Viernes 27 de Noviembre de 2020
El régimen chino que conduce Xi Jinping emitió una orden en la que se prohíbe a los médicos de Wuhan hablar sobre el inicio del brote del coronavirus en 2019 ante la misión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que intentará determinar cómo fue que nació el Sars-CoV-2.
Los profesionales de la salud tienen vedado informar sobre el manejo primario que las autoridades sanitarias ordenaron en torno al nuevo virus que derivó en la muerte de —hasta el momento— 1,4 millones de víctimas en todo el mundo.
De acuerdo la agencia japonesa Kyodo, se trata de “una orden de mordaza” sobre lo que vieron y debieron callar cuando el brote ya estaba fuera de control. La medida recuerda el drama atravesado por Li Wenliang, aquel médico que fuera silenciado por el aparato del régimen de Beijing por haber alertado —en diciembre pasado— a otros colegas sobre un nuevo virus que estaba llevándose las vidas de decenas de pacientes en el Hospital Central de Wuhan, la ciudad donde se cree que nació el Sars-CoV-2.
De acuerdo a la agencia japonesa, “las autoridades chinas advirtieron a los médicos que respondieron al nuevo coronavirus en la etapa inicial del brote en Wuhan, que podrían ser castigados por espionaje si revelaban lo que sucedió durante el período. También se instó a los trabajadores médicos de la ciudad del centro de China, a no hablar en absoluto sobre la situación en ese momento, dijeron las fuentes bajo condición de anonimato”.
“Tales movimientos subrayan cómo el liderazgo del presidente chino Xi Jinping, que ha sido objeto de críticas internacionales por permitir que el virus se propague al mundo debido a la demora en su respuesta inicial, trató de encubrir el brote en Wuhan. El gobierno chino liderado por los comunistas puede estar intentando evitar una investigación externa sobre los orígenes del virus, lo que genera preocupación de que se entorpezca el esclarecimiento de cómo ocurrió la pandemia”, indicó el reconocido medio nipón.
El fantasma de Li Wenliang sobrevuela en Wuhan como símbolo de la opresión y falta de libertades, luego de que éste finalmente se contagiara de coronavirus y muriera a los pocos días. Al conocerse la historia sobre su silenciamiento, la furia se hizo sentir en las redes sociales chinas. Pero esa ira también fue silenciada por Beijing. Nadie podía hablar en China de un síndrome respiratorio agudo que dañara la imagen de la nación.