PANDEMIA

En pleno barrio Martin, el coronavirus obliga a montar el negocio en un garage

Felipe Durán, de 60 años, trata de seguir trabajando, los vecinos le dejan mercadería en consignación y él así "al menos paga las tarjetas"

Martes 06 de Octubre de 2020

"Sobre nuestra empresa. Nacida en 1993 como estampería textil y fabricación de indumentaria para tiempo libre. En 2001 incorporamos productos como distribuidores de dos importadoras del país...", reza un volante con fotos de artículos variopintos de una empresa dedicada a los regalos empresariales y que por estos días concentra su sede en una mesa instalada en el garage de una casona ubicada en 3 de Febrero 583, en pleno barrio Martin de Rosario.

El contraste del improvisado comercio, que ofrece mates, termos, gorras, barbijos, alcohol en dos versiones, anotadores, pingüinos para el vino (y descendientes en menor tamaño) llaveros y sets de asados, en uno de los barrios más coquetos del centro de Rosario llama la atención.

Quien atiende es Felipe Durán, empleado de su hermano en la empresa familiar, hasta antes de la pandemia. "Ya nadie puede hacer un regalo empresarial y mi hermano, Adrián, no podía pagarme el sueldo, entonces me dijo: 'tratá de vender algo te doy el garage'. Y yo agradecido porque al menos con lo que compran los vecinos y me dan a vender a consignación, pude estos meses pagar la tarjeta", asegura el hombre, que no vive allí, pero desde junio trabaja, de lunes a viernes, en horario corrido, de 11 a 17 y los sábados.

En la vereda, una pizarra ofrece una oferta de alcohol en gel y líquido. El garage es para un auto, por lo tanto el espacio es reducido. La mesa que hace las veces de exhibidor es la "entrada" y en el fondo se luce, con orgullo, una bandera argentina.

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"Yo sé que esto no está habilitado pero miren, cumplo con los protocolos, nadie entra, no me acerco: necesito trabajar", explica Durán, sabiendo que tiene el tiempo contado. "Ya pasaron del municipio, pero les dije la verdad: es todo lo que tengo para sobrevivir. A mi edad, ¿qué hago?", se pregunta, se cruza de brazos y se sienta tranquilo a esperar que alguien compre o se lleve un volante.

El hombre dice que le encontró una vuelta a la crisis y con lo que gana su mujer como costurera, la "lleva". Se refiere a la sequía económica de la pandemia, claro.

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Los vecinos compraron algo y dejaron ropa para que Durán se las venda "si puede". Remeras, camperas, vestidos se exhiben en perchas a los costados de la boutique al paso. "Nuestro objetivo. Es acompañar el crecimiento de nuestros clientes proporcionándoles productos y servicios para su gestión comercial y promocional. Acercate a Fabric", cierra el párrafo del volante, de otra época cuando aún se hacían regalos empresariales y Felipe no trabajaba en el garage.

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