Domingo 10 de Mayo de 2020
Cientos de comercios minoristas de casi todos los rubros reabrieron ayer sus puertas al público después de 50 días en Mar del Plata. La ciudad —que hace 18 días no registra ningún caso nuevo de coronavirus— puso en marcha una “prueba piloto” que continuará hoy. Las principales zonas comerciales fueron además peatonalizadas por decisión del gobierno municipal.
“Es, al fin, ver la luz al final del túnel”, expresó María de los Angeles Liberati en su local de la calle Güemes, uno de los centros comerciales a cielo abierto más convocantes.
En la puerta de cada comercio se dispuso de un trapo mojado con lavandina para limpiarse los pies. Un paso más adelante, alcohol en gel para las manos. Barbijo para todos, tanto comerciante como cliente, buena distancia entre uno y otro y, en la medida de las posibilidades, pago electrónico.
La receta se aplicó por disposición del gobierno local para reactivar la economía y evaluar el comportamiento de la comunidad en vías de encontrar una salida de la cuarentena prolija y sin efectos colaterales.
La primera impresión en el examen, con casi 80% de sus comercios abiertos, fue la de un uso responsable, con más gente en las calles pero sin aglomeraciones. Se vio más decisión de compra que de paseo. Ropa y calzado, al tope de lo más buscado en este cambio de aire luego de casi un bimestre de aislamiento obligatorio.
La peatonal San Martín, el paseo de compras histórico de la ciudad, pudo levantar casi todas las persianas. En las calles Güemes y San Juan, otros dos tradicionales circuitos comerciales, se optó por cortar el tránsito vehicular. Los shoppings y galerías permanecieron cerradas.
Lucas Morales, al frente de barbería BPM, celebró un sábado con turnos agotados. Los tres peluqueros cortaron en simultáneo en el amplio local de calle Güemes. “Vivimos 52 días sin hacer un solo corte, es muy difícil sostener los costos”, dijo al diario La Nación. El espacio también tiene venta de discos y cafetería, esta última cerrada incluso para los propios clientes.
Es que la gastronomía sigue vedada, al menos para sentarse en un local o mesas en la vía pública. El rubro funcionó desde el 20 de marzo con modalidad delivery y desde hace dos días también con take away, que es la posibilidad de comprar y retirar en barra o puerta. “Es una bocanada de aire en medio de tanta asfixia”, reconoció el encargado de un local de ropa para hombres, si bien las ventas no fueron tan importantes.