Ovación

Una caída plasmada desde el arranque

Central penó con su formación y eso rápidamente se trasladó al resultado. Después, pese al esfuerzo y situaciones propicias, no pudo revertirlo en la noche del bosque platense.

Martes 30 de Enero de 2018

Hasta acá llegó el amor. Es una forma de graficarlo. La primera caída de Central con Leonardo Fernández al mando no merece ser tan drástico. Pero sí para poder situarla en el punto justo. Al cabo, tuvo toda la lógica de tantas ausencias y de la imposibilidad de lograr suplantarlas en forma acorde. Y aunque las disimuló en el transcurrir, el 2 a 1 con el que lo venció un Gimnasia que seguramente no descollará en la Superliga tomó forma casi de entrada, desde la propia formación canalla y desde que empezó a expandirse en el campo de juego.
   Lo cierto es que antes del minuto (40 segundos), y pese a haber sacado del medio, Gimnasia llegó a la red. El chileno Parot nunca supo si debía ser zaguero o lateral, perdió la pelota en medio de sus dudas y el centro de Niell fue bien bajado para que Bonifacio, al que todos creían que arrancaría de tres y lo hizo de volante derecho, la empujara a la red. Un verdadero mazazo.
   Fue tan al mentón el gol de Gimnasia que Central quedó muy aturdido. Y volvería a ser sorprendido poco después de la mitad del primer tiempo, cuando no había ninguna reacción. Córner de Alemán, en distracción con Dibble, y Colazo entró por el otro palo totalmente solo para conectar de zurda a la red. Entonces, era la crónica de un final casi anunciado.
   Pero así como el Lobo lo madrugó, Central devolvió la mano cuando parecía noqueado, aprovechando el clima festivo local en medio del inmejorable debut del Colo Sava. Lioi tomó un despeje y con sabiduría puso el descuento en la cabeza de Herrera. El aturdido pasó a ser Gimnasia. Tanto que enseguida Zampedri estrelló su primer cabezazo de la noche en el palo izquierdo de Arias, lo que debió ser el empate prematuro.
   Después del golpe por golpe, el partido entró en el trámite de la lógica. El de un equipo local acicalado por el debut en el banco de un querido hombre de la casa pero con enormes limitaciones. Y un Central que no pudo largar el lastre de las dudas de su improvisada defensa, que puso en práctica ese ADN de protagonismo que hace rato lo identifica, empujado por la necesidad claro, en la que todo era posible.
   En esa búsqueda canalla otro buen inicio de jugada del pibe Lioi terminó en un centro de Fernández y un nuevo cabezazo, esta vez muy solitario, de Zampedri en el palo (el derecho esta vez, con rebote en la pierna de Arias incluido) y una contra de gol de Niell fue parada magistralmente por Luciano Recalde, en la mejor intervención de una noche de vacilaciones lógicas. Como las de Parot en un puesto que no es el suyo. O las de Gil, en un puesto que sí lo es.
   Empujó hasta el final Central. Tanto es así que incluso forzó córners. Vendió cara la primera derrota de este ciclo. Pero al fin terminó decantando razonablemente en un contexto de tantas desventajas previas, al desnudo desde el vamos.

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