Ovación

Una obra muy esperada que superó el examen

El gobierno provincial cumplió su promesa con los trabajos afuera y adentro de la pista.

Lunes 06 de Mayo de 2019

Rondaba los 80. Apoyado sobre la baranda de una de las tribunas tubulares ubicadas por primera vez sobre el talud del curvón, una vez apagado el último ruido de motor se fue lento apoyado en el brazo de su hijo cincuentón, con brillo en los ojos, pisando muy despacio porque el barro tendió trampas a los apurados. Y se escuchó al pasar: "No puedo creer haber visto al TC acá. No sabés lo que era el circuito cuando lo inauguraron y ahora esto". Sí. Cómo no entender a ese tuerca que lo vio todo. Si en aquel 1982 el "Ciudad de Rosario" medía apenas 1.400 metros, cuando lo reinauguraron por primera vez en el 93, pasó a los 2.595; en 2017, cinco años después de la tercera inauguración y ya rebautizado Juan Manuel Fangio, trepó a los 3.400 para que venga el TN y este fin de semana se estrenó el último definitivo alargue para llevarlo a los 4.000, con lo se que se cumplió el sueño imposible de que el Turismo Carretera llegara a Rosario.

Pensar que en diciembre de 2013, Ardusso estuvo a punto de quedarse con el privilegio de ser el único piloto en acelerar un TC en el Fangio, cuando invitó a sus sponsor a dar una vuelta con un Dodge del MVD Competicion pero el motor se paró y tuvo que cancelar. Por entonces, pese a los buenos esfuerzos para poner en marcha el Fangio en 2012 después de ocho años de abandono, era una utopía pensar que la máxima categoría llegaría a la ciudad. Ni puente peatonal tenía la pista. Pero también eso se hizo, el nuevo alargue del 2017 que posibilitó el arribo del TN encendió la esperanza y la última inversión gubernamental cumplió en cinco meses la promesa. Y el Flaco giró en un TC en Rosario.

Y no sólo eso. Hasta la lluvia de ayer puso a prueba las bondades de lo realizado y, pese a algunos inconvenientes traducidos en demasiado barro a la hora de un despiste (en la final del TC hubo 4 pace car y por eso se terminó por tiempo) y en los sectores de circulación de peatones, la pista realmente impactó positivamente. Por su ancho, por la velocidad final alcanzada al llegar a la curva 2, por su drenaje, los pianitos y las protecciones, por el primer curvón que perdió peralte y adrenalina pero ganó en seguridad y una estética general bien definida pese a que se notó que la obra recién se terminaba.

Pero también aprobaron los trabajos alrededor del circuito para el público. Se agregaron muchas tribunas, como las tres privilegiadas sobre el talud del curvón, otra ubicada sobre el alargue, varias más en la zona de boxes, más altas inclusive que las tubulares que solían armarse, y una más VIP entre las curvas 8 y 9, donde estuvieron los funcionarios y autoridades del circuito. Además, otra gran novedad fue que se instalaron dos pantallas gigantes frente al curvón y boxes para seguir las alternativas en todo el circuito.

Por supuesto que todo es mejorable, pero la largamente esperada apuesta del Fangio por el TC superó las expectativas entendiendo los contextos. Y el público respondió de igual manera, colmando todas las instalaciones. En un contexto de crisis económica general y pérdida del poder adquisitivo de la gente quedó claro que el espectáculo del automovilismo de nivel en Rosario puede ser además un buen negocio para los organizadores.

Darle más vida, hasta extraautomovilística, cerraría el círculo del renovado Fangio. Para que esta histórica visita del TC no sea sólo el fin sino un principio.

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