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Y ahora qué viene en Newell's tras el decepcionante final

El torneo de Kudelka se desbarrancó, el DT exigió fijar metas y no crear falsas expectativas, por lo que piensa que Newell's así no puede tener hambre de gloria

Lunes 11 de Enero de 2021

Por supuesto, la pandemia que azotó a la humanidad toda fue dejando las cosas en un segundo plano. Aquello que era vital, como el aire para vivir, pasó a ser trivial. Hasta el fútbol, hay que decirlo. Y está bien que así haya sido, que la salud haya adquirido como nunca status de prioridad para las naciones. Todo lo demás se puso en ese contexto, y en él las grandes pasiones también encontraron si se quiere un cauce más racional. No todo ya es tan dramático, ni tan extraordinario. La gloria o el fracaso parecen haberse relativizado. Dicho esto, el golpe que recibió Newell’s en la tarde-noche del sábado en Avellaneda parece reducido, cuando en la otra normalidad hubiera sido tremendamente importante. Porque el equipo de Kudelka había ilusionado con otra cosa, la vara era más alta pero no dio la talla ni siquiera para ir a jugar un clásico que no era por nada del otro mundo, pero era un clásico al fin. El cimbronazo se ve entonces en las redes sociales, no emerge tanto a la realidad. Quizás es mejor que así sea, que haya tiempo para pensar, para no tomar decisiones equivocadas. Porque ahora plantel y cuerpo técnico se tomaron unos días de licencia y no hay previstos diálogos inminentes con la dirigencia. Pero por supuesto se tendrán que dar porque el mismo entrenador así lo pidió y días antes de que su campaña terminara de desbarrancar.

Porque eso es lo que le pasó a Newell’s en esta Copa Maradona. La gran ilusión se fue desmoronando de entrada y cuando al menos podía salvar el honor, ganar la zona consuelo sin jugar nunca bien y disputar el clásico, desperdició chances inmejorables. El saldo no puede calificarse más que como muy negativo, más cuando el propio Kudelka abrió el paraguas antes de este desenlace, con declaraciones en que le pasó la pelota a la dirigencia, diciendo sin decirlo que con este plantel no hay objetivo superador que valga. Es el mismo plantel con el que ponía la expectativa en alto antes de arrancar en Córdoba.

Los imponderables por supuesto que cuentan. Las lesiones de Aguerre, sobre todo, y Scocco descolocaron, aunque curiosamente hay que decir que ahí no estuvieron los mayores problemas rojinegros. Que el arco lo cubrió aceptablemente Macagno y que el equipo tuvo una buena cuota de gol. El problema fue que Kudelka apostó a la posesión como arma fundamental y ya desde el primer partido se vio que esa estrategia no iba a ser posible. Que la dinámica rival se imponía a la lentitud de un conjunto con demasiada experiencia en cancha, a la que el extenso parate le jugó en contra. De escasa recuperación además por la propuesta ofensiva que contenía, expuso a una última línea que bajó su status con la partida de Cristian Lema (llegaron dos alternativas, pero Guanini no dio el piné y Capasso ni apareció) y las vacilaciones de Santiago Gentiletti, en eso de irse o quedarse.

Tanto fue así, que podría decirse que Newell’s perdió más con Lema de lo que ganó con Scocco. Y lo dicho, ese panorama se vio desde el debut. Cuando la juventud de Talleres le agarró la mano, le dio vuelta el trámite y se lo hizo ver en Rosario también aun jugando con un hombre menos. Y en esa realidad que empezó pronto a palparse, rápidamente se deglutió a un Aníbal Moreno, que no fue ni el aporte ofensivo que siente ni el defensivo que no es su fuerte, al punto que empezó a reclamarse el regreso de Jerónimo Cacciabue para lograr un mayor equilibrio en un mediocampo que, lo dicho, no podía tenerla como quisiera ni recuperarla rápido.

Kudelka además erró en varias decisiones. Como cuando empató Scocco en el debut con uno menos y en vez de hacer un cambio rápido para recuperar dominio en el medio, dejó que la T moviera y estampara el segundo. A Pablo Pérez, el mejor ante Vélez, lo sacó cuando hasta el empate servía y llegó la caída. En Avellaneda, Sforza reventó el travesaño en lo que pudo ser el 2-2 y lo sacó al toque.

¿Se dio cuenta Kudelka que no tenía el plantel para el hambre de gloria que pregonaba? Porque si pidió a la dirigencia y secretaría técnica que blanqueen objetivos, es porque así lo piensa. ¿O prefiere partir de objetivos más modestos, como cuando lo encaminó a salvar del descenso? DT y plantel se fueron de vacaciones, pero hay preguntas pendientes. ¿Y ahora qué?

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