Domingo 12 de Julio de 2020
"Imágenes tan surrealistas como híper realistas", así describe la psicóloga Soledad Nívoli los sueños de pandemia. Instituciones de encierro; hospitales que se vuelven laberintos; pasillos que se angostan hasta la claustrofobia; casas sombrías y oscuras, o que se diluyen; paredes que se desmoronan dejando sólo la más absoluta intemperie; grandes inundaciones; selvas incontrolables; la circulación errática y angustiante por la ciudad; el incumplimiento del encierro; las fuerzas de seguridad; los controles y los papeles; y las aglomeraciones de gente son parte de esas imágenes que los rosarinos comenzaron a soñar incluso en los días previos al aislamiento. Están comprendidas al archivo onírico con más de 210 relatos que Nívoli, junto a sus colegas Lucía Brienza y Flavia Castro, todas docentes de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y el Instituto Universitario Italiano de Rosario (Iunir), vienen recopilando desde el inicio de la pandemia y a partir del que proponen transformar en insumo de investigación.
La transformación de lo extraordinario en cotidiano, y la alteración de las percepciones de tiempo y espacio en la mayoría de la población impactaron en las experiencias individuales y, al dormir, en el sueño. Incluso antes de la deposición del aislamiento, y como correlato de la información que llegaba de los países europeos, "se dieron lo que llamamos sueños anticipatorios", señalan las psicólogas, que además trabajan desde otras disciplinas como la fotografía, la ciencia política y la historia.
"Desde el principio, vimos que nos pasaba a nosotras mismas, a nuestros familiares y amigos, comentábamos sueños raros, y así apareció la necesidad de compilar esos relatos para transformar esa experiencia en común de la mayoría de la población en una experiencia compartida", indica Nívoli, y agrega: "Para eso es necesario construir un archivo que nos permita ver los hilos que conectan esos relatos y que los hacen más que una sumatoria de experiencias individuales".
La dimensión social
Con un abordaje que se propone poner en juego "la dimensión social de esa experiencia", las docentes toman distancia de la lectura estrictamente psicoanalítica de los sueños, y retoman una idea que la periodista judío alemana Charlotte Beradt llevó adelante entre 1933 y 1939 en su trabajo "El Tercer Reich de los sueños", publicado por primera vez en 1966 en Estados Unidos y que la propia Nívoli tradujo al español (ver aparte).
"Con un abordaje heterogéneo al que conocemos del psicoanálisis, donde el sueño es algo muy singular que habla nada más que de uno, retomamos la idea central de Beradt que plantea que «los sueños son el sismógrafo de una época», que ante las alteraciones del tiempo y el espacio lo que se resiente no es la vida de vigilia, sino el sueño que refleja y al mismo tiempo es instrumento de lo que está sucediendo en el exterior", detalla Nívoli.
Es más, siguiendo la tesis de Beradt, la investigadora afirma que "eso es lo que hace que aparezcan sueños estereotipados, lo que ella llamaba «sueños sacados de las fábricas del Tercer Reich»", y agrega: "Nosotros podíamos decir «de la fábrica de la pandemia», sueños que se vuelven densos en el encierro, punitorios y aterrorizantes".
El archivo
El registro de más de 210 relatos que lograron reunir las profesionales se organizó en las diferentes fases del encierro y, si bien aseguran que "los contenidos no se modificaron tanto entre fase y fase con se esperaba", señalan que el archivo comienza con los sueños anticipatorios que se produjeron una o incluso dos semanas antes del aislamiento obligatorio cuando la información que llegaba del resto del mundo ya iba generando tensión y angustia.
"Lo que sí aparece claramente es que en plena cuarentena, ese período en el que todo el país está encerrado, los sueños se vuelven densos y oscuros, lo que podríamos llamar prototípicos de la pandemia", indica Nívoli, y explica que "con las aperturas de actividades eso se va diluyendo y ahora ya vemos una etapa diferente, en la que cada persona está tratando de sobrevivir con las repercusiones singulares que este proceso tuvo sobre cada uno".
Con un fuerte caudal de sueños de una las franjas etarias que van de los 20 a los 25 años, y de los 30 a los 40, además de un puñado de sueños infantiles y de adultos mayores, las profesionales aseguran que lo que se manifiesta en las imágenes y los relatos "es la fuerte alteración del espacio de las personas, con la situación de encierro como lo que más pesa y se padece".
"Un sueño típico de pandemia podemos decir que es el de una persona que circula junto a un grupo de amigos y amigas por la ciudad, a veces esa circulación se vuelve errática y angustiante, aparecen las fuerzas de seguridad, los controles y la demanda de papeles, en muchos casos se dirigen a fiestas o encuentros donde la pasan bien, pero se dan cuenta que hay aglomeración de personas, entonces aparece la angustia y el miedo por infringir la norma", relata la psicóloga como ejemplo.
Con estos relatos, las investigadores trabajan sobre la tesis de que "hay un momento donde las circunstancias del exterior elevan tanto su intensidad que los sueños si bien tienen cada uno elementos individuales, se alinean en una misma sintonía y frecuencia, y aparecen como productos estereotipados que transmiten de algún modo eso que sucede en el afuera".