Domingo 03 de Mayo de 2020
En la Argentina era una tarde gris la de aquel 1º de mayo de 1994. La despedida de Reutemann de la F-1, doce años antes, y la falta de interés y dinero para apoyar al Poppy Larrauri que debía sucederlo, habían cortado abruptamente ese ritual inigualable dominguero en cada fecha de Gran Premio. El Lole era el gran imán. El título perdido de 1981 en Las Vegas y sus apenas dos carreras de 1982 habían dejado un hueco demasiado grande con qué cubrirlo. Lo sabían quienes comercializaban los derechos de TV con el santafesino, quienes de a poco fueron abandonando las transmisiones en directo. A veces la retomaban, sobre todo para los finales de campeonato, pero la discontinuaban. Desde el 91 hasta el 97 directamente las pasaba Telefé en diferido. Por eso, esa tarde de hace 26 años, la emisión llegaba en la tarde argentina, cuando ya la tragedia había ocurrido. Cuando ya Ayrton Senna, el inigualable, había corrido su último GP.
Vale recordar el contexto propio, el del joven fana del Lole de las pistas, al que recién Senna le había devuelto interés en la F-1. Y que esa tarde volvía a casa y al prender la tele se encontró con que se estaba largando el GP de San Marino. Los recuerdos son difusos, serían las 17. Un día antes, la F-1 volvía a conocer la muerte que cortaba 12 años sin lamentos, toda una rareza en su historia.
De Piercarlo Ghinzani con el Osella en Canadá 82 a Roland Ratzenberger con el Simtek durante la clasificación del sábado en Imola, parecía mentira que una década y pico pasara sin llantos, porque tampoco era que se había mejorado tanto en la seguridad. Pero claro, piloto y equipo del fondo en ambos casos, las repercusiones no fueron tantas. Para cuando la TV repetía lo sucedido, ya hacía horas que el mundo del automovilismo había cambiado. Para siempre.
El rostro de Senna antes de calzarse el casco ya fue chocante. El viernes casi se le mata otro paulista como él, Rubens Barrichello, en un vuelo increíble con su Jordan. A su Williams, el gran dominador de los dos últimos años con Mansell y Prost, le habían prohibido las suspensiones activas y ya no era el mismo pese a las tres poles seguidas logradas en ese inicio de año. Llegaba con dos abandonos con un auto más difícil de sobrellevar y con el lastre de dos años sin posibilidades de luchar contra el team inglés. Y ahora que estaba en él le aparecía encima un joven y prometedor Michael Schumacher con el Benetton que mejor interpretaba las nuevas reglas.
El segundo golpe de escena fue en la largada, cuando el compañero de Schumy, J.J. Letho, se quedó plantado y se lo llevó puesto Pedro Lamy. Volaron pedazos para todos lados que llegaron al público y la muerte pareció conformarse porque aguardaba servirse el plato principal. Pace car, dos vueltas más de velocidad y el golpe que sacudió al mundo en Tamburello. No había internet, nadie en la casa había escuchado nada, los dedos cruzados para que la búsqueda desesperada del informativo de la radio no reprodujera eso que intuía cuando la cabeza, con su inolvidable casco amarillo, se ladeaba de un lado a otro. No se veía entonces en la pantalla que había sido atravesado por un brazo de la suspensión. Fue la primera noticia de ese informativo, la que nunca se había querido escuchar.
Fue acaso Ayrton el último símbolo de una F-1 que nunca volvió a ser, la que expresaba naturalidad, disputas de poder y de egos genuina, sobre todo con Alain Prost, con el que terminó abrazado en la última carrera del francés, en Australia 93. La que se ofrecía como era, sin mediadores de imagen, sin ese estructuralismo tecnológico que le fue ganando a la calidez humana que el paulista encarnaba como nadie. Que tan bien lo reflejó el documental: “Senna”.
Sus logros deportivos pueden ser encontrados en cualquier sitio deportivo. Quizás lo que más reflejó su grandeza de piloto fue cuando no ganó: aquel 27 de mayo del 84, en su 6ª carrera de F-1 bajo el diluvio de Mónaco. Ahí le abortaron el triunfo con un Toleman que sólo él hizo caminar para favorecer a quien sería su enemigo en pista, el propio Prost. El castigo para el francés llegó a fin de año cuando Niki Lauda le ganó el título por medio punto. La carrera abortada en Montecarlo le otorgó como ganador la mitad del puntaje, 4.5 puntos. Si dejaban que Senna lo pasase y terminaba 2º, hubiera cosechado 6 y celebrado su primer título a fin de año.
Otra historia. Como que Senna desde ese 84 hasta el 93, siempre sumó en los 2 primeros GP, hasta con el Toleman. Menos en ese 94. Con el Williams, el primer Fórmula 1 al que se había subido aquel julio del 83 con el “1”. Y el último.
El día que se sintió ganador por primera vez
En su 6ª GP en F-1, con un Toleman del fondo, Senna fue un misil bajo el diluvio de Mónaco y cuando se aprestaba a pasarlo a Prost antes de mitad de carrera, la terminaron. Pasó al francés después de la meta y celebró como un triunfo.
LA TV en tiempos del Gran Ayrton
¿El GP de San Marino 94 llegó en diferido al país? Este cronista lo había vivido así, tal cual el relato que precede, pero varios lectores advirtieron que sí la vieron por TV en directo. Rodrigo Galindo y Omar Borrelli lo hicieron notar vía mail con respeto y además contaron sus vivencias. Aquí va la rectificación.