Vóley: Normal 3, una "Escuela" con mucha mística que sueña con ser un club

Con la nueva sede de calle Virasoro, la institución dio un paso fundamental para transformarse en un club

06:15 hs - Sábado 31 de Octubre de 2026

Aunque cueste creerlo, pese a su rica historia en el vóley, Normal 3 es la única institución que compite en el ámbito de la Asociación de Vóleibol de Rosario (AVR) que no es un club. Ello no quita que no quieran llegar a serlo. De hecho, más allá de los resultados deportivos, que hasta el momento son muchos y muy buenos, la “Escuela” ya como una asociación civil dio este año un paso fundamental para transformarse en un club, con la inauguración de su sede en la calle Virasoro al 1900.

En 1947, cuando Adolfo Wagner pisó por primera vez la dirección de la Escuela Normal Nº 3 Mariano Moreno, no venía solo con tizas y normativas pedagógicas: traía en el bolsillo una semilla redonda y blanca que primero empezó a volar en el gimnasio de la calle Entre Ríos 2366.

Por entonces, el vóley no era un deporte: era un pasatiempo que los chicos alimentaban con saltos. Las paredes del viejo colegio fueron absorbiendo los gritos de los recreos y los torneos intercursos del 10 de octubre (instituidos por el profesor Leovino Raúl Martínez) comenzaron a hincharse de misticismo.

Pertenencia desde el vóley

Los alumnos crecían, terminaban la secundaria y salían al mundo de los grandes con sus maletines, pero sus almas se negaban a soltar la pelota. Se quedaban flotando en la cancha de parqué como si fuera polen sagrado. Así, sin que nadie firmara un decreto, nació la Asociación de Exalumnos. Un club sin papeles que latía con más fuerza que los corazones de sus fundadores.

Durante décadas jugaron sin ventajas. Mientras los gigantes de la ciudad presumían chequeras, Normal 3 hacía magia con manos curtidas y un corazón que parecía reflejar un cielo más hondo que el real.

Un lugar para crecer

La idea de expandirse empezó a rondar en algunas cabezas. Ya Guillermo Helbling y Juan Carlos Chuli Masau decían en los años 70 “necesitamos otro lugar”, augurando un crecimiento constante. Y no se equivocaban.

El sitio donde funcionaba la famosa empresa de transporte Marco Polo, en Corrientes y La Paz, era el lugar soñado de todos los normalistas para concretar esa idea, quienes soñaban, inclusive, con conectar ese predio con el jardín de infantes de la institución para tener un ingreso desde el colegio.

En Normal 3, siempre todo se hizo todo a pulmón en su gimnasio, símbolo de la escuela junto con la piscina. Ese mítico lugar con su piso de parqué, además de cumplir con la escolaridad, fue también la cancha oficial del torneo local y por ende de numerosos partidos de antología. Mientras tanto, de sus entrañas comenzaron a brotar leyendas como los hermanos Cuminetti o Pepe Peralta y una interminable cadena de guerreros que, hasta el día de hoy, cruzaron fronteras nacionales con la estampa de la escuela en el pecho.

La pandemia fue un quiebre

La concreción de la idea de tener una sede propia comenzó tras la pandemia. Durante esos meses donde cambió el mundo, a diferencia de los clubes, Normal 3 no pudo entrenar porque el colegio no podía abrir las puertas debido a la normativa existente. Fue entonces cuando alquilaron horas en el Club Banco de Santa Fe para poder hacerlo y se dieron cuenta de que si hubieran contado con un lugar propio, no estarían pasando por esas circunstancias.

Ahí la idea comenzó a tener más fuerza. Así empezaron a buscar un espacio, hasta que les ofrecieron un lugar de 1.000 m2 cubiertos ubicado en la calle Virasoro. Asentarse allí no fue tan fácil. Antes pulseó con una empresa que también quería el lugar, pero la puja tuvo final feliz para la gente de Normal 3 ya que los dueños del lugar eran ex alumnos del colegio y primó el sentido de pertenencia.

Crecimiento y futuro

El 1º de septiembre de este año, el lugar quedó oficialmente inaugurado. Hoy funcionan dos canchas con piso deportivo, vestuarios, gimnasio de pesas e iluminación led, además de un sector de quincho y parrillas para que el encuentro social y la camaradería también tenga su lugar. De esa manera se concretó el sueño de mucha gente y de muchisimos años, un sueño colectivo cumplido que denota crecimiento.

Para Normal 3, el corazón siempre estará en la calle Entre Ríos, en el mismo lugar donde se escribieron miles de historia y en el que tres canchas con las redes puestas todo el año reinan en un patio que alimenta un gran sentido de pertenencia. La nueva sede traerá ahora crecimiento no solamente en el plano deportivo sino también de las propias personas, que allí también se formarán en valores, porque justamente Normal 3 es una escuela y de eso saben mucho.

En su final, el himno del colegio dice “Y si un día tus muros nos dejan, vivos ecos de nuestra canción, llevaremos tu dulce recuerdo, ¡pero nunca diremos adiós!”. En ese sentido, la sede es para los normalistas, un buen lugar para seguir estando cerca.