Un ciudadano peruano no pudo volver a su país y vive solo en un hotel rosarino
El dueño del establecimiento le entregó las llaves. Solo sale para comprar comida y pasa todo el día en el edificio debido al coronavirus.

Lunes 06 de Abril de 2020

"Varado en el hotel Viena". Aunque podría tratarse del título de una película, la situación de un ciudadano peruano en Rosario está lejos de ser la invención de un guionista: el hombre vino a la ciudad, se alojó en el mismo hotel donde para siempre desde hace años y el vendaval del coronavirus lo dejó atrapado allí. Aunque el lugar está cerrado, el dueño le dejó las llaves, vive solo y apenas sale para comprar comida en las rotiserías de la zona.

Se trata de un señor que ronda los 75 años, es jubilado, proviene de la ciudad de Iquitos y viene a Rosario casi todos los años. "Siempre me cuenta que visita a amigos que hizo en una época en la que estudió en Rosario", cuenta Omar, el dueño del hotel. Hace tanto que el peruano se aloja en su establecimiento que ya casi son amigos.

El hombre llegó a Rosario en febrero y tiene pasaje para regresar a Perú en abril. Sin embargo, hoy no sabe cuándo podrá hacerlo y vive inmerso en una enorme incertidumbre. "Se cuida mucho, habla con sus familiares y yo vengo a hacerle un rato de compañía todas las mañanas, pero su situación es triste porque no tiene idea cuándo podrá volver a su país", añade Omar.

Ya antes de que viniera ambos habían conversado, porque si bien en ese momento todavía no había pandemia parecía evidente que la situación podía complicarse. El rosarino le comentó a su pasajero por teléfono que tal vez no le convenía venir, pero el hombre ya tenía comprados los tickets de avión de ida y vuelta y se mantuvo firme en sus planes.

El tiene las llaves y puede entrar y salir cuando quiera, siempre y cuando cumpla con las disposiciones oficiales y se cuide"

Cuenta Omar que es una persona locuaz, de buen trato, amable. "Pregunta por mi familia y me cuenta de la suya", dice. Más allá de eso, y de que trata de mantener el buen humor, tiene algunas dificultades: una de ellas es que no usa teléfono celular y sólo permanece conectado con su familia en Iquitos a través de un teléfono fijo. La otra es que el hotel no tiene gas desde noviembre y eso supone una dificultad extra para su vida cotidiana.

La tercera es que el restaurante del hotel también permanece cerrado por la cuarentena, lo que lo obliga a salir todos los días a comprar comida. "Pero el tiene las llaves y puede entrar y salir cuando quiera, siempre y cuando cumpla con las disposiciones oficiales y se cuide", dice Omar.