Ovación

Vencedores vencidos

Los Pumas marcaron un piso en este Mundial. La victoria de los Wallabies no debe empañar lo hecho hasta acá.

Martes 27 de Octubre de 2015

La caída de Los Pumas, igual de previsible que de dolorosa, tuvo ingredientes tan cristalinos que no dejan margen para cargar demasiado las tintas a un juez que tomó algunas decisiones brumosas ni tampoco para caer en dos de las tentaciones más a mano de la argentinidad liviana: batir el parche de los campeones morales o satanizar a los que se quedaron en la puerta de una final.
  Nada, nada, pero nada de eso: ni el señor Barnes es la primera explicación del tropezón ni Los Pumas hicieron más méritos que los Wallabies ni sería certero, justo, serio, descalificar a los muchachos argentinos y pagarles con la moneda de la burla, con la misma gratuidad que se lleva un maní a la boca en una tertulia de café.
  No hay antídotos contra el desconocimiento, el despiste y la crueldad, pero sí hay caminos que bien transitados permiten aproximarse a diagnósticos que se correspondan con la realidad, o que por lo menos la circunscriban, o que en el peor de los casos la dejen entrever.
  Hace seis meses, días más, días menos, deducir que Los Pumas jugarían palmo a palmo con Australia por un lugar en la final del Mundial era meterse en una zona de compleja argumentación: descontados Wallabies, All Blacks y Springboks, Inglaterra e Irlanda también asomaban superiores y contaban en la misma línea, como mínimo, Francia, Gales y Escocia.
  Y eso, amén del poderío de los equipos referidos, porque la selección nacional de la pelota ovalada afrontaba un recambio generacional y una transición que exigía ser tomada con humildad, con prudencia y con una dosis de optimismo más fundada de cara al Mundial de Tokio, cuando los más jóvenes, que son unos cuantos, llegarán a su punto de cocción.
  A estos Pumas, los que el domingo perdieron pero dejaron el pellejo en Twickenham, todo les llegó rápido: la impronta del entrenador Daniel Hourcade, la asimilación de sus modos, la fluidez, la comunión dentro y fuera de la cancha, la determinación, el juego y los resultados positivos.
  Después de jugar una hora mano a mano con los gigantes del haka y después de aplastar a Georgia, Tonga y Namibia, ya todo era ganancia y ni hablar después de doblegar al doble campeón europeo, Irlanda.
  En ese contexto, dar el golpe contra un cuco histórico como Australia, histórico pero no momificado, histórico pero dueño de un gran equipo, un sabroso cóctel de un poco de todo, y todo en la medida justa, era tentador, no asomaba imposible y de hecho tampoco pareció imposible durante un buen tramo de un partido que dio malas señales desde el primer minuto.
  Y en ese contexto, errores que costaron tries o abortaron buenos ataques en las fases cercanas al ingoal rival, lesiones de mohicanos indispensables, alguna bofetada arbitral y los pasmosos recursos de los australianos (¿cómo puede ser que moles de 100 kilos se reposicionen a esa velocidad?), Los Pumas dieron la cara, el corazón, el alma, se pasaron la pelota a veces gateando, empujándola con el aliento, con los ojos empañados de sudor y con el escudo del puma que en realidad es un yaguareté, ¿qué más pedirles, exigirles, demandarles?
  ¿Qué más? Nada, en rigor, desde el momento que ellos, los propios Pumas, son los primeros doloridos por haber perdido, los que como el mismísimo Hourcade soltaron los lagrimones, los que a estas horas tramitan su duelo y refundan su fuente de motivación de cara al partido por el tercer puesto contra Sudáfrica.
  ¿Dónde está escrito que deban dar explicaciones? Que la historia se escribe sólo con los vencedores es una falacia instalada por un cruel.
  No es un análisis edulcorado, no es una concesión políticamente correcta, no es un consuelo de tontos: Los Pumas, estos Pumas llenos de jóvenes con mucha historia por escribir, han sido gigantes en la victoria, han sido gigantes en la derrota y, en todo caso, es un honor para la víctima no ser el victimario.

Hourcade confirmará hoy el equipo para el viernes

Daniel Hourcade anunciará hoy el equipo titular de Los Pumas que enfrentará el viernes a Sudáfrica y contará con cinco bajas con respecto al equipo que perdió frente a Australia. No estarán  Juan Imhoff, Agustín Creevy y Juan Martín Hernández y estarían prácticamente descartados Joaquín Tuculet y Facundo Isa.

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