Pandemia

Las sensaciones y vivencias de rosarinos dispersos por el mundo en tiempos de coronavirus

Algunos se instalaron hace varios años en el exterior, otros llegaron hace unos meses. La pandemia los atravesó por igual y hoy cuentan su experiencia.

Sábado 26 de Septiembre de 2020

El coronavirus sigue transitando su camino global. Deja su sello, genera crisis de todo tipo, causa pánico y reacciones de descreimiento. Cifras, datos, voces, sensaciones... Todo se mezcla por estos tiempos. Y en ese panorama, los rosarinos que andan sueltos por el mundo vivencian diferentes situaciones. ¿Cómo están, qué sienten, qué expectativas tienen? A lo lejos, sus palabras muestran otra cara de la pandemia y así se lo contaron a La Capital.

Hoy, el mundo atraviesa una situación de rebrotes de la enfermedad y la historia se asemeja a un deja vú. Los que eligieron cumplir sus sus sueño afuera confían en que esto pasará pronto y que lo abrazos con sus seres más queridos, aunque a la distancia, tendrán otro sabor.

Fabián Ferrari (Sabadell, España)

Con casi 56 años, Fabián Ferrari es un exnadador que eligió instalarse en Sabadell, a unos 30 kiómetros de Barcelona, donde realiza tareas vinculadas a lo que fue su actividad. Es instructor y guardavidas. En Rosario nadó para Atlantic Sportsmen, GER, Provincial, y después recorrió las piscinas de Gimnasia y Esgrimna de Santa Fe y Kimperley de Mar del Plata). A España llegó por primera vez en el 2000 y en 2002 se radicó definitivamente. Es el último nadador que representó a a Rosario en unos Juegos Olímpicos (Los Angeles 1984) y en su carrera consiguió 40 títulos a nivel nacional, entre otros logros.

"Mientras la pandemia daba sus primeros pasos importantes en Europa, justamente me encontraba en Rosario. Mi mamá cumplía 80 años y había que celebralos. Así que los acontecimientos los veía desde allí. Pero a medida que pasaban los días y comenzaban a aparecer medidas más restrictivas en España, la idea de volverme antes de lo previsto comenzó a darme vuelta", cuenta a la distancia en el arranque de la charla virtual.

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Después de sortear algunos inconvenientes con los vuelos, elexnadador llegó el 14 de marzo al aeropuerto de El Prat (Barcelona) . El confinamiento había empezado apenas un día antes.

“Comenzó todo como una preocupante novedad y al principio veíamos muchas noticias, como si se tratara de una guerra. Con el paso de los días, nos dimos cuenta que no nos hacía bien y con el trabajo telemático, ejercicios, libros, comidas, películas y series, iban pasando los días", recuerda

Ferrari asegura que atravesar la situación en España fue “muy duro” debido a la cantidad de víctimas fatales que sufrió la península, hoy afectada por un rebrote. “Se pasaron momentos muy tristes y el intento de desconexión fue muy fuerte, ya que no tengo dudas que nos afectó psicológicamente, sin hacer distinción de edad”, detalla.

Cuenta que estuvo sin trabajar en forma presencial en el Club Natació Caldes -donde trabaja como entrenador de natación- por espacio de tres meses y recién en junio volvió a encontrarse con sus compañeros: “Fue una gran alegría”, dice más relajado.

Sin embargo, al referirse puntualmente a las medidas sanitarias, el exnadador olímpico rosarino se muestra tajante y afirma que el confinamiento quizás no haya sido "la mejor solución". Pero también apeló a "la responsabilidad de cada individuo. Es evidente que más tarde o más temprano, si no tenemos todos esta enfermedad, pasará muy cerca nuestro. No soy científico, ni médico especialista, sólo apelo al sentido común. Y esto lo expreso porque España está en una situación de rebrote importante en estos momentos y creo que en casos extremos se deben tomar medidas excepcionales”.

Sobre cómo percibe la situación argentina desde afuera utiliza el término “alarma”: “El confinamiento de 6 meses, es evidente, no ha dado los resultados deseados. Como cualquier otro país si no reactivan la economía y se sale a trabajar con protocolos importantes, sumarán más crisis a la que ya existe”.

Gustavo Gordillo (Miami)

Gustavo Gordillo nació y se crió en Mitre al 4000, en la zona sur. Estudió en el Colegio María Madre de la Iglesia, hizo algo de la carrera de Medicina pero siempre le tiró el fútbol. Jugó en Central Córdoba, en Renato Cesarini y en Sarmiento. Y allá por 2013 armó una mochila y se fue a Miami, adonde llegó con una beca para la Universidad de Miami Gardens. Actualmente está haciendo un Master en Finanzas y trabaja en una empresa de bienes raíces que hace negocios mayormente con argentinos que invierten en la soleada ciudad estadounidense.

Los dos primeros dos meses fueron bastante complicados por el tema de la cuarentena, aunque no era obligatoria. Nosotros elegimos quedarnos en casa, tratar de salir lo menos posible. A medida que fueron pasando los meses las restricciones se fueron flexibilizando. Hoy la gente circula con normalidad. Obviamente no es la cantidad de gente que era antes de la pandemia. Pero en zonas como La Olla se circula, se permitió abrir bares y restaurantes, por ejemplo, y para sentarte a comer tenés que usar barbijo. Más allá de los cuidados que uno pueda tener podría decirse que aquí se hace una vida prácticamente normal”, le cuenta a La Capital a modo de resumen.

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Gustavo está convencido que la pandemia sorprendió a todos, incluso a los expertos que trabajaron durante años para prevenir este tipo de acontecimientos.

Por eso asegura que el 2020 va a marcar un antes y un después en la historia de la humanidad. “Ningún país estaba preparado para afrontar esta situación, algunos tuvieron aciertos y otros no. Desde mi punto de vista y considerando que nos enfrentamos a algo que no conocemos, creo que no está mal cometer errores al principio. Pero sí se debería de aprender de los aciertos de otros países e implementarlos para poder así vencer a este virus y mejorar como sociedad”, analiza desde una perspectiva más social.

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Cree que la Argentina hizo bien los deberes al principio de la pandemia con una cuarentena estricta. Pero está convencido que no tendría que haber durado más de un mes: “En eso, no se supo aprender de los aciertos de otros países. Mucha gente estuvo encerrada por meses, tratando de evitar todo tipo de contacto con el exterior y creo que esto solo empeora las cosas, ya que hoy tienen que salir a la calle con las defensas bajas y expuestos a cualquier virus, no sólo al Covid-19".

Pablo Zimmerman (Munich)

Pablo tiene 30 años, estudió en el Politécnico San Martín y se recibió de licenciado en Ciencias de la Computación. Trabajó como docente de Matemática, enseño ajedrez y se lució en más de una oportunidad en las Olimpiadas Matemáticas en distintas partes del mundo.

Asegura que siempre soñó con hacer una experiencia en el exterior y el gigante Google se la dio. Consiguió un contrato en Munich, una de las sedes europeas de la compañía. Y allí comenzó a convivir con el coronavirus.

Llegué a Munich en agosto. Y la sensación es que la pandemia me dejó muy solo. Las primeras semanas fueron hacer teletrabajo y recién después de un tiempo hicimos la primera reunión presencial. Lo llamativo de esta situación es que aquí en Alemania pareciera que el Covid no existe. El sistema de salud nunca colapsó. Hay un nivel de vida más alto y creo que eso incide”, explica intentando resumir su experiencia.

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Cuenta que los alemanes con que se ha contactado le transmiten una sensación de mucha despreocupación por el coronavirus. “Al principio me cuidaba un poco menos y después comencé a hacerlo cuidando los detalles. En general me he juntado con poca gente y cuando lo hago lo hago sin barbijos pero sin mirar a la cara. Y cuando salimos a tomar una cerveza lo hacemos sin barbijo. Pero acá nadie se cuida. En Argentina me cuidaba más”.

Luego ensaya una mirada global sobre la enfermedad y dice estar convencido de que todo se debió a “una falla humana” y hasta elabora una teoría política a la hora de buscar responsables: “El culpable creo que es el sistema capitalista. El virus surgió en China y lo transmitieron las personas ricas que no se cuidaban y contagiaron a todo el mundo. A la Argentina (el virus) llegó de la mano de turistas que estaban desesperados por sus derechos individuales. Creo que allí estuvo todo controlado, al menos en Rosario, hasta que explotó en Buenos Aires”.

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También creo que en Argentina inciden los niveles de pobreza, el hecho de no siempre tener una buena alimentación o las menores posibilidades de acceder a buenos sistemas de salud, algo que, por ejemplo, en Alemania no ocurre. No hay tanta diferencia entre clases sociales”, asegura en su argumentación.

Pero también le apunta a cuestiones muy humanas a la hora de analizar sociedades como la argentina y la alemana, o la mayoría de las de Europa: “Hay una incidencia muy fuerte en esa necesidad nuestra de juntarnos, del abrazo, algo que para los europeos es algo poco pensado. Pero también es clave el individualismo, hay mucha gente a los que poco le importa el otro”.

Ana Clara Merlo (Dublín)

Ana Clara Merlo nació en Alcorta pero adoptó a Rosario como suya cuando a los 18 años llegó para estudiar Relaciones Internacionales en la UNR. Vivió en Buenos Aires y Montevideo durante varios años, trabajó en GM y Cargill y en julio desembarcó en Dublín, la capital de la República de Irlanda después de numerosos y angustiantes trámites para conseguir vuelo.

Después de esa odisea llegué a Irlanda el 7 de julio y tuve que cumplir el aislamiento. Llegué aquí para hacer un curso de inglés. Las clases comenzaron de forma presencial en agosto. En la escuela nos piden que usemos barbijos, las ventanas y puertas están abiertas para que haya circulación de aire. Ahora hubo un rebrote y pusieron mayores restricciones, porque hay unos 150 casos por día. Después tenés que usar barbijos en shoppings y en el transporte, pero en los parques podés estar y solo viene la policía a sacarte cuando son las 7 de la tarde”, cuenta detalles de cómo está transitado una cuarentena que seguramente volverá a endurecerse por la aparición de nuevos casos de coronavirus.

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Sin embargo, y más allá de las medidas tradicionales y de este nuevo pico Ana Clara cuenta que la ida en Dublín se desarrolla de manera casi “normal”. “Es así, las medidas no son tan estrictas. Podría decirse que hay vida normal”.

Como muchos, está convencida de que habrá que convivir con el coronavirus “hasta que salga la vacuna” y recuerda que si bien en esa hermosa ciudad “no hay tanta locura con los cuidados, quiero recuperar la vida normal que tenía no hace mucho. Siento que estoy limitada, lo estamos. No podemos viajar a ver a nuestros amigos en otros lugares. En definitiva, creo que deseo lo que todos quieren: que la situación mejore y salgamos pronto de esto”.

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