Ovación

Una golondrina no hace verano

Los excelentes resultados obtenidos por Central desde la asunción de Fernández son apenas un paliativo en un semestre con saldo negativo: el equipo quedó lejos de las metas trazadas

Miércoles 13 de Diciembre de 2017

Los excelentes resultados obtenidos por Central desde la asunción de Fernández son apenas un paliativo en un semestre con saldo negativo: el equipo quedó lejos de las metas trazadas

Las últimas imágenes que entregó el semestre futbolístico en Central fueron de las mejores. Una victoria antes de arrancar con las vacaciones no es poca cosa, y que ese triunfo sea ni más ni menos que en un clásico, más todavía. Pero esa enorme alegría no debiera tapar lo que fue el semestre canalla, en el que las espinas y las rosas tuvieron un duelo particular y en el que las primeras tuvieron un mayor peso. No en vano se llegó a un cambio de entrenador, más allá de que en la recta final de la primera parte de la Superliga hayan aparecido, de la mano de Leo Fernández, los primeros y grandes triunfos en el torneo. Es que para llegar a eso antes tuvo que haber un terreno infértil desde lo futbolístico, con resultados que nada tuvieron que ver con la inversión millonaria realizada. Por eso, el elocuente e inocultable contraste entre aquellos sinsabores y esta alegría inconmensurable que generó el ajustado pero justo 1-0 frente a Newell's.

Hoy la prioridad en Central está en un punto claro: la confirmación de Leo Fernández como técnico oficial y no ya como interino. Ya está decidido que sea él y sólo falta oficializarlo, algo que ocurrirá entre mañana o pasado (ver aparte), pero inmediatamente después de eso será tiempo de realizar un balance, necesario por cierto, para ver dónde estuvieron los errores y también los aciertos y, lo fundamental, determinar cuál tuvo más peso. Ni más ni menos que el ejercicio que se hace al término de un proceso de trabajo.

Que la sentencia entregue un resultado con saldo negativo no tiene que ver con un apresuramiento en el análisis. Porque el semestre canalla se puede auditar de muchas formas, pero las conclusiones serán siempre parecidas. El dato incontrastable de que debió llevarse a cabo un cambio de entrenador está ahí, a la vista de todos. Y, se sabe, cuando ello sucede es porque las cosas no funcionaron.

Aunque con un partido menos (el postergado contra Independiente), Central finalizó el año en el puesto 22º. Es cierto que puede pegar un salto importante y ubicarse bastante más arriba en la tabla, pero primero deberá sumar los tres puntos contra el rojo, cuando le toque. Este es el contexto que ubica al canalla entre aquellos clubes a los que no les fue bien.

Es imposible entrelazar los datos que hablan de un flojo semestre sin tener en cuenta cómo diagramó Central esta segunda parte del año, qué tipo de inversión hizo y qué resultados obtuvo. Es que todo comenzó con el armado de un plantel, que en su momento consideraban importante, con pedidos expresos de un Paolo Montero que había logrado darle forma a un equipo que, en el torneo local, Coudet había dejado maltrecho. Fue así que apareció una nueva inversión millonaria en el medio para afrontar sólo la Superliga y la Copa Argentina.

Entre esas dos competencias apareció rápidamente un contraste que condujo a un camino en el que Montero comenzó a caminar por una cornisa que a cada paso se hacía más angosta. Porque pese a algunas pocas producciones más o menos aceptables en el torneo local, todos los huevos fueron rápidamente a la canasta de la Copa Argentina. A tal punto que el propio técnico uruguayo fue quien condicionó su continuidad en el club a los resultados que obtuviera en ese torneo.

Ante la mínima duda de parte del técnico, que fue tras la dura derrota contra Banfield, la dirigencia pudo haber optado por pegar un golpe de timón y cambiar el técnico, pero la decisión (no unánime por cierto) fue la de bancar al ex defensor de Juventus. Se sabía que cuando el equipo finalizará su participación en Copa Argentina también se iba a dar el alejamiento de Montero. Podía ser con el rótulo de campeón o no. Y fue la segunda alternativa.

Por eso los partidos contra Boca, Godoy Cruz y Atlético Tucumán cobraron una relevancia extraordinaria. Es que estaba en juego no sólo la suerte del equipo, sino la del propio entrenador. En el mientras tanto, la dirigencia se exponía cada vez más a aceptar que el equipo fuera un fiasco en la Superliga por la simple razón de que cada partido que ganaba en la Copa Argentina lo acercaba al título.

El viaje a Formosa fue lo último para Paolo y a los dirigentes se les desmoronó una estantería que ya venía tambaleando. Cambio de técnico obligado, en el que la decisión fue apostar por un interinato de alguien del club y no una enérgica salida al mercado para contratar a alguien de mayor renombre.

Los millones de dólares invertidos ya no tenían razón de ser. En ese mismo momento ya había lugar para un dictamen negativo. Pero no sólo por no haber alcanzado la final de la Copa Argentina (mucho menos por no ser campeón), sino porque el equipo estaba hundido en la tabla de las posiciones en la Superliga. "No estamos atravesando una crisis, sino un momento de malos resultados", fue la respuesta de parte de la dirigencia en una entrevista con este diario en la que intentaron explicar ese presente infructuoso.

La lógica aparición de Leo Fernández no formaba parte de una estrategia sesuda para reparar todos los errores cometidos hasta ese momento. Sólo era cuestión de remar hasta la orilla para impedir que las turbulencias del agua no continuaran haciendo mella. ¿Hubo optimismo? Sí. A tal punto que varias voces consultadas le confiaron en su momento a Ovación que si Leo Fernández cosechaba como mínimo ocho puntos de los 12 que debía disputar el equipo tenía muchas chances de continuar al frente del plantel, lo que parecía una apuesta demasiado osada para lo que Central había mostrado hasta ese entonces. El propio Fernández les dijo a los dirigentes que sentía que alcanzar esa meta era posible. Un pensamiento lógico e innegociable en la previa de asumir el mayor desafío de su carrera deportiva.

Y todo lo que el equipo no había respondido con Montero sí lo hizo con el nuevo entrenador, quien se encargó de poner en marcha un plan futbolístico acorde a lo que la situación ameritaba.

Los resultados aparecieron en su plenitud y fue eso lo que hizo que Leo Fernández se trasformara en el gran ganador, amén del terrible oxígeno que encontró la dirigencia con esos tres triunfos (Talleres, Boca y Newell's) seguidos.

Pero, como suele decirse, una golondrina no hace verano. Porque el buen tiempo que se disfruta hoy en la entidad de Arroyito nada tuvo que ver con una situación planificada ni mucho menos. Fue por necesidad y como consecuencia de muchos días de tormenta en un lapso en el que Central había depositado sus ambiciones en un sitial mucho más alto y que indudablemente no alcanzó.

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