Sábado 10 de Julio de 2021
Lionel Messi nunca se dio por vencido. Mucho tuvo que pelear y esperar para levantar una Copa con Argentina, hasta que un día se le dio de la manera soñada. Nada menos que ante Brasil, en su tierra y en el histórico Maracaná. Como para que el logro tomara una dimensión aún mayor en la conquista de la Copa América, esa que la selección no conseguía desde hace 28 años. Sí, la Pulga lo logró después de una búsqueda incansable y sin rendirse jamás porque era una de las materias pendientes que tenía dentro de tantas conquistas que consiguió.
Messi -sin jugar una gran final- y compañía lo hicieron después de tanta búsqueda. Y así se sacó de encima uno de los objetivos que tenía en mente y ahora solo figura en la libreta de metas conseguir un Mundial. Claro que todo esto aparece entre los deseos personales del mejor jugador del mundo y nada modificará esa calificación si no lo consigue como lo hizo Diego Maradona, con quien siempre se lo comparó en una discusión sin sentido y eterna.
Si hay algo que no se le puede achacar a Messi es el hecho de no bajar los brazos casi nunca -en una ocasión decidió renunciar a la selección, pero luego volvió- e insistir, dar el presente, jugar siempre y batir muchos récords con la albiceleste. Y no lo hizo por dinero -no le hace falta- sino por la bendita gloria, esa que no se consigue fácilmente y por el cual muchos jugadores son recordados. “No busquen dinero, busquen la gloria y así los van a recordar para toda la vida", dijo sabiamente Carlos Salvador Bilardo, una frase que abrazaron y hoy recuerdan con nostalgia los campeones del mundo del 86.
Por ese camino transitó Messi con la albiceleste. Fue porfiado, obstinado y no se amilanó ante los golpes recibidos. Muy duros y difíciles de soportar como haber perdido dos finales de Copa América en el mano a mano con Chile en ambas ocasiones (2015 y 2016) y que se le escapara el Mundial de Brasil ante Alemania en 2014. Tres partidos determinantes que a cualquier jugador lo habría llevado a resignarse, pero no le sucedió a Messi que se levantó una vez más y apostó a ganador.
Y un día se sacó la mufa, pegó el golpe certero y gritó "campeón" en tierras brasileñas besándose los colores celeste y blanco. Como para dejar en claro una vez más porqué es el mejor jugador del mundo, cumpliendo con el eterno sueño de alcanzar la gloria y llevar el nombre de Argentina a lo más alto. Para que el pueblo alcance la felicidad, deje de lado por un instante la crisis económica y sanitaria y se desate la "messinanía".
Gracias Messi, gracias por tu magia y tu fútbol.