clasico rosarino

Villa Banana adelantó el partido entre Central y Newell's

Dos días antes del clásico, en zona oeste empataron las chicas y entre ellos ganaron los auriazules.

Sábado 14 de Septiembre de 2019

Desde 2013, en Villa Banana se juega el clásico entre Central y Newell’s: una previa al partido de fútbol más infartante de la ciudad. Este año no fue la excepción y hasta se redobló la apuesta ya que hubo clásico masculino y femenino en El Potrero. El barrio tal vez más vulnerable de la zona oeste de Rosario se revolucionó al mediodía de ayer con plateas improvisadas.

Las chicas empataron; en el caso de los muchachos ganaron los canallas y al final hubo tercer tiempo colectivo. Y por si falta aclarárselo a los prejuiciosos, los partidos fueron tranquilos, sin lesionados ni asperezas entre los hinchas.

“Por un clásico sin violencia. Comunidad Rebelde”, se leía en una bandera colgada tras uno de los arcos.

Toda una declaración de principios de la organización social y territorial que instaló este tradicional clásico en el que supieron jugar Nahuel “Patón” Guzmán y Manuel “Melli” García, entre otras figuras profesionales.

Ayer los protagonistas eran los propios vecinos, dentro y fuera de la cancha: con botines o zapatillas, sin medias pero todos con las camisetas.

Dieron cátedra unos 130 jóvenes de entre 15 y 30 años que asisten a talleres de albañilería, carpintería, panadería y arbitraje del plan municipal Nueva Oportunidad y que entrenan en la cancha del barrio.

Un “estadio” que en breve deberá correrse 15 metros al oeste porque el Plan Abre que se propuso abrir la calle Pascual Rosas que atraviesa el vecindario, desde 27 de Febrero hasta Rueda, reacomodará el mapa. Ya se mudaron 40 familias, desde allí al barrio toba de calle Roullión, al sudoeste de la ciudad, pero queda bastante por hacer.

“Las tareas vienen lentas, falta la intervención de la Nación. Cuando corran la cancha ayudaremos para que también se trasladen los arcos, los reflectores y los parapelotas”, remarcó uno de los referentes de Comunidad Rebelde, Iván Moreyra, quien también jugó el partido del lado los auriazules. “Con el fútbol acá se logró mucho: buena convivencia y sentido de pertenencia”, añadió.

No faltó en gol en los partidos (los primeros que anotaron fueron “Topeta”, para los auriazules, y Emiliano, para los rojinegros).

Tampoco los caños y bajadas con el pecho por parte de las chicas, ni los perros paseando en medio del área.

Nadie se negó a las fotos: juntos, en grupo, mostrando tatuajes; como si estar frente a los medios fuera cosa de todos los días.

“Es que acá sólo vienen cuando hay malas noticias”, dijo por lo bajo un futbolero.

El barrio se movilizó. Las mujeres con sus chicos armaron sus propias plateas. Y los varones, por su parte, incluso algunos empleados que trabajaban en la apertura de la calle se agruparon en otro ángulo con sus palas a cuestas. Y muchos vecinos aprovecharon esta fiesta clásica que se armó para vender sandwiches de milanesa, choripanes y torta asada.

Entre lo más destacado que se observó en el encuentro fueron los plateístas “vip”, con visual exclusiva alentaron desde los techos. El de Villa Banana, un clásico con todas las letras...

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS