Dos chicos de Oliveros venden sus bicicletas para ayudar a la gente
Santino, de 6 años, y Gabriel, de 9, decidieron ceder sus rodados y con el dinero recibido quieren comprar mercadería para donar. "La idea fue de ellos. La gente llama, pero para entregar alimentos", contó la mamá, Rosana.

Lunes 20 de Abril de 2020

Las historias en tiempo de pandemia se multiplican de tal manera que nada deja de sorprender. Todo lo que se habla en cada casa, en la televisión, en las radios o lo que se puede leer en los diarios y las distintas páginas web ingresan en el pensamiento no sólo de grandes sino también de chicos. Hoy la solidaridad es algo que se palpa a diario y ese mensaje de “ayudar” también llega a los corazones de los pequeños purretes, como Santino y Gabriel Stier, de 6 y 9 años, respectivamente, y que viven en la localidad de Oliveros. Ellos decidieron poner en venta sus bicicletas y con el dinero obtenido comprar alimentos para ayudar a sus vecinos. Un acto que los enaltece.

“Un día estábamos afuera de mi casa y a mis hijos se les ocurrió la idea de vender las bicicletas para juntar dinero, comprar mercadería y donarla”, le contó a La Capital Rosana, la mamá de los chicos, tras una idea que sin dudas no dejó de sorprender gratamente. Por supuesto que la respuesta fue inmediata y con un “okey” lleno de satisfacción ante tanta bondad de los pequeños.

“Ellos tienen otras bicicletas y estas las usaban para jugar. Las lavaron, hicieron los carteles y yo les saqué algunas fotos”, relató orgullosa Rosana. La reacción ni bien se publicó la “oferta” fue inmediata, aunque la gente que se comunicó con los chicos fue para “donar mercadería, pero no quieren llevarse las bicis de los chicos”.

El celular de Gabriel no dejó de sonar un instante. Y no es para menos, ya que la decisión que partió “sólo de ellos” causó sorpresa y, a la vez, admiración por la intención de desprenderse de algo propio con el fin de “ayudar a los que menos tienen. Ellos ven que en otros lugares hay comedores y demás, pero acá no”.

Santino y Gabriel, fanáticos de Boca y que cursan primer y tercer grado, respectivamente, no pertenecen a una familia acaudalada. Todo lo contrario. Y eso eleva aún más la generosidad que poseen en su interior. Su mamá es ama de casa y su papá empleado y el dinero no sobra, menos aún en estos tiempos de pandemia. Pero sus hijos sí tienen exceso de benevolencia. Algo que llena de orgullo a la familia, pero también a la gente en su gran mayoría. Y en un mundo egoísta este tipo de acciones demuestra e ilusiona en que hay futuro si se mantiene la incentivación y se apuesta a la educación _que nace en casa_ como debe ser.