Domingo 12 de Abril de 2020
"Estoy pintando en el último muro antes de irme a Perú la semana que viene. Tengo una mezcla de emociones, viajando por allá hace años soñé con pintar por el mundo y hoy vuelvo para dejar mi huella en esas tierras tan sagradas". Cuando el 26 de febrero Aymará Lucía Sosa posteó ese mensaje junto a una foto en su cuenta de Instagram (@enlovarte) lejos estaba de imaginarse que semanas después terminaría varada en un hostel de Cusco, en donde cumple con la cuarentena obligatoria por la pandemia del Covid-19 y a la espera de un vuelo que le permita regresar a Rosario.
Aymará arribó a Lima el 3 de marzo. Unos días antes había llegado la muralista rosarina Camila Guerra (@chinadelrio). Ambas viajaron de Rosario a la capital peruana para participar en el festival de muralismo de mujeres " Nosotras estamos en la calle". Como estaban en Perú, decidieron quedarse unos días más y a mediados de mes se trasladaron a Cusco. Al llegar empezaron a buscar paredes para plasmar su arte y dejar su huella. Pero dos días después el Estado peruano decretó el cierre de las fronteras áreas y terrestres. Pensaron regresar a Lima, ya que tenían vuelo de retorno al país para fines de marzo, pero fue imposible. Los micros tampoco podían salir o entrar de Cusco. "Parecía que iba a ser más ágil todo, pero cancelaron los vuelos y no tuvimos respuesta ni para volver a reprogramar porque aún no se sabe cuándo van a reabrir la frontera", cuenta Aymará a La Capital, mientras transita la cuarentena en un hostel de Cusco, ciudad en la que estima que hay unos 150 argentinos, de los cuáles entre diez y quince son rosarinos que quedaron varados.
"En Cusco —dice— éramos como 500 personas. Lo cierto es que sí estuvieron trabajando y se estuvieron llevando gente. Pero tal vez por nuestra edad y el estar bien de salud no hizo que entremos en los primeros vuelos. Igual tenemos el bolsito listo, que ya armamos y desarmamos cuatro veces”. Esta semana recibieron una comunicación oficial donde les indicaron que tal vez en 15 días puedan regresar. “Estamos bien, aunque se nos está terminando la plata, porque una se viene con una determinada cantidad de plata y se acaban los recursos”, agrega. Ya van 27 días que están en cuarentena en la cuna del imperio inca.
Los controles en Cusco son muy estrictos. A modo de ejemplo, recuerda el día que quisieron llevarla a la comisaría por sacar a pasear a la vereda al perro del hostel. También menciona algunas situaciones desagradables con vecinos de la zona, que pedían a gritos que se lleven a los turistas. “Tal vez se piensan que nosotros trajimos el coronavirus, pero nosotros estamos encerrados en el país y ninguno optando por estar acá, sino que no nos queda otra que esperar”, reflexiona.
El 22 de marzo Aymará cumplió 28 años. En su cuenta de Instagram subió una foto suya y un mensaje, que en un párrafo dice: “Desde la cuarentena en Cusco veo todo mágico, gracias a los seres que me acompañan en el camino y me nutren y me dan la fuerza y el amor para que sea también quien soy”.
“Cumplí años en cuarentena, porque me regalé festejar mi cumpleaños en Perú. Vine cuando era más chica de mochilera y acá empecé a flashear con los murales. Cuando volví a la Argentina empecé a pintar en las paredes. Entonces venir acá era dar la vuelta a ese sueño: soñé acá ser muralista y regresé siéndolo”, cuenta la joven artista.
A la espera de un vuelo que le permita regresar a Rosario, Aymará pasa sus días junto a Camila pintando muebles y paredes del hostel donde se encuentra. Para pasar el rato, descargar la ansiedad y también gastar un poco la gran cantidad de pinturas que llevan a cuestas: “Estábamos con mucha paciencia, pero tuvimos que empezar a visibilizarnos. Esperamos volver a casa pronto y estar cerca de nuestras familias”.