El afecto, condición básica para sobrellevar el Alzheimer
La voz de Pedro sale entrecortada mientras cuenta que su mujer ya no lo reconoce
y que los días se le tornan cada vez más difíciles. Llegó al grupo de autoyuda que organiza la
Asociación de Lucha contra el mal de Azheimer (Alma) con la sola idea de buscar respuestas a una
situación que prácticamente no tiene retorno. La enfermedad no sólo le cambió la vida a su mujer,
sino también a toda la familia.
10 de septiembre 2008 · 01:00hs
La voz de Pedro sale entrecortada mientras cuenta que su mujer ya no lo reconoce
y que los días se le tornan cada vez más difíciles. Llegó al grupo de autoyuda que organiza la
Asociación de Lucha contra el mal de Azheimer (Alma) con la sola idea de buscar respuestas a una
situación que prácticamente no tiene retorno. La enfermedad no sólo le cambió la vida a su mujer,
sino también a toda la familia.
La pérdida de memoria, las dificultades para expresarse y desarrollar
habilidades adquiridas son sólo algunos de los síntomas de una enfermedad que más allá de cualquier
medicamento necesita estar signada por el amor y la paciencia. O al menos esos son los valores que
subyacen en las reuniones donde padres, hijos y cuidadores exponen situaciones cotidianas que
resultan útiles a otros. Y aunque cada caso constituya una historia diferente, todas las
experiencias dejan enseñanzas. Se intercambian información, artículos periodísticos sobre la
enfermedad, direcciones y teléfonos de lugares de integración y hay asesoramiento. Hacen de cada
encuentro una gran familia. Hay quienes se sienten alentados por cómo pudieron sortear ciertas
dificultades y están quienes ya agotaron casi todos los medios. Sin embargo prevalecen el
entendimiento y la solidaridad ante un tema cada vez más instalado.
El Alzheimer provoca miedo. Por eso Nylda cuenta que después de asitir a la
primera reunión de Alma se prometió no volver. Sin embargo, el tiempo le permitió entender que
algunas situaciones no se eligen y que la experiencia vivida con la enfermedad de su marido podía
servirle a otras personas. "No tengo la capacidad de explicar de qué se trata en términos
profesionales, pero sí desde mi lugar. Veo que mucha gente llega desesperada buscando explicaciones
y cuando lo que puedo llegar a decirles les hace bien, yo me siento mucho mejor". Hoy Nylda integra
la comisión directiva de Alma, pero no le gustan los títulos y por eso prefiere señalar que sólo la
mueve el bienestar que le provoca ayudar.
Desde el año ’94, Alma puso al servicio de Rosario y alrededores un
conjunto de actividades especiales con el fin de contribuir a una mejora en la calidad de vida de
los familiares y pacientes con mal de Alzheimer. Los principales servicios son los grupos de
autoayuda y contención emocional, la capacitación a cuidadores y las charlas de profesionales.
Además, los miembros de Alma trabajan en el asesoramiento legal de familiares y promueven la
investigación científica.
"La gente se acerca con el diagnóstico como si estallara una bomba. Todo se
desestructura, se redefinen los vínculos familiares y aparecen las culpas. Y ese es otro tema sobre
el que trabajamos mucho. También sobre la ilusión de normalidad que generan algunas situaciones. En
ese sentido buscamos que el familiar acepte la enfermedad y reconozca cada circunstancia", explicó
Graciela Mainers, presidente de Alma.
Isabel Pini, por su parte, se acercó a la organización porque no entendía por
qué su madre dejaba de tener la lucidez que siempre la había caracterizado. Su mamá ya no está pero
ella lleva más de 14 años en Alma y si bien su historia no dista de las demás, Isabel tiene un
lema: "Paciencia, amor y humor", tres guías sobre las cuales es posible desandar un camino difícil
pero no imposible de transitar.