleado de custodia fue al baño para emprender una veloz carrera, trepar un tejido bajo y ganar la calle donde lo esperaba un auto en el que se escabulló. Desde entonces se desconoce su paradero.

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