Emoción y mucha ansiedad en un día que se volvió inolvidable
María Laura se reunió con sus hijos y nietos luego de tres meses. Diego pudo festejar el cumpleaños de su sobrino.

Domingo 07 de Junio de 2020

La quietud que reinó en muchos hogares rosarinos en los últimos meses empezó a transformarse ayer. Las familias que así lo decidieron volvieron a juntarse. Hubo ansiedad y sobre todo emoción. Los abrazos, los esperados abrazos, no pudieron contenerse con facilidad, aunque las indicaciones oficiales vayan en otro sentido. El distanciamiento fue otro punto difícil de “controlar” dentro de las casas o departamentos. Así, algunas con más rigor que otros a la hora de cumplir con las recomendaciones, miles de personas decidieron tomar la posibilidad de reunirse y volvieron a mirarse a los ojos.

Los ruidos, las voces, la alegría compartida fue protagonista este fin de semana y desplazó por unas cuantas horas al coronavirus como tema central de las charlas entre hijos, padres, abuelos, primos y nietos.

Las que siguen son dos de las historias que se escribieron ayer en un día inolvidable.

>> María Laura Sabatier "Fue inevitable llorar de alegría"

María Laura Sabatier, feliz por volver a ver a sus hijos y nietos.

Ayer al mediodía María Laura Sabatier abrió la puerta y en menos de un minuto sus cuatro nietos le imprimieron otro paisaje a esa casa que desde hace tres meses vivía a otro ritmo. Un torbellino de risas y voces infantiles la envolvieron y no pudo ni quiso evitar las lágrimas. Había llegado el momento con el que soñó muchas veces en este tiempo de cuarentena.

Con 61 años, esta abogada, que fue jueza penal durante décadas, está incluida en los grupos de riesgo frente al Covid-19 porque además de la edad, atravesó un severo problema de salud por el que debe cuidarse especialmente. Por eso asomó la cabeza muy pocas veces en este tiempo. Apenas algunas compras por el barrio y siempre con su máscara, el alcohol en gel en el bolsillo y tomando distancia.

"Evité salir todo lo posible. A dos de mis nietos los veía de terraza a terraza porque viven acá al lado, pero a los otros dos que también están en Rosario no los había visto más", comenta.

Mamá de cuatro hijos, María Laura tiene nietos que están en Rosario y uno en París, donde vive una de sus hijas, que además está embarazada. "Tenía planes de acompañarla en julio para el parto, pero obviamente no será posible", dice con cierta melancolía.

Activa, amante del río y de las islas, emprendedora nata, dice que tomó muchas de las herramientas que adquirió en estos años por su situación de salud y eso la ayudó a no pasarla mal durante el aislamiento preventivo y obligatorio: "Soy sobreviviente de una enfermedad severa y sin dudas me fortalecí", menciona.

"No soy de quedarme en mi casa, pero no padecí la cuarentena, supe que era lo que tocaba y, como confío mucho en las autoridades y me sentí cuidada, simplemente hice lo que tenía que hacer", enfatiza.

"Me puse a tejer mucho, algo que me enseño mi abuela cuando tenía cinco años y que en estos meses fue una enorme compañía".

Pero además, María Laura adora escribir (algo que hizo en sus años de jueza de manera diariam pero que a partir de jubilarse también la llevó al campo de la literatura): "Tengo años de taller literario y me animé a contar muchas historias, pero en esta cuarentena, hablando con una amiga, me preguntó por qué no escribía algo para mis nietos".

De un día para otro surgió el cuento "Primos en casa", que relata la historia de un grupo de niños durante un tiempo de asilamiento obligatorio. Con ilustraciones de Elizabeth Guillón, la narración ya es un libro que publicó la editorial "A que te juego un cuento". "Hice todo durante la pandemia, escribí, lo editaron, lo publicaron y está a la venta. No lo concebí con ese espíritu, sólo quería dejarles un regalo a mis nietos, pero la historia tomó su propio vuelo", expresa con una sonrisa.

Sobre las expectativas del encuentro familiar de ayer, admite que estaba algo ansiosa pero sobre todo feliz, que amasó tallarines el viernes por la tarde y que preparó la casa para recibir a las visitas: "Fue una fiesta y aunque cuando se fueron me di cuenta de que quedé de cama, reconozco que fue un día precioso e inolvidable".

Y agrega: "Los extrañaba mucho y los sigo extrañando. Pero ahora sé que nos vamos a volver a ver".

>> Diego Morlachetti: “Verse personalmente es irreemplazable”

Cumpleaños. En la familia Morlachetti hubo festejo.

Cuando Diego Morlachetti habló anoche con La Capital hacía apenas dos horas que se había visto nuevamente con toda su familia. El azar quiso que la primera jornada en la que se permitieron los encuentros afectivos coincidiera con el cumpleaños número uno de su sobrino.

La reunión, que se armó en 48 horas, sin dudas quedará marcada para siempre en la historia familiar. “Cuando nos enteramos de esta posibilidad nos pusimos a charlar con mi hermana sobre cómo organizarnos para cuidar las distancias y tomar todos los recaudos para un reencuentro seguro”, comentó.

Con un gran entusiasmo por lo que estaba viviendo, Diego se detuvo especialmente en las emociones que le produjo la jornada. “La verdad es que me di cuenta de que la charla que mantuvimos tuvo otra emocionalidad, que sobrevolaron otros sentimientos, porque ya no damos por hecho que los otros van a estar siempre. Si algo nos deja esta pandemia es la posibilidad de revalorizar a nuestros afectos y saber que el hecho de verse personalmente no debería ser algo establecido o de rutina; quizá ahora adquiera otra profundidad”.

El director de la Escuela Argentina de Té, autor de El libro del Tea Gourmand, admite que durante las primeras semanas del aislamiento obligatorio y frente a las tragedias que se repetían en muchos lugares del mundo tuvo temor e incertidumbre: “Se presentó tan súbitamente que sin dudas lo sentí. En lo laboral tuvimos que modificar las rutinas de las clases, apelar al trabajo on line, postergar un montón de eventos. No fue sencillo, pero al tener la contención de mi mujer y mi hijo y tantas actividades diarias lo fui sobrellevando”.

Es más, Diego rescata especialmente que pudo pasar más tiempo y disfrutar mucho más a su niño que tiene apenas dos años, armar nuevos planes y proyectos con su esposa, charlar sin el apuro que suele imponer la rutina diaria.

“Creo que tomé más conciencia del paso del tiempo. Lo más positivo de esto que nos tocó fue que nos afianzamos como familia”, dijo.

Sin dudas, no ver a sus padres, a su hermana, a su pequeño sobrino, a su tía que vive en Buenos Aires y a la que visitaba con asiduidad y otros afectos cercanos es algo que tuvo su considerable impacto. “Me tocó tener gente cercana que no pudo despedirse de los suyos, por ejemplo. O amigos que viven en el exterior en países donde la situación fue o es muy grave. Una cosa es lo que uno ve en las noticias, por la tele o en los diarios, y otra que te lo cuenten en primera persona. No hay modo de no sacar una lección de esto”, reflexionó.

Lo cierto es que ayer por la tarde, en un departamento rosarino, como seguramente ocurrió en tantos otros, los Morlachetti tuvieron su tarde feliz: “Nos encontramos a celebrar. El cumpleaños que estaba pensado a la distancia se transformó en un hecho real y fue realmente emocionante”.

“¿Con qué sensación me voy a dormir? Con la intensidad de experimentar el encuentro, porque no hay nada que reemplace el hecho de verse en persona. Sentir la energía de los afectos es definitivamente genial”, cerró.