Las horas de angustia de una rosarina para volver desde Mar del Plata a ver a su madre infartada
La mujer es viuda, no tiene otros hijos y vive sola. Evolucionó bien y le dieron el alta, pero ahora las dos están en cuarentena.

Jueves 02 de Abril de 2020

Paola Zanna es rosarina pero vive en Mar del Plata. El 27 de marzo guardaba la cuarentena obligatoria junto a su esposo y sus dos hijos cuando sonó el teléfono. Entonces le dieron la noticia: su madre, que vive sola en Rosario, había sufrido un infarto y estaba internada. Por fortuna había podido llamar a un servicio de emergencia y estaba con atención coronaria. La mujer es viuda, no tiene otros hijos y las personas que suelen asistirla, su hermano y la familia, no podrían ocuparse de ella: todas estaban aisladas por la pandemia.

"Fue una noticia impactante. De pronto tenía que viajar a Rosario y sabía que tendría muchos problemas para hacerlo", contó Zanna a La Capital. La circulación vehicular está prohibida, no hay colectivos ni vuelos y viajar desde Mar del Plata le planteaba serios desafíos. Ni siquiera sabía si podría llegar a destino.

Había otro problema: si conseguía los permisos para trasladarse, ella no sabe manejar y por lo tanto debía viajar con su esposo. No necesitaba entonces una autorización, sino dos. Mientras tanto, la madre seguía internada en un sanatorio rosarino y ella obtenía información en cuentagotas sobre la evolución de su salud. "Todo parecía difícil, fueron horas de mucha angustia", cuenta.

Comenzó entonces una odisea para tramitar los permisos. "El caso de mi marido era más complicado, porque además de traerme después debía volver", contó ya en Rosario un poco más aliviada. Cuando finalmente los obtuvieron, el martes a la noche dejaron a los chicos (de 14 y 4 años) con los padrinos y a las 23 salieron a la ruta.

Aun así, no todas eran malas noticias. Al menos ya no estaban tan urgidos: después de que le colocaran un stent, la mamá había evolucionado muy bien y el miércoles a las 11 recibiría el alta. Finalmente, cuando su hija llegara, podría irse a casa.

Aunque el alta médica fue motivo de idas y vueltas, porque recibió distintas versiones, ella y el marido finalmente decidieron viajar y salieron a la ruta. "No nos controlaron muchas veces, sólo en los peajes de Mar del Plata y llegando a Rosario", cuenta, aunque precisa que no transitaron por las autopistas sino por rutas interiores de la provincia de Buenos Aires. La policía bonaerense o la Gendarmería, según los casos, les revisó el auto, constató la legitimidad de los papeles y sobre todo de los permisos excepcionales para circular. "La verdad es que todos se portaron con corrección y no tuvimos problemas", recuerda. La dificultad más grande para ellos eran las paradas, no ir a los baños públicos, no detenerse en sitios con hacinamiento de personas.

En el camino tuvieron un contratiempo adicional: una tormenta severa los obligó a detener la marcha durante un par de horas y retrasó la llegada.

Zanna y el marido llegaron a la ciudad después de un viaje de más de 12 horas, pero entonces se encontraron con otro dato: la madre y ella, que se quedaría a cuidarla, deberían guardar cuarentena estricta porque la mujer, de 78 años, estuvo en un lugar con circulación del coronavirus. Así que cuando llegó y pudo llevarse a la madre a la casa empezó un nuevo desafío: vivir solas y sin poder salir a la calle, con lo que eso significa, mientras el esposo de la rosarina emprendía el regreso a Mar del plata para reencontrarse con los hijos.