Jueves 26 de Noviembre de 2020
En un año en el que la investigación científica tuvo más protagonismo que nunca en la escena nacional, el titular de la cartera de Ciencia y Tecnología reflexionó sobre la coyuntura pandémica y las posibilidades de contar con una vacuna segura y eficaz. El diálogo con La Capital, el ministro Roberto Salvarezza ponderó el rol de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) en materia de protección de la ciudadanía y se lamentó sobre el accionar de ciertos sectores políticos que irresponsablemente accionan en desmedro de la seguridad de la población.
A modo de balance del 2020, Salvarezza destacó como muy positivos los aprendizajes que la pandemia trajo a la comunidad científica nacional y avanzó en proyecciones para el 2021. El ministro explicó que desde el inicio de su gestión se trabajó en reforzar un sistema científico que venía muy golpeado después de cuatro años de desfinanciamiento y pérdida de recursos humanos. Y señaló con satisfacción: “Tengo que decir que recuperamos las becas del Conicet en un 50%, duplicamos los ingresos de técnicos e investigadores a la carrera y aumentamos los subsidios de investigación”.
Con la irrupción de la pandemia se creó la Unidad Coronavirus con el objetivo de atender la situación de emergencia sanitaria. Salvarezza indicó que su cartera salió a financiar investigaciones y aportó más de 700 millones de pesos en distintos tipos de proyectos. “Hoy tenemos 200 en ejecución, todos destinados a resolver los problemas vinculados a la pandemia y a ofrecer herramientas. Rosario sabe de esto porque ha sido un centro de desarrollo, muy activo en el tema diagnóstico”, indicó.
El ministro enumeró los logros de científicos e investigadores: “Actualmente hay kits de diagnósticos de genomas de virus desarrollados en el país, de los cuales se han fabricado ya un millón de unidades. Test de detección de anticuerpos, desarrollo de PCR en la UNR para citar una referencia local. Desarrollos en el área de fármacos, como el suero equino hiperinmune, desarrollo de respiradores (que también trabajó la UNR), elementos de protección médica, como los barbijos creados por investigadores del Conicet en alianza con empresas de base tecnológica”.
-¿Se puede afirmar que la ciencia argentina ha estado muy a la altura de las circunstancias?
- Creo que sorprendentemente ha hecho más de lo que uno podría esperar, porque hasta la plataforma cuidar que la gente tiene en los celulares fue desarrollada por investigadores del Conicet. Además de todo el espectro de herramientas informáticas, fármacos, elementos de protección y de diagnósticos, hay que sumarle la valiosa contribución de las ciencias sociales. Por eso creo que ha habido una respuesta en algunos casos hasta mas potente de lo que esperábamos. También hay que destacar un aprendizaje muy valioso que tuvo lugar: y es que para pasar de un prototipo de laboratorio, a producir y llegar a los ministerios de salud provinciales y hospitales, hubo que asociarse con empresas de base tecnológica, esto es, con el sector productivo local. La generación de ese modelo público-privado para hacer posible la producción fue un gran avance.
-Se ha avanzado además en aprendizajes positivos para el sector.
- Sin dudas, creo que hemos aprendido mucho en ese sentido. Muchas veces se discutió si la ciencia nacional estaba aislada de la realidad de los argentinos, con la pandemia se vio que no. Y además, se vio que cuando hay una necesidad, objetivos, decisión y financiamiento, se pueden hacer cosas muy importantes. Ahora estamos saliendo con la unidad Ciencia contra el Hambre, también con un esquema similar para atender la otra emergencia paralela, que es la pobreza.
-La pandemia ha modificado planes y presupuestos, en la medida que el estado ha tenido que dar respuestas a situaciones más urgentes. ¿Cuál es la situación actual del Conicet, presupuestariamente hablando?
- Respecto del Conicet creo que se cumplieron ampliamente los objetivos. Se incorporaron el doble de investigadores respecto al 2019, se aumentaron las becas en un 50%. Si bien todavía hay un atraso salarial importante, en el caso del número de becas se logró recuperar gran parte de lo perdido. Estamos hablando de haber perdido en ciencia, en los últimos 4 años correspondientes a la administración anterior, mil millones de dólares. Los cargos de investigador y técnico se duplicaron. Este año incorporamos 1100 cargos y el año que viene replicaremos este numero, contra 600 que daba la administración anterior. También se pusieron en concurso los Proyectos de Investigación Plurianuales que habían sido suprimidos, y para el 2021 el sistema de ciencia tiene un presupuesto que es altamente positivo.
-¿La pandemia no obligó a resignar áreas de investigación en favor de otras?
- No ninguna, no se suspendió ningún subsidio. Lo único que sucedió es que hubo restricciones en la apertura de los institutos por las condiciones del aislamiento y luego de distanciamiento. Lo que hizo que los institutos reabran con cuidado, porque además, no dependen de una autoridad central. El Conicet está inserto en diferentes territorios del país donde hay realidades epidemiológicas distintas.
-¿Entonces confirma que las restricciones no fueron presupuestarias?
- De ninguna manera. Este año vamos a terminar con un presupuesto para el Conicet que se recupera respecto al otorgado durante el 2019. La función ciencia y técnica del presupuesto nacional (que incluye el Conicet, el INTI, el INTA, la Comisión de Energía Atómica, las áreas de ciencias de las universidades, etcétera), representaba en el 2019 el 0,24 del PBI. Para fin de este 2020 lo que vamos a ejecutar es el 0,26 del PBI, y para el 2021 está planeado alcanzar un 0,27 o 0,28. Hay que tener en cuenta que en el año 2015 se destinaba un 0,35 porciento del PBI a ciencia y técnica, ahora hay que recuperar todo eso. Aún en medio de una pandemia, para el año 2021 el ministerio incrementará un 50% el presupuesto nominal. La Comisión Nacional de Actividades Espaciales aumentará en un 200% su presupuesto, y el Banco Nacional de Datos Genéticos lo hará en un 300%. Esto es así porque hay una decisión del gobierno nacional de invertir en ciencia.
-Si bien la pandemia se politizó en todo el mundo (con la grieta pro cuarentenas/anticuarentenas), la politización también se expresó en el país respecto a las vacunas. Hay campañas mediáticas que generan dudas sobre algunas de ellas, como la rusa. ¿Qué reflexión le merece esta situación?
- Me parece que es una situación no deseable, porque lo que debemos lograr es que la mayoría de los ciudadanos estén protegidos, independientemente de la ideología de cada uno, y la vacuna es una herramienta fundamental de protección. Hoy en día las vacunas que están en juego y que probablemente puedan llegar al país (hablo de la vacuna de Pfizer, de la rusa y la de Oxford), todas tienen resultados alentadores en la fase tres. Politizar la vacuna es una situación que preocupa, sobre todo cuando hay un sector político que se monta sobre esa situación. Es irresponsable promover el “no te vacunes”, en este momento es peligroso. La nuestra es una población con toda una tradición en aceptar la vacunación como una estrategia para estar protegido. Por eso traer dudas lo que hace es generar miedos en algunas personas, y eso no es para nada deseable.
-¿Tiene registros de este debate en otras partes del mundo?
- Hay un ejemplo que es contundente. Israel (que no vamos a discutir cual es el sesgo ideológico de su gobierno) va a comprar la vacuna rusa. En ningún país la ideología se está metiendo en el medio. Sí hubo dudas con la vacuna rusa cuando no estaban publicados los resultados de la fase 1 y 2, pero esto se disipó en el mes de setiembre, en la publicación de una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo. El laboratorio cumplió con la difusión de datos y las sometió a pares. También hay un tema de segundo orden, que ya no es ideológico sino de competencia. Todos los laboratorios quieren vender su producto y difunden datos sobre como avanza su vacuna. Hay inversiones millonarias para el desarrollo de una vacuna que obviamente tratan de ser recuperadas. Este tema ideológico lo veo más instalado en la Argentina que en cualquier otro lado. Nadie va a dejar aplicar una vacuna que no sea segura, tanto la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) de los Estados Unidos, como el organismo regulatorio de la Unión Europea, como la ANMAT en la Argentina, van a aprobar una vacuna solo si tienen todos los datos de que sea segura (es decir que no traiga efectos adversos importantes) y eficaz.
-¿Cree que la vacuna debería ser obligatoria u optativa en su aplicación?
- Creo que la aplicación de la vacuna debería ser optativa, pero que se debe ofrecer una muy buena campaña de difusión para que la mayoría de los ciudadanos opten por la vacunación. Creemos que la mayor cantidad de población debe estar protegida, por uno mismo y por por lo demás.
-Hoy en la agenda política nacional comienza a estar presente el tema medioambiental. ¿Cree que la pandemia logró meter de prepo un tema que por años fue marginal?
- Si, igual creo que ya había entrado en la política. El 2019 fue un año marcado por grandes movimientos internacionales de jóvenes en favor del medioambiente. Hubo una instalación del tema y una preocupación. Nuestro país tienen un compromiso con los Acuerdos de París, por eso se están implementando acciones para que Argentina pueda cumplir con la meta propuesta de reducción en la emisión de gases. Pero es verdad, que la política siempre responde después que avanza la conciencia social de un cambio.
-En estos días surgió la noticia de una iniciativa de trabajo conjunto entre su cartera y los ministerios de Ambiente y Agricultura, en la creación de un "Inventario para la Producción Sustentable" que mediría el uso de agroquímicos. ¿De que se trata esta iniciativa?
- Si, nosotros creemos que Argentina tiene que estar pensando en un uso racional de los agroquímicos que en muchos casos se plantean como excesivos. En las universidades de todas las regiones del país hay grupos muy activos de científico y técnicos que están trabajando sobre la detección de este tipo de compuestos químicos, y lo bueno sería fijar protocolos. A partir de la creación de un inventario uno puede plantearse un horizonte, para que también el productor argentino pueda entrar en mercados que son mas exigentes en cuanto al nivel de agroquímicos permitidos, por ejemplo, en la Unión Europea. Este trabajo permitiría contar con un horizonte de racionalidad en cuanto al uso, abrir las puertas de otros mercados, y empezar a trabajar bajo los principios de la agroecología.
Respecto a las cuestiones de control y sanción que deben implementarse en el caso de ser necesario, no son competencia de nuestro ministerio. Nosotros propendemos a ofrecer herramientas tecnológicas, datos concretos que faciliten la aplicación de políticas públicas. Nos gustaría construir un mapa que mida la situación real del uso de los agroquímicos en aguas, en suelo, en lluvia, y esos datos ofrecérselos a las autoridades de aplicación que son las que tienen el poder y la competencia para intervenir. Nadie puede estar de acuerdo con el uso de agroquímicos en áreas urbanas o en cercanías a escuelas, esto no debería estar permitido. Además, hay que trabajar en una transición hacia las energías renovables y hacia una agricultura mas sustentable.