Domingo 12 de Abril de 2020
"La pandemia ha subrayado y exacerbado las desigualdades, sobre todo la desigualdad de género, dejando al descubierto la forma en que la economía formal se ha sostenido gracias al trabajo de cuidado invisible y no remunerado de las mujeres". Estas palabras no corresponden a ninguna mujer miembro de algún movimiento feminista en pié de lucha, sino a António Guterres, Secretario General de Naciones Unidas, y vienen a ilustrar un estado de situación que muchas ya conocen y que la emergencia sanitaria a nivel global complejizó aún más en detrimento de sus derechos.
No sólo las organizaciones feministas del mundo han analizado los efectos del Covid-19 con perspectiva de género, sino que también lo han hecho las organizaciones globales como la ONU (Organización de las Naciones Unidas) y la OMS (Organización Mundial de la salud), que desde sus ámbitos de estudio han reflexionado y llamado la atención sobre el tema.
En un artículo publicado el 19 de marzo de este año, ONU Mujeres arrojó datos significativos que permiten dimensionar esta problemática de género a nivel mundial desde el inicio de la pandemia. Entre los datos destacados se puede mencionar que a nivel global las mujeres representan el 70 por ciento de las trabajadoras en los sectores sanitarios y sociales, y hacen el triple del trabajo de cuidados no remunerado en comparación con los hombres. Sobre el tema, Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU Mujeres, explicó: “La mayoría de quienes trabajan en el sector de la salud son mujeres. Esta realidad las coloca en un lugar de mayor riesgo. La mayoría de ellas son, además, madres y cuidadoras de familiares. Siguen cargando con el peso de los cuidados, cuya carga ya es desproporcionada aun en circunstancias normales. Esta realidad causa un profundo estrés en las mujeres”.
A escala continental el porcentaje es aún mayor. En América Latina las mujeres representan el 74 por ciento de quienes trabajan en el sector sanitario y social, pero como es de esperar, están excluidas de las funciones de liderazgo donde los hombres ocupan el 75 por ciento de los puestos en las esferas superiores del sector de salud. A esta situación debe sumarse que la brecha salarial existente en esos sectores es del 28 por ciento, según las estimaciones del organismo.
Más allá de los números, la conclusión a la que conducen las cifras estadísticas es sencilla: los sistemas sanitarios del mundo están constituidos en su mayoría por mujeres trabajadoras, que a pesar de encontrarse en la primera línea de batalla contra la pandemia, no son retribuidas económicamente en igualdad de condiciones respecto de sus compañeros varones.
Feminización de la pobreza
Las implicancias económicas que la pandemia tiene sobre el género no se agotan allí, puesto que las medidas de aislamiento que se están llevando adelante por la mayoría de los países afectados generan un impacto de degradación económica que las afecta fuertemente, ya que son precisamente las mujeres quienes tienen en su mayoría empleos informales, inseguros y mal remunerados.
De acuerdo al documento de 2018 de la Organización Internacional del Trabajo denominado “Mujeres y hombre en la economía informal. Un panorama estadístico”, 740 millones de mujeres trabajan en la economía informal, por lo cual las medidas de cuarentenas, aunque estrictamente necesarias para frenar la pandemia, ponen en peligro sus medios de vida y la satisfacción de las necesidades básicas de sus familias.
Phumzile Mlambo-Ngcuka, se pronuncia también sobre esta problemática: “La mayoría de las mujeres trabajan en la economía informal, donde el seguro médico es prácticamente inexistente o inadecuado, y los ingresos no están garantizados. Como no son destinatarias de los rescates, dependen financieramente de ellas mismas. Para muchas de las mujeres, esto no se trata sólo de una cuestión sanitaria; sino de la desigualdad de género”.
Ya sea que se ponga el foco de atención a nivel global o a escala local, las desigualdades económicas y las diferencias en las condiciones de empleo entre las trabajadoras mujeres y los varones, constituyen problemáticas que se reiteran y que se agravan aún más en detrimento de ellas en el escenario actual de pandemia.
Quienes están mayoritariamente a cargo de las tareas domésticas y del cuidado de niños y niñas, personas adultas mayores y otras personas dependientes son mujeres, que se ven vedadas de posibilidades profesionales y laborales por cumplir con ese trabajo de cuidado invisible y no remunerado. Si a este estado de situación naturalizado socialmente, se le suman los altos índices de informalidad en los puestos de trabajo que las emplean, es fácil de comprender que el fenómeno de feminización de la pobreza tenga una tendencia a la alza, y que aumentará aún más con el proceso recesivo que trae aparejado el covid 19.
La otra pandemia
Otro de los efectos directos de la cuarentena que se ha visualizado en todo el mundo, es el repunte de situaciones de violencia de género.
En el marco del aislamiento social, encerradas en el mismo espacio de convivencia con sus agresores y ante la imposibilidad de pedir auxilio, el riesgo que padecen las mujeres de sufrir violencia aumenta considerablemente.
En el país no existen datos oficiales publicados sobre el tema, pero sí una amplia red de organizaciones feministas que atienden la problemática. Es el caso del Observatorio “Mujeres, Disidencias, Derechos” de las Mujeres de la Matria Latinoamericana, que a partir de la información aportada por los medios de comunicación llevan un registro de los casos de femicidios en todo el territorio nacional
Según el observatorio, desde el 1 de enero al 9 de abril del 2020 se registraron 96 casos de víctimas fatales del machismo en la Argentina. Esto es, 82 Femicidios, Femicidios vinculados y trans/travesticidios, y 14 muertes violentas de mujeres en proceso de investigación. Lo llamativo es que el 25 % de esos crímenes se sucedieron en el marco de las restricciones de circulación preventiva del contagio del covid 19. Esto es 21 femicidios.
El Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad también destacó el recrudecimiento de las situaciones de violencia contra las mujeres y personas trans en el marco del aislamiento social obligatorio, y entre las medidas que adoptó para paliar esta situación crítica fue una disposición que permite a las mujeres y personas del colectivo LGTTBI que sufran violencia de género, a salir de sus domicilios para realizar denuncias o requerir auxilio.
El 9 de abril en diálogo con Página 12, Gómez Alcorta a cargo de la cartera confirmó que desde el inicio de la cuarentena se incrementaron en un 39% las llamadas a las líneas de atención a las víctimas, por lo cual se declaró a la línea 144 como “servicio indispensable”, lo que permitió incrementar la cantidad de operadores y operadoras, y sumar además nuevas vías para recibir denuncias.
Si bien la existencia en el país de un Ministerio de Mujeres Géneros y Diversidad da la pauta de una mayor voluntad política para responder a esta problemática, y a pesar de las medidas oficiales adoptadas por el organismo desde la cuarentena, parece que nada es suficiente para frenar a esta otra pandemia.