Ovación

Viaje a la intimidad

Lunes 21 de Enero de 2008

Si algo marcaron los once días que lleva el plantel de Central en Mar del Plata fue la sana convivencia demostrada por el grupo. La concentración en el hotel Brunetti fue un continuo manejo de unidad. Nadie vendió a las miradas exteriores lo que no se respiró adentro. Los jugadores casi siempre se movieron en bloque. Sin egoísmos, como una fuerza granítica. Todos respetaron a rajatabla los horarios y las pautas establecidas por el cuerpo técnico. Lo único que amagó con infectar la armonía fue el cortocircuito entre Madelón y los periodistas de medios rosarinos. Pero todo quedó en el olvido con una charla y una ronda de café. Como lo hacen las personas civilizadas.
  El espíritu solidario se vitaminizó con el aporte de todos. En especial con el de Madelón. Se nota en pequeñas actitudes que el DT utiliza este tiempo de encierro para gestar el embrión del nuevo Central. Nunca mira por encima del hombro a sus dirigidos, por más inexpertos que sean. Siempre apela a una palmada como caricia para preguntarle a los jugadores cómo se sienten o si están cómodos. No quiere que nadie esté a disgusto. Es consciente que un equipo no sólo se forma con la técnica de los jugadores, la táctica o lo físico. Para cocinar a fuego lento un plantel también es necesario ver semblantes y estados de ánimo.
  Como en todo grupo puertas adentro hay un lugar reservado para el recreo. Hay rondas de mates con los utileros, partidas de truco y de otros juegos de cartas, guitarreadas con canciones incluidas de Calgaro y mucho contacto con la cibernética a través de las computadoras. El venezolano Vizcarrondo es un ermitaño en este aspecto. Lleva una vida muy solitaria con su notebook. Se pone los auriculares y el mundo puede venírsele encima que no se da cuenta. También hay maldades para rasurar a los chicos vírgenes en pretemporadas y un respeto reverencial de los más jóvenes por el Kily González.
  El volante y los más experimentados creen mucho en la cultura del vestuario. Por eso es común verlos a Mariano Messera o Gonzalo Belloso con los más chicos para que recuerden que el respeto por el compañero está ante todo. Y que hay puntualidades que respetar, sin dejarle paso a las quejas. Una prueba de esto fue la sugerencia que le dio el Kily a uno de los más pibes cuando le dijo que se pusiera una remera para entrar al hotel. O el ritual de los cánticos tribuneros arriba del colectivo cuando el grupo canalla llega al hotel luego de las prácticas.
Hasta ahora, el plantel fue un equipo en todos lados en La Feliz. Para responder con profesionalismo adentro y afuera de la cancha. Madelón se planteó como meta aceitar los engranajes anímicos y reafirmar el compromiso grupal alrededor de un objetivo muy diáfano: aferrarse al trabajo y al buen clima para convencer al plantel que la salvación futbolística empezó en Mar del Plata.

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