Pandemia

Los chicos y el encierro: "Es crucial preguntarles a nuestros hijos sobre sus sentimientos"

El psicoterapeuta Lucas Raspall habla sobre cómo abordar las emociones, que muchas veces desbordan a los adultos. La importancia de la cercanía afectiva con niños y adolescentes

Lunes 21 de Septiembre de 2020

¿Cuáles son los efectos directos e indirectos de la pandemia en la crianza de los hijos? ¿Cómo establecer ciertos límites sin desbordarnos? ¿Sirve dar órdenes? ¿Qué aportan las penitencias y los castigos para tratar de mantener cierto orden en esta nueva realidad? ¿Cómo evitar que los niños y adolescentes se queden horas pegados a la computadora o el celular? De estos y muchos otros temas habla el subsecretario de Desarrollo Humano de la Municipalidad de Rosario, el psiquiatra, psicoterapeuta, escritor y conferencista Lucas Raspall.Se trata de cuestiones sensibles que tocan de cerca a muchos ciudadanos que están viviendo junto a sus hijos las distintas etapas de aislamiento y distanciamiento.

De aquellas primeras semanas en las que el movimiento puertas afuera era casi inexistente se pasó a una apertura progresiva que trajo otros desafíos porque ni siquiera en ese momento la vida volvió a ser "normal". Los niños, niñas y adolescentes no retomaron sus actividades habituales. Transitan "la escuela" desde su casa con mayor o menor posibilidad de acceso de acuerdo a los recursos socioeconómicos de la familia o la zona en la que habitan, pocos pudieron volver al club o a las clases de música o danza (y eso fue por un tiempo), la mayoría perdió el contacto presencial habitual con sus amigos y compañeros y en muchos casos vieron poco o nada a sus abuelos, primos o tíos. En el medio de esta tormenta, que se pone más intensa con el aumento de contagios en Rosario, los adultos enfrentan diversas dificultades y deben someterse a una importante sobrecarga de cosas para cumplir con sus tareas laborales (ya sea que se trasladen o que hagan teletrabajo), muchos perdieron sus empleos en relación de dependencia o tuvieron que bajar las persianas de sus negocios, otros cambiaron de rubro en busca de un poco de alivio económico. Los vínculos familiares se trastocaron.

Inestabilidad emocional: "Sí, estamos más inestables. Al menos yo lo estoy y entiendo que la gran mayoría de nosotros lo está porque no hay otra manera en una crisis con este nivel de incertidumbre. Por eso estamos por momentos abajo, por momentos arriba, por momentos optimistas, por momentos pesimistas, por momentos tranquilos y agradecidos de poder compartir más tiempo con nuestros hijos y después estamos saturados y queremos escapar hasta por la ventana. Es un buen punto de partida pensar cómo estamos nosotros si queremos pensar cómo están los niños y las niñas en casa. Una pregunta que tenemos que hacernos es justamente cómo estamos, porque si los adultos no estamos bien (lo ponto en términos muy amplios) es difícil que podamos tener una mirada sensible hacia nuestros hijos. Si hacemos de cuenta que nada ocurre vamos a terminar descargándonos sobre ellos. Mi intención es dejar preguntas. Y eso es como un motor que se pone a andar porque cuando nuestra cabeza tiene preguntas que nos tocan el corazón se pone bastante inquieta hasta encontrar respuestas".

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¿Escuchamos a los chicos? "Ellos todo el tiempo se están expresando y lo hacen de una manera o de otra. Uno podría pensar, en este ejercicio que propongo, que un niño o niña va a hablar primero con nosotros queriendo expresar un estado de ánimo o una situación. Pero si por esa vía no encuentra en nosotros ese interlocutor que está buscando, probablemente vaya hacia otras vías para expresarse, entonces empiezan a ponerse más demandantes. Pensemos que en general detrás de un hijo o hija que se encuentra muy demandante suele haber padres sobrepasados. Están más cargosos (en términos de padres), más necesitados (en términos de hijo). Puede ser que nosotros no estamos dando con la respuesta, la expectativa o la necesidad que hay del otro lado. Por eso primero la pregunta es si los estamos escuchando. Si no lo hacemos ahí nacen las demandas, pueden aparecer los berrinches, la irritabilidad, puede que en algún punto cambie su conducta o actitud y a los adultos se nos hace cada vez más difícil comprender lo que necesitan, y se va generando más resistencia. Cada vez nos necesitan más, cada vez nos encuentran más lejos. Es preciso preguntarles cómo están sobrellevando esta pandemia, esta situación. Muchos lo hicimos al principio pero no volvimos a preguntarles y a escucharlos".

Las pantallas a full. "Otra vez es necesaria la pregunta: ¿pensaron si los chicos están pasando mucho más tiempo on line y en ese caso qué cosas podemos hacer nosotros para que no estén tanto tiempo conectados a la pantalla? Si no, nos quedamos con la queja lanzada "al universo" pero no vamos a obtener desde allí ninguna respuesta. Es bueno saber que nosotros tenemos mucho para hacer al respecto. Lo cierto es que en esta pandemia, incluso en relación a la escuela, aquellos chicos y chicas que pudieron hacerlo, tienen por día varias horas más de conexión y luego cuando terminan con eso quieren comunicarse con sus amigos y eso sigue vía una pantalla, y como no ven a los abuelos también lo hacen por vía virtual. Y si bien agradecemos el recurso porque si no habría mucha incomunicación deberíamos disminuir el tiempo de pantallas. Proponer que el juego, por ejemplo, sea por un medio distinto a la computadora o el celular. Y entender que debemos buscarles actividades para compensar el tiempo on line. Porque el cuerpo incluso está quieto durante demasiado tiempo, cuando además un niño y una niña tiene una gran necesidad de descarga. Entonces empiezan a saltar, moverse, quieren una cosa, otra, y si nosotros les decimos no, no, no, queda toda una tensión acumulada que puede hacer síntoma, desde irritabilidad, enojo hasta que se le caiga un mechoncito de pelo. El cuerpo siempre va a buscar drenar esa carga que es más grande que la capacidad del niño de llevarla. Es importante que lo que propongamos implique el movimiento del cuerpo. El cuerpo se tiene que mover: el nuestro, y más aún el de niños y niñas".

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Dar órdenes: "Ordenar la experiencia es muy distinto a dar órdenes. Ordenar la experiencia es ayudarlos a encontrar qué cosas necesitan, explicarles cómo se organiza de algún modo el día, la rutina: cuando se almuerza o cena, cuando es tiempo para la compu o el juego. Ordenar la experiencia es ayudarlos a encontrar las palabras para describir las cosas que sienten. Es encontrar una rutina que permita un orden interno, que no es lo mismo que dar órdenes desde afuera. Son cosas diferentes. Que los adultos demos órdenes tiene que ver con que queremos que nuestros hijos hagan lo que nosotros queremos en el momento en que nosotros queremos. Y acá lo pongo sólo a modo de ilustración (entendiendo lo difícil que es la crianza cada día): si damos una orden nueva, algo que se nos cruza por la cabeza, el niño no va a entender el marco, el contexto, para qué ahora, por qué ahora. Si en cambio las cosas están puestas en una secuencia donde podemos explicar ya no es una orden sino que hay un camino reflexivo ( y esta es la intención que siempre debe tener la educación y nuestra acción como padres), un camino en el que los chicos pueden reflexionar sobre lo que ocurre. ¿Por qué usualmente no hacemos esto? Porque ese es el camino largo. El camino corto, el atajo, es la orden (¡metete a bañar porque yo digo!). El camino largo es el que permite que el niño o niña ordene la experiencia, entienda la importancia de respetar ciertos horarios, ciertos hábitos, ciertas rutinas, que comprenda que eso va a permitir que los otros con los que convive puedan también ordenarsee. Camino largo, el buen camino, vs el camino corto, el mal camino".

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