Domingo 12 de Julio de 2020
En 1981 Fernando se fue a Miami, a la aventura, a ver qué pasaba. “Todos hablaban maravillas de Miami, y Rosario estaba gris, abandonada. Viví un tiempo allí, pero la cosa no andaba muy bien y me fui a Nueva York. Ahí me casé y al tiempo me fui a Quebec. Tuve que aprender francés, el inglés lo hablaba más o menos, y también hablo italiano. Empecé a trabajar de lavaplatos, luego de ayudante de camarero, hasta llegar a camarero, que es lo que estoy haciendo en estos últimos 40 años. Cuando me separé de mi ex esposa, volví a Miami. Allí empecé con la pintura. Hice un par de cuadros de Caminito y enseguida los vendí. Tras 10 años en Miami me cansé de la monotonía del lugar, necesitaba ver más que arena, mar y palmeras. Me fui a España, y allí anduve un tiempo por Benidorm y Elche trabajando de mozo y cantando. Ahí también aprendí a trenzar collares, tobilleras y pulseras en macramé. Después decidí hacer lo que hago desde hace 15 años: seis meses en Quebec y seis meses en Rosario”, resumió.