"A Bruno lo mataron cuando iba en un auto ajeno por una calle en la que no andaba nunca"
Los padres del remisero Bruno Grosso, asesinado el 24 de agosto en Fisherton Industrial, piden que se aclare el caso. "En el celular tal vez esté quién lo citó en ese lugar", plantean

Lunes 04 de Septiembre de 2023

Bruno Grosso tenía 28 años y vivió gran parte de su vida en la casa sus padres en la zona oeste. Tuvo una hija, muchos amigos, varios trabajos y una historia que terminó el jueves 24 de agosto cuando estaba al volante de un remís y lo mataron a tiros desde una moto. El hecho sucedió de una manera incomprensible para Alejandro, padre de Bruno, y María, su madre, quienes no conocen más que el trabajo y la pelea por el día a día: “El salió esa tarde y me dijo que volvía a cenar. Trabajaba como remisero y ese día condujo otro auto, que no era el que tenía siempre. Lo mataron en calle Colombia, él nunca andaba por ahí. En el celular tal vez esté quién lo citó en ese lugar”, contó Alejandro, para quien el crimen de su hijo “no fue por robo, del auto no faltaba nada. El era un trabajador, nunca anduvo en nada raro”.

Un trama poco clara de amistades y traiciones asoma detrás del homicidio. Ocurrió a las 19.50 de aquel jueves cuando Bruno Grosso llegó a Colombia al 400 bis, en el barrio Fisherton Industrial, muy lejos de su casa. A los vecinos no les asombró que Bruno, al mando de un Renault Clio negro, mirara su celular de manera insistente y luego hablara teléfono por unos segundos. Lo que sí los dejó en vilo fue que dos ocupantes de una moto negra se acercaran y le dispararan a mansalva. El sonido de los disparos fue una ráfaga similar a la de una metralleta, contaron en esa cuadra. Los asesinos escaparon. Bruno murió en el asiento con el celular en la mano y las ventanillas cerradas.

La noticia del crimen de Bruno fue transmitida casi en directo por televisión. El padre del remisero llegó a Colombia y Esquiú a las 20.10 y las cámaras mostraron el momento en que la policía le informaba que su hijo estaba muerto dentro del auto. “Estaba en casa con Mari y me llamó un amigo de mi hijo para decirme que lo habían asaltado. Me fui como estaba para el lugar, a ella no la dejé ir. Cuando llegué vi el auto. No sabía ni donde estaba yo, era como si me hubiera partido un rayo”, dijo Alejandro en una entrevista con La Capital. El hombre pasó los 50 y es camionero. La familia tiene un segundo ingreso: atiende una pollería de barrio.

A esa hora María, madre de Bruno, miraba televisión: “En el noticiero de Canal 3 lo vi. Me pareció que era Ale el que estaba ahí. Casi me desmayé cuando vi el auto y a mi marido agarrándose la cabeza. No lo podía creer”. La mujer contó que minutos después todo el barrio fue a la casa: “Tampoco podían creerlo”.

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Bruno tuvo varios trabajos y vivió en zona oeste desde siempre. Hizo la primaria y la secundaria en escuelas del barrio. Estuvo en pareja y era padre de una niña de 2 años. A veces se quedaba en la casa de sus padres y otras estaba con su pareja. “Se amaban pero no vivían juntos. Criaban a su hija entre los dos”, contó la madre de Bruno.

“Era un chico juguetón y muy compañero. Por ahí llamaba antes de volver a casa y me decía «Gorda, hacete unas fideos» y ya comíamos en casa. Cada vez que salía me daba una palmadita y un beso. «Vuelvo en un rato, Gorda»; me decía. Su hija lo es todo para nosotros”, relató María.

El último trabajo de Bruno fue como chofer de remises no habilitados en una empresa que administraba otra persona. Un amigo lo había contactado con el dueño. El manejaba habitualmente un Volkswagen Gol gris, pero la mañana de ese jueves el auto de Bruno se descompuso. Su compañero de trabajo, amigo de siempre y padrino de su hija, le prestó el auto en el que él trabaja. El Renault Clio en el que mataron a Bruno.

“Yo no sé que pasó —reflexionó Alejandro—. Le resolución la voy a dejar en manos de la Justicia. El fiscal me dijo que investigan varias puntas. Lo que puedo decir es que mi hijo no andaba en nada”. Cuando ocurrió el crimen, sin embargo, trascendió que el muchacho tenía una causa penal por estar junto a otra persona en un auto robado. Un Audi A3 en el que lo habían detenido el 7 de junio pasado.

—¿Qué sucedió ese día y por qué él estaba en ese auto?

—Eso causó mucha confusión, pero fue así: Bruno trabajaba con un amigo y juntos hacían conexiones de electricidad. Ese día el amigo apareció con el Audi y fueron a trabajar a una casa por avenida Pellegrini. Cuando terminan el trabajo salen a la calle y estaba la policía en el auto, así cayeron presos. El auto era robado y el dueño original del Audi pasó por el lugar, lo reconoció y llamó a la policía. Bruno estuvo seis horas preso. Los muchachos tenían hasta los papeles del auto, era imposible saber que era robado. El amigo nos contó que un cliente le había dado el vehículo para que se movieran y que él no sabía que era robado. Bruno menos. La cosa es que de la persona que les había dado el auto nunca se supo nada. El amigo de Bruno nunca nos dijo nada más sobre ese tema.

Al tiempo de ese incidente Bruno dejó de trabajar en el rubro eléctrico y cambió de oficio. Su amigo, el que aquel día manejaba el auto robado, lo acompañó en la decisión. Los dos empezaron a manejar remises. A su amigo le tocó el Renault Clio y a Bruno el Volkswagen Gol.

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“El amigo, su compadre, fue el mismo que llamó a Alejandro para decirle que a mi hijo lo habían asaltado, pero al velorio de Brunito este muchacho no fue. Le perdimos el rastro”, contó dolida María. “No llamó más. La Fiscalía lo citó y tampoco fue a la entrevista. No sabemos dónde está y él por ahí sabe algo de por qué mataron a Bruno”, añadió con cierta esperanza de aclarar el trasfondo. Las dudas de la familia son muchas: “¿Cómo se enteró el amigo de Bruno de lo que pasó antes que la policía? ¿Ese muchacho estaba con Bruno o alguien le avisó a él? ¿Por qué le dio su auto a Bruno, acaso él estaba amenazado?”, enumeran.

En la zona de Colombia al 400 bis los vecinos que presenciaron el crimen coincidieron en que la víctima fue emboscada por los sicarios. “El auto frenó ahí y los de la moto lo estaban esperando acá a la vuelta. Agarraron por Colombia y lo mataron”, dijo un vecino. La escena del hecho quedó señalada por círculos de tiza donde cayeron las vainas servidas y por un charco de sangre enorme que quedó en el lugar cuando los peritos bajaron a la víctima del auto para los primeros análisis.

Los policías levantaron de la escena once vainas servidas calibre 9 milímetros. “Como hay fábricas y no hay cámaras lo entregaron acá. Apareció la moto y le tiró una ráfaga”, contó otro vecino que puso el acento en el perfil de Fisherton Industrial.

En el barrio donde mataron a Grosso hubo varios homicidios ligados a bandas narco este año. El primero fue el de Jorge Damián "Porteño" Camargo, de 31 años, asesinado el 18 de abril en la puerta de una casa de Einstein al 7200, a 400 metros de donde mataron a Bruno Grosso. "Porteño" estaba junto a Daiana, su pareja, mientras arreglaba una bicicleta cuando fue sorprendido por un sicario que lo mató a balazos. Luego del crimen de Camargo, Becerra entregó a la Justicia el celular de su pareja, del cual se desprendió información que comprometió a los antiguos laderos del Porteño, luego fueron imputados como parte de una asociación ilícita.

El 10 de julio la misma Daiana Becerra, de 30 años, fue asesinada. Aquella noche la mujer tomó un remís en Gandhi al 7000 y al llegar a destino, en Rueda al 3900, se bajó del auto y cuando apenas ingresaba a un pasillo fue asesinada a balazos. La joven había subido al remís para dejar un sobre en esa vivienda. Los investigadores tienen en cuenta que en ese lugar hay un punto de venta de drogas que administra Leandro "Pollo" Vinardi, un hombre también ligado a Los Monos pero enfrentado en una suerte de interna con los presos de la cárcel federal de Rawson Leandro "Gordo" Vilches, Pablo Nicolás Camino y Rodolfo Massini.

En medio de esos dos crímenes, en la misma cuadra de Einstein al 7200 donde mataron al Porteño, el 3 de mayo fue asesinada Micaela Soledad Gómez, de 28 años, quien era conocida de Daiana y a quien mataron por error, en una venganza dirigida a una amiga que la acompañaba. Por ese homicidio fue detenido e imputado Osmar Agustín "Hormiga" B., una persona vinculada a Camargo y al grupo criminal de Vilches, un recluso condenado como parte de la banda Los Monos y recientemente imputado como cabeza de una asociación ilícita que se hace llamar "La Mafilia".

En ese clima, la familia Grosso espera respuestas. El fiscal que tomó la causa, Adrián Spelta, apuntó a varias líneas de investigación sin descartar que el ataque posiblemente fuera para otra persona, enmarcado en el contexto de violencia de la zona.