Viernes 15 de Abril de 2022
A este Central le sale todo mal y sigue sin dar en la tecla en medio de la recuperación futbolística. Ni siquiera se las arregla para levantar un poquito la cabeza cuando el rival hace poco y le entrega algunas licencias. Porque algo de eso le pasó anoche en el Minella a este Central de Somoza, que hizo las cosas como para no perder pero que sufrió, una vez más, el resultado que lo persigue a sol y a sombra: la derrota. Pareció injusto el 0-1 que le propinó Aldosivi, pero en definitiva fue la cosecha que se llevó de La Feliz por esa poca capacidad de reacción.
Central se debatió entre el orden y la liviandad en los primeros minutos del partido, donde propuso buscar siempre, pero a un ritmo con el que no podía lastimar a Aldosivi. Porque el Pupi Ferreyra nunca pudo transformarse en conductor y el resto tampoco mostraba desnivel. Igual, le propuso un partido demasiado parejo al tiburón, que de a poco fue entendiendo que el negocio era por las bandas.
Y Central, fiel a su estilo, no podía no dejar de cometer un error que terminara en gol. Ojeda dio una y mil vueltas en mitad de cancha, la perdió y el pase profundo a Mosquera terminó con una grosera falta de Báez. Penal y gol de Cauteruccio. A remarla otra vez, pero desde ahí con el resultado ya adverso.
Lo bueno que tuvo Central es que no acusó el golpe, no se amilanó. Propuso lo que venía haciendo y hasta con algo más de enjundia, pero exponiéndose mucho cada vez que lo atacaban por afuera. Es que Palermo propuso un equipo ancho, con Mosquera por derecha y Morello por izquierda y así a Banco y Martínez era difícil hacerles el 2-1, porque ni Infantino ni Montoya retrocedían a la velocidad que el juego requería. Por eso hubo un par de acciones en las que Aldosivi pudo estirar la ventaja (Braian Martínez estrelló un remate en el palo derecho de Servio).
No obstante, el canalla tuvo lo suyo, sin demasiada claridad, pero sí con aproximaciones interesantes. La más clara fue ese remate de Komar que se fue alto luego de que ni Gamba ni Veliz pudieran conectar un córner de Blanco. Y después una mediavuelta de Gamba dentro del área chica que Devecchi salvó con los pies, tras buena acción de Montoya.
Todo lo que pasó en el segundo tiempo fue de la mano de lo que propuso Central. Porque Servio tuvo que intervenir en una sola jugada, que terminó en gol de Cauteruccio, pero que fue invalidada por Mastrángelo por off side. Es decir, Central manejó pelota, terreno, tiempos, todo, pero todo eso fue en vano.
Fue saludable esa versión mejorada del canalla en esa segunda mitad del partido, pero suele ocurrir que de nada sirve cuando la supremacía no se traslada al resultado. Es que Central intentó ser un equipo más dinámico, más agresivo y por momentos lo logró, pero no le alcanzó.
El remate cruzado del Pupi Ferreyra que lamió el palo izquierdo de Devecchi pudo cambiar la historia, pero no pasó de eso, de una aproximación más, como tantas otras. Las cosas ni siquiera cambiaron para mejor cuando Somoza decidió hacer un cambio que pareció extraño: Caraglio por Montoya, porque hubo todo un reacomodamiento de piezas, con Gamba haciendo las veces de enganche, que tampoco resultó.
Igual, Central, a su modo, intentó someter a un Aldosivi que, extrañamente, resignó el protagonismo, pero el tema es que no hubo un avasallamiento tal que evitaran los futuros lamentos. Es cierto, llegó ese cabezazo del Pupi Ferreyra que le desviaron justo y esa jugada del final en la que Báez conectó el centro del Chipi Frías y Caraglio no alcanzó a impactar después.
Ese fue el final de un partido en el que Central cometió menos errores que en partidos anteriores, pero que cuando se equivocó feo, lo pagó caro. Quizá el castigo de la derrota en esta ocasión haya sido exagerado, pero es algo a lo que este equipo se está acostumbrando a vivir.