Ovación

Velasco, ese tipo indispensable

A los 67 años, el extraordinario entrenador puso fin a su carrera.

Sábado 11 de Mayo de 2019

Alguna vez Julio Velasco dijo: "Con el golpe de Estado no pude ir más a la facultad cuando me faltaban sólo seis exámenes para recibirme, había sido activista y presidente del centro de estudiantes. Empecé a entrenarme como una manera de esconderme y ganar dinero". Esa frase fue ayer una de las más elegidas a la hora de "recordar" al enorme entrenador de vóley forjado en este país. No pasó nada extraordinario, nada por lo que temer. Simplemente que, a los 67 años, Velasco decidió dejar su carrera. Retirarse, aunque seguirá ligado al vóley, porque con él tiene un vínculo interminable.

Sin intenciones, aquella dictadura militar instaurada por Jorge Rafael Videla, a partir de 1976, le dio un rumbo inimaginado a aquel joven Velasco, estudiante de filosofía y comprometido con lo que pasaba en la sociedad. Para "salvarse", para "defenderse", para pasar un poco más desapercibido ese estudiante platense se convirtió en jugador de vóley, en un deportista cada día más excelente que terminaría encontrando en su capacidad de conducción el lugar dónde canalizar la filosofía... De juego y de vida. Arrancó en Ferro y poco tiempo después ya era el segundo DT de la selección mayor masculina. De hecho participó del primer gran logró de ese equipo: el bronce del Mundial 1982, con el mítico coreano Young Wan Sohn como cabeza. Ese hombre fue tal vez su mejor maestro.

Antes de la vuelta de la democracia, Julio Velasco ya vivía en Italia, la tierra que aún hoy lo acuna y en la que consiguió los más altos galardones. Primero como entrenador de clubes, luego con las selecciones, masculina y femenina. Después de 1998 más clubes y combinados nacionales se repartieron la tenencia de su liderazgo. República Checa, Italia, España, Irán... Títulos brillantes. Todos.

En 2014 la Federación de Vóleibol Argentino tomó una decisión que sonó más a acto de justicia que a otra cosa: ir a buscarlo para dirigir al seleccionado masculino con miras a los Juegos Olímpicos de Río 2016 y Tokio 2020. ¿Volvería Velasco a dirigir a Argentina pese a vivir en Italia? La respuesta fue inmediata: "Sí". Quería devolverle a su país un poco de todo aquello que le había dado, especialmente la educación.

Con Julio al mando, la selección conoció el sabor de ganarle a las grandes potencias en los certámenes tradicionales y fue 5ª en los Juegos Olímpicos. Un año antes, en los Juegos Panamericanos de Toronto, ganó la medalla de oro imponiéndose a Brasil en la final. Fue ese el tercer logro más importante del vóley nacional después de aquella medalla de bronce mundialista de 1982 y de la de bronce de los Juegos Olímpicos de Seúl 1988.

El año pasado, Julio Velasco anunció previo al Mundial de Italia-Bulgaria que tras ello dejaría de ser el DT y que volvía a Italia a estar con su familia y especialmente con su hija, aquejada por un problema de salud. Pese a ello, algunas voces que circulan por abajo en el mundillo voleibolístico atribuyen parte de esa decisión a la convicción de Velasco de no querer ser parte de la degradación que se está llevando a cabo en el deporte argentino. Por algunos dirigentes, pero especialmente por parte del gobierno nacional.

Admirado por Josep Guardiola, por Marcelo Bielsa, por Sergio Vigil. Por otros colegas, jugadores, periodistas y público. Líder aquí y allá, Velasco se convirtió en un personaje indispensable en el deporte y la sociedad. Un espejo necesario que le dijo adiós a su profesión, pero que seguirá siendo necesario para hacer de los pequeños mundos que habita, lugares más justos.

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