Ovación

Una locura sin fin de los hinchas canallas en Alta Córdoba

Los hinchas pasaron de la resignación a un carnaval interminable en Alta Córdoba por una clasificación heroica a semifinales.

Martes 24 de Octubre de 2017

"Locura sin fin", rezaba una de las tantas banderas colgadas en la popular de Instituto, en este caso detrás de una de las cabeceras. Ese trapo reflejó quizás como ningún otro las sensaciones increíbles, la ruleta rusa que vivieron anoche en Alta Córdoba después de lo que parecía una despedida anunciada se transformara en un festejo interminable, en una epopeya futbolística y la clasificación a las semifinales de la Copa Argentina.

Esas miles de almas que fueron copando las tribunas asignadas en la vieja cancha de Instituto no pudieron creer cómo de entrada parecía escurrírsele el sueño, cómo el final del primer tiempo los encontró rezando prácticamente por un milagro y cómo al fin los jugadores, ningunos seres divinos, les dieron respuesta a la plegaria con un segundo tiempo increíble que les hizo estallar el corazón de algarabía.

El barrio de Alta Córdoba transformó su fisonomía en un lunes como cualquier otro. Mientras algunas escuelas no dictaron clases, otras sí lo hicieron, y por eso pudo verse, mezclados en el camino a la cancha, a las madres con sus hijos con guardapolvos en el medio de simpatizantes canallas y tombinos que en algún momento coincidieron sin problemas rumbo al estadio.

El sol a pleno, el césped que se veía muy bien y tribunas repartidas como sólo puede darse en esta Copa Argentina, enmarcaron un lunes a la tarde atípico y en el que prevalecieron en número claramente los auriazules, muchos de los cuales arribaron sobre la hora, en especial los micros con los hinchas "caracterizados", como alguna vez los llamó un juez que buscó erradicar el problema barrabrava.

Pero cuando al equipo se le venía la noche y realmente se vino en el cielo cordobés, lo que nadie pensaba empezó a ocurrir. Primero fue el golazo de Camacho, luego el de Carrizo que terminó en una pierna y luego, quien sino, el del goleador Zampedri que estaba en el banco. Ese grito y el pitazo final de Penel desataron una locura tremenda en las tribunas de los hinchas que volvieron a Rosario pletóricos de felicidad, no sin antes festejar hasta que las luces se apagaron, esta locura sin fin.

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