Y eso que es el compañero
Chiaverano hizo una carrera espectacular y cuando pintaba para podio lo arruinó Persia, su coequiper.

Lunes 21 de Agosto de 2017

El único representante de la región en la categoría arrancó con un viernes bárbaro, le siguió un sábado amargo y cuando el domingo pintaba para ser el de la gran resurrección, se encontró en pista con un "compañero". Así, el piloto de Capitán Bermúez Mauricio Chiaverano, que iba camino al podio luego de largar 17º, terminó el paso por "su" Fangio con una bronca que se lo llevaban mil demonios. Y con justa razón. Fabricio Persia, del Octanos Competicion como él, lo taponó por todos lados cuando era evidente que no tenía con qué aguantarlo, le hizo perder los estribos y lo obligó a irse de pista cuando peleaban el 5º lugar. Ya en boxes, si no pelearon de otra manera fue porque el sanjuanino tardó una eternidad en volver y cuando lo hizo el bermudense por suerte se había calmado.
El año pasado Chiaverano terminó por primera vez en el podio rosarino con su hijo Valentino en brazos y nada hacía prever que se repetiría. Es que el sábado también penó cuando el formoseño Cazal salió ancho y lento de los mixtos en la serie, no pudo evitar el toque y terminó en el pasto, volviendo y finalizando a una vuelta. Eso le valió salir 17º pero nunca perdió la fe. Ni siquiera cuando al zambullirse al primer curvón se encontró con el desastre del vuelo del propio Cazal, que pudo esquivar (ver aparte).
Desde ahí construyó una escalada única, superando adversarios sin descanso y manejando a mejor ritmo que la punta. Y cuando en apenas dos giros, desde el 5º lugar le descontó los casi 4 segundos que le llevaba Persia, fue evidente que tenía mucho más auto que su compañero. Sin embargo, el sanjuanino lo taponó groseramente durante tres vueltas, inclusive cambiando más de una vez la trayectoria en la recta, lo cual debió ser sancionado, y lentificando todo en lo trabado, al punto que el 6º Juan Cruz Acosta, que ya estaba fuera de foco, pudo volver a la carga.
Y al entrar en los mixtos, para evitar tocarlo, Chiaverano salió de la huella y se fue al pasto, tras lo cual pudo retomar pero ya sin posibilidades. Una pena, porque de haber superado pronto a Persia hubiera tenido a mano al chubutense Maximiliano Valle.
Al bajar del Linea en la zona de técnica, Chiaverano no podía ocultar el enojo y hubo reproches al equipo por no avisarle a Persia que debía darle paso, pero pesó más que viene peleando el título. En Buenos Aires, el bermudense lo tocó sin querer y le hizo perder las chances. Lo de ayer fue lo más parecido a una revancha.