Ovación

Versos brujos

Dirigentes, jugadores, técnicos y hasta periodistas explican ciertos resultados favorables en partidos determinantes a través de la presencia de Manuel, un señor con supuesto poder energético.

Jueves 30 de Noviembre de 2017

Nada tienes que temer,
al mal tiempo buena cara,
la Constitución te ampara,
la justicia te defiende,
la policía te guarda,
el sindicato te apoya,
el sistema te respalda
y los pajaritos cantan
y las nubes se levantan.
Cruza los dedos, toca madera.
No pases por debajo de esa escalera. Y evita el trece
y al gato negro. No te levantes con el pie izquierdo.
Y métete en el bolsillo
envuelta en tu carta astral
una pata de conejo
por si se quiebra un espejo
o se derrama la sal.
Y vigila el horóscopo y el biorritmo. Ni se te ocurra vestirte de amarillo.
Y si a pesar de todo
la vida te cuelga
el «no hay billetes»
recuerda que pisar mierda
trae buena suerte.

El fútbol argentino sigue desbordando la capacidad de asombro. Porque ahora para explicar o fundamentar una victoria determinante, ya no sólo se alude a las cuestiones tácticas o técnicas sino que se la atribuye en gran parte a la presencia o no de una persona a la que denominan como el "Brujo Manuel". Y si la cuestión sólo fuese picaresca bien podría Joan Manuel Serrat componer con este argumento otra pieza musical con su característico sello. Pero no. Parece que la cosa va en serio, increíblemente en serio, tanto que hasta cierto sector del periodismo le empezó a dar una trascendencia empírica y de aparente eficacia.
   Manuel, el brujo como lo llaman, es tucumano y hace años que ayuda a aquellos que creen en él en un rancho de Gorina, una localidad aledaña a La Plata. Su presencia en los partidos de Estudiantes es una constante, ya que tiene un vínculo con Juan Sebastián Verón, entre otros. Por eso el fin de semana estuvo en el partido que el Pincha jugó y ganó en Quilmes ante Atlético Tucumán. Y antenoche también estuvo en el estadio de Independiente, cuando el local venció a Libertad para ser finalista de la Sudamericana.
   Claro que Manuel alcanzó mayor notoriedad cuando fue convocado por un colaborador del cuerpo técnico de Jorge Sampaoli en la selección nacional, y con el beneplácito de los dirigentes de la AFA el hombre estuvo en Quito, ocasión en la que Argentina jugaba su suerte ante Ecuador para llegar al Mundial de Rusia 2018.
   Es habitual verlo al costado del campo de juego luciendo una pechera "ya sea del staff de organización o incluso de las que usan los fotógrafos", narran desde la ciudad de las diagonales.
Es decir que Manuel goza de ciertos privilegios, y que en este caso la rigurosidad con la que se muestran los organismos de seguridad o los árbitros a la hora de no permitir extraños ni camuflados se toma una licencia, más aún cuando sus servicios son requeridos hasta por el propio poder de la AFA. No sea cosa que este hombre se enoje y en vez de bien haga mal. Aunque para esto con los directivos de la AFA y Superliga alcanza y sobra. No necesitan ayuda para provocar daño.
Pero también por lo bajo algunos periodistas platenses agnósticos cuentan que no siempre son todos buenos los resultados con Manuel como el jugador número 12, porque sino "Estudiantes debió ganarle a Barcelona en la final del Mundial de Clubes en 2009", sostiene como prueba el trabajador de prensa de la capital bonaerense. Bueno, bien vale aclararle a los colegas escépticos que este señor puede ayudar con su trabajo, pero milagros no hace. Es brujo, no santo.
   Pero más allá de la eficacia energética que pueda tener este tucumano de 57 años y de gran reputación entre las personas que lo consultan, lo cierto es que reducir al fútbol a una cuestión de creencia, fe o superchería, es absurdo.
Por eso un entrenador estuvo muy acertado cuando dijo que "si alguna vez traen a Manuel y perdemos, que la conferencia de prensa también la dé él", desatando la hilaridad de sus jugadores y a la vez demostrando cuánto ya repercute este tema en el ambiente, transformando a algo que bien puede ser anecdótico en un aspecto de mayor relieve, porque incluso la propia AFA le dio formalidad y entidad a su presencia extrafutbolística.
Porque hasta acá el fútbol convivía con una costumbre que remitía a las cábalas de todo tipo, y en esto Estudiantes de La Plata hasta puede escribir un libro por una legión de practicantes, pero no es menos cierto que Carlos Salvador Bilardo además de cabulero fue un entrenador que forjó su trascendencia en conquistas basadas en una idea futbolística. Con la que se puede o no coincidir, pero su producido no fue consecuencia de manías complementarias, como propias de cualquiera que conviva con la pasión por el fútbol.
Seguramente Manuel continuará asistiendo a los entrenamientos de Estudiantes en City Bell como así a todos los partidos donde lo convoquen. Y hasta es factible que Chiqui Tapia lo incorpore a la delegación del seleccionado nacional que viajará a Rusia para disputar el Mundial. Por las dudas, vio.
Pero lo que sí ya es preocupante es la reducción del fútbol a una creencia sobrenatural. Que no es nuevo en este deporte, por ende la Argentina no es original en este terreno. Ya que existieron casos de selecciones y equipos (muchos africanos) que llevaron a brujos o hechiceros a competencias de alto rendimiento. Por lógica el trabajo que hicieron jamás pudo sustituir la necesidad de mayor jerarquía deportiva.
Así las cosas, el fútbol pese a todo sigue manteniendo su magia en la capacidad individual y colectiva de lo imprevisto, y ese es un don que está dado por el ingenio y creatividad de los propios futbolistas, articulados por una estrategia diseñada por un entrenador, donde todos tienen, y seguirán teniendo, la potestad de ser artífices de un resultado que no tendrá entidad hasta que el partido concluya.
Por eso, el fútbol argentino no necesita de brujos que no jueguen, porque tiene a los propios que lo hacen, como lo hizo Maradona y como lo hace Messi. Entre tantos.

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