Una goleada para el Tata
Tras la muerte de su padre y antes de viajar a Rosario para despedirlo, Martino dirigió el debut con goleada 4 a 0 de Barcelona sobre Ajax de Holanda en la Liga de Campeones de Europa.  

Jueves 19 de Septiembre de 2013

Hay partidos difíciles. Duros. Incómodos. Hay partidos que se deben preparar y disputar desde el dolor. Y con dolor. Hay partidos, sea como jugador o como entrenador, que son complicados de afrontar. Y ahí aparece el temple. La profesionalidad. El amor propio. El corazón. Y el sentido de la responsabilidad colectiva. Son partidos que se salen a jugar con los dientes apretados. Con el rostro serio. Y con los conceptos claros a pesar de todo. Gerardo Martino vivió quizás los días mas tristes de su vida. La muerte de su padre lo encontró en este lado del mundo y en la previa del estreno de su Barcelona ante Ajax de Amsterdam por la primera jornada de la Liga de Campeones. Y él le hizo frente a la situación. Se quedó a dirigir a su equipo en vez de tomar el primer vuelo a Rosario. Y el equipo no lo defraudó. En una demostración de compromiso, Barcelona goleó por 4 a 0. Un triunfo con dolor. Un triunfo sin festejo desmesurado. Un triunfo, más que nunca, dedicado al entrenador.

Brazaletes negros en los jugadores blaugranas. Seriedad en los rostros. Miradas de compromiso. Primer partido de Champions. Había que ganar. Por muchos motivos. Pero especialmente por uno. Por ese entrenador que decidió quedarse. Por ese técnico que en un momento duro dio la cara. Porque a este Barcelona se le está exigiendo mucho. Porque este Barcelona aún no encontró su fútbol brillante y dominador de años anteriores. Y por eso el entrenador decidió estar junto a sus dirigidos.

Suena el silbato. Empieza el juego. Martino se pone de pie. Con el mismo énfasis de siempre. Sólo piensa en su equipo. Da indicaciones. Habla con Mascherano. Con Piqué. Con Alves. Se cruza los brazos. Se acomoda los lentes. Sufre porque su equipo no está siendo dominador. Sufre porque hay cortocircuitos. No hay demasiada conexión ofensiva. Y hay mucha desconexión defensiva. Pero en ese contexto de fútbol desordenado y de bajas calorías de la primera parte aparece Messi y clava un golazo de tiro libre que enmudece a los más de dos mil holandeses que estaban copando el Camp Nou. Gol. Gol que Martino festeja con bronca contenida. Gol que Messi grita con fuerza. Y que unos segundos después de la euforia se lo dedica al entrenador levantándole el pulgar de su mano derecha. Un gesto. Un detalle. Un símbolo del compromiso.

Y fue Messi quien volvió a aparecer en el segundo tiempo. Fue el gran Messi con una definición exquisita y tras un contraataque iniciado por Busquets quien pareció decirle a Martino: "Tata, aquí estoy, aquí estamos". Fue el 2 a 0. Fue el gol de la tranquilidad en una noche especial. Complicada. En una nueva noche donde se rendía examen y en la que el entrenador puso la cara a pesar de la adversidad. Luego llegó el festival. El gol de Piqué. Otro de Messi. Un penal atajado por Valdés. Y un homenaje al entrenador.

Hay ocasiones en las que al fútbol se lo debe analizar desde un punto de vista diferente. Anoche fue una de esas. Fue un partido que se debía jugar con dientes apretados. Y se debía ganar. Fue una noche difícil para el entrenador y para sus dirigidos. Fue un partido para demostrar el sentido de la responsabilidad. Del compromiso. Y se cumplió. En lo futbolístico quedan muchas cosas por mejorar. Pero ese análisis, en una noche como la de anoche, es mucho mejor dejarlo de lado.

Suena el silbato. Es el final del partido. Martino se saca los lentes, se abraza con Frank De Boer, el entrenador de Ajax y ex jugador del Barsa, y se mete en el túnel de vestuarios. Está serio. Fue una noche difícil. Pero cumplió. El show debe continuar.