Ovación

Una canalla es la directora del museo inca de Salta

Gabriela Recagno Browning es directora del Museo de Arqueología de Alta Montaña “y fanática de Central”. En Rosario trabajaba en el Museo Histórico.

Viernes 23 de Octubre de 2015

La oficina principal del tercer piso del Museo de Arqueología de Alta Montaña tiene la puerta abierta. Ni bien se escucha el “buen día” por parte de los enviados de Ovación a esta ciudad a una secretaria, que estaba concentrada en su rutina, asoma como de la nada la figura de Gabriela Recagno Browning. “Hola, ¿cómo andan?”, saluda con efusividad esta rosarina directora del recinto que se destaca, entre otras cosas, por exhibir a los Niños del Llullaillaco (ver aparte). “Con mi esposo Guido y nuestro pequeño hijo Lorenzo, que nació acá pero es rehincha canalla, no vemos la hora de ir a la cancha”, acota esta fanática de su profesión “y de Central, por supuesto”.

No hizo falta formular ninguna pregunta de entrada. Gabriela se encargó de hacer el prólogo y luego pasó a contar su historia de vida auriazul, además de oficiar de guía más tarde por el museo.

“En Rosario vivía en el centro. En Balcarce, entre Mendoza y San Juan. Estudié en la Facultad de Humanidades, pero me vine hace 12 años a esta ciudad. Aquí conocí al que ahora es mi esposo y me radiqué en este lugar, que es hermoso desde todo punto de vista. Allá me quedó una hermana, mientras que los otros están en Córdoba”, afirma sin pausa.

Sobre su profesión, que se percibe a simple que la lleva en las venas como los colores auriazules, dijo: “Empecé a trabajar en investigación, y desde hace cuatro años que soy la directora de este maravilloso lugar”. Luego se mete de lleno en el universo canalla. “Cuando me enteré por mi hermano que venía el equipo acá, no lo podía creer”, comenta mientras luce una camiseta “que es de mi hijo y me la prestó para la foto por las dudas”.

“Mi nene se hizo loco por Central en realidad por su padrino Juan. Lo evangelizó. Así que seguimos con la tradición”, acota para luego remarcar con energía y orgullo: “Vieron que acá somos varios centralistas. Estamos por todos lados”.

Gabriela también contó que “cuando vivía en Rosario iba a la cancha casi siempre. Pero ahora será especial porque iré con mi familia. También estoy ansiosa porque será la primera vez que Lorenzo verá a Central. Seguro que cuando esté en el estadio, me brotaré y gritaré con furia porque soy muy hincha. Como todos los canallas en realidad. Ojalá coronemos la temporada con algo porque este equipo y la gente se lo merecen. Desde ese punto de vista, soy muy optimista”, cerró la directora.

Los Niños de Llullaillaco

Gabriela está al frente del museo que está emplazado en pleno centro salteño y es uno de los tres más visitados del país por su importancia. Pero tiene una particularidad. Cuenta entre sus obras con una colección única en el mundo y que conmovió al planeta. “En realidad contamos con el hallazgo más importante de los últimos años a nivel arqueológico. En 1999 se encontró en la cima del volcán Llullaillaco, que está en el norte de esta ciudad a casi 7.000 metros del nivel mar y casi pegado a Chile, tres cuerpos de niños incas (La Doncella, El Rayo y El Niño), que datan de 500 años, juntos a sus objetos, que fueron ofrendas hechas por los incas a los dioses”, explica la directora con la misma pasión que cuando habla de Central, pero ahora con un elevado nivel catedrático y contundente.

“Vienen de todas partes del mundo para ver a los niños”, acota la directora, quien además confesó que “la provincia le da mucho valor a la cultura en esta ciudad. Nos apoya permanentemente. Hay un política cultural, pero sobre todo se apunta a tender lazos con las comunidades originarias, esas mismas a las que a lo largo de la historia no se les ha dado la importancia y el valor que realmente merecen, como también que sea un canal de inclusión”.

En relación con las tres momias dijo que fueron halladas en perfecto estado de conservación “por el frío intenso natural de la montaña, sumado a que las cenizas del volcán tienen un componente que ayuda a la preservación, entre otros factores”.

Los cuerpos de los niños son una tentación permanente para el público. La Doncella tiene entre 14 y 15 años; El Rayo, seis, y El Niño, 7, son ahora conservados mediante criopreservación, que es una técnica novedosa que ideó una empresa nacional. “Tienen un valor incalculable para la humanidad. Ni hablar para los pueblos originarios y los que amamos la arqueología”, concluyó Gabriela.

La pasión

“Cuando viene gente de Rosario pregunto si son de Central o Ñuls. A los canallas les digo que pasan gratis, mientras que a los otros le cobro doble. Obvio que es una broma, pero es una forma de interactuar con los otros esta pasión que es el fútbol”.

El fanatismo en el trabajo

“Cuando trabajaba en el Museo Histórico de allá, que está justo cerca de la cancha de ellos, les proponía a los chicos que sabía que eran de Newell’s un juego con los de Central. Obvio que a ellos les preguntaba por temas vinculados con la arqueología, y no podían quejarse. Me miraban con carita y les ponía cero. A los chicos canallas les ponía diez. Siempre ganábamos. Eso sí, cuando se iban les decía que todo había sido una broma”.


 

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