Ovación

VAR(iado)

Con la utilización de la tecnología los errores arbitrales deberían disminuir drásticamente y con ellos las injusticias. Eso cambiaría al fútbol. ¿Para bien o para mal? Desde lo teórico para bien, desde la práctica está por verse.

Jueves 26 de Octubre de 2017

El partido Central-Godoy Cruz fue, además de un bálsamo y un revulsivo anímico para los auriazules, un muestrario gratis de lo que es un partido de fútbol profesional sin el uso de la tecnología.
   Dramático, polémico y cambiante pero no sólo en el desarrollo sino también en las sanciones extremas: una tarjeta roja antes del minuto, un primer gol que requirió de varias repeticiones para convencer al televidente, no al árbitro, de que la pelota no había salido antes que Pol Fernández se la quitara a Camacho, un penal más cinematográfico que real, otra expulsión, un gol claro pero complicado para el asistente porque la pelota ingresó menos de un metro y un off side televisivo con el que se definió la clasificación a una de las semifinales de la Copa Argentina.
   En el fútbol, los errores son parte fundamental de su genética. De hecho, hay equipos que se especializan en usufructuar las equivocaciones de sus rivales. Por eso arriesgan menos, son amantes fieles del equilibrio y probablemente luzcan mucho menos que sus adversarios y sean tildados de amarretes. Son estilos, sistemas o esquemas diferentes que en la mayoría de los casos persiguen el mismo objetivo: ganar. Es parte del juego, como los errores arbitrales, que también forman parte de él.
   Por eso la discusión es mucho más profunda que un simple deseo de mayor justicia. Aspiración a la que nadie en su sano juicio podría cuestionar. Pero una cosa es la justicia y otra muy diferente las reglas de juego de un deporte muy proclive a los errores de los que se nutre y con los cuales creció hasta transformarse en el más popular.
   ¿Qué porcentaje de errores e injusticias tiene el fútbol? imposible de cuantificar, pero sí son más que en la mayoría de los deportes.
   ¿Entonces? Con la utilización de la tecnología los errores arbitrales deberían disminuir drásticamente y con ellos las injusticias. Eso cambiaría al fútbol. ¿Para bien o para mal? Desde lo teórico para bien, desde la práctica está por verse.
   El VAR (Video Assistant Referee en inglés) es el sistema que se implementó el martes a la nochecita en la cancha de River y no se utilizó ni una sola vez para la semifinal de la Copa Libertadores y le permite al árbitro revisar sólo cuatro situaciones del juego: goles, penales, tarjetas rojas y confusiones de identidad en las amonestaciones o expulsiones.
   En cualquier caso la decisión final le corresponde al árbitro que puede aceptar sugerencias de sus asistentes de video y hasta pedirles que ellos decidan sobre lo que ven en los monitores. También puede comprobarlo él mismo en una pantalla ubicada en uno de los costados del campo de juego. Ningún futbolista se le puede acercar en ese momento. Los jugadores tampoco están facultados para pedir la utilización del VAR. Ninguna revisión debería superar los dos minutos.
   El sistema hubiera impedido, por ejemplo, el escandaloso primer gol de Barcelona frente a Málaga el sábado último.
   Pero, ¿qué hubiera pasado el lunes en la cancha de Instituto?
   Si Ariel Penel hubiera revisado la expulsión de Tobio probablemente hubiera modificado la sanción porque a pesar de haber sido una jugada de apreciación, la roja o la amarilla dependen de la violencia de la infracción y no pareció fuerte. La ley del último recurso no corre más desde hace más de un año.
   Muy probablemente no hubiera sancionado el penal a Herrera y tampoco hubiera convalidado el gol de Zampedri por posición adelantada del delantero canalla. Esto último sólo sería advertido porque todos los goles se revisan cuando se utiliza el VAR y no porque Penel o sus asistentes lo hubieran visto en el momento de la jugada. O sea, un elemento extraño al juego definiría la suerte del partido. Las posiciones adelantadas milimétricas, imposibles para el ojo humano, ¿son actos de injusticia cuando no se detectan o son imponderables del juego?
   Visto con ojos mendocinos, la corrección en el gol de Zampedri no sería menor. Visto con ojos rosarinos tampoco sería menor revisar la expulsión de Tobio.
   Eso sí, con el VAR en funcionamiento el partido se hubiera parado varias veces y probablemente el ritmo vertiginoso que tuvo en el segundo tiempo no hubiera existido.
   Lo cierto es que a medida que avanza la tecnología, su implementación no ayuda demasiado y ese es un punto que debe revisarse tanto como las jugadas dudosas.
   Es que el modo de aplicar la tecnología es casi tan importante como su utilidad. Como primera medida, se debe tener en cuenta que es un complemento y no una fuente de consulta permanente para, entre otras cosas, sacarse de encima responsabilidades.
   En el rugby, por ejemplo, es insoportable. Los árbitros recurren sistemáticamente al TMO (Television Match Official). Cuando tienen dudas y cuando no también.
   El sábado último, en medio de un partido extraordinario entre SIC y CASI, el gran clásico de San Isidro, el árbitro, Federico Anselmi, necesitó y solicitó una aclaración reglamentaria en medio de un partido excitante. Insólito y ridículo.
   El domingo a la tarde, en el epílogo del Gran Premio de Fórmula Uno de Estados Unidos, Max Verstappen, el pibito de 20 años que da espectáculo en todas las carreras superó a metros de la llegada a Kimi Raikkonen, pero fue sancionado con 5 segundos de recargo porque en el final del sobrepaso posó, por centímetros, sus cuatro ruedas fuera de la pista. En ese caso, está bien la aplicación reglamentaria, pero está mal el reglamento. Arruinaron la mejor maniobra de la carrera. Deberían revisarlo. Las carreras tienen cada vez menos incidencia de los pilotos y el reglamento profundiza esa distancia.
   La justicia será devuelta al fútbol cuando los repartos sean más equitativos, las sociedades anónimas menos voraces, los dirigentes más profesionales y el fair play financiero se aplique de verdad. Todo lo demás es más mediático que efectivo. Como el VAR, que hasta ahora no ofreció mayores beneficios y sí amenazó con atentar contra el espíritu del juego.

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