Ovación

Un viaje a la previa del choque ante Paraguay

El plantel argentino espera con marcada confianza el partido de mañana en Concepción por las semifinales de la Copa América.

Lunes 29 de Junio de 2015

Las sonoras olas del Pacífico apenas amagan con hacer más llevadera la espera. Pero ni la residencia paradisíaca donde se encuentra concentrada la selección argentina en las afueras de Viña del Mar logra sujetar la ansiedad. El hotel Radisson Concón es testigo silencioso de que la expectativa ya comienza a jugar su propio partido. Las horas que separan al enfrentamiento contra Paraguay por las semifinales de la Copa América caen como láminas para matizar la cuenta regresiva. Y ahí están los jugadores y el cuerpo técnico, con Martino a la cabeza de la tropa, con la atrapante misión de lograr que el objetivo no tome bifurcaciones. Todos confían más que nunca en la transmisión de los conceptos desde una mística cocinada puertas adentro.
  Si bien aventurar lo que ocurrirá mañana ante Paraguay en Concepción es cosa de adivinos, al plantel argentino no le cayó del todo mal toparse de nuevo contra los soldados rudos de Ramón Díaz. Esto no quiere decir que el partido se deslizará por un tobogán de facilidades para Argentina, pero en la delegación nacional todos están medianamente convencidos de que tener de nuevo enfrente a Paraguay abre de par en par el portón de la ilusión para jugar la final.
Sobre todo porque creen que siempre es preferible evitar a Brasil en los choques que son sin medias tintas. Por aquello de que un Argentina-Brasil está llamado a ser de otra dimensión pues se trata de un clásico sin tiempo, que se especializa en dejar huellas imborrables en lo futbolístico y anímico.
  En cambio, lo especial que sugiere jugar contra Paraguay es que Argentina llega como favorita.
  Alguien con razón alguna vez dijo que el mundo del fútbol no está cerrado para las eventuales sorpresas. Y torneos como la Copa América o el Mundial siempre fueron campos explorados por resultados inesperados, pero igual siguen existiendo los equipos ricos y pobres.
  Y Argentina está entre las selecciones ricas. De eso no hay dudas. Mientras el conjunto de Martino es como un gran parque temático, ya que si se recorre su formación abundan las jerarquías individuales y calidades técnicas, Paraguay no tiene para tirar manteca al techo. Así y todo, el desafío no tiene nada de sencillo para Argentina. Se avecina un trámite que seguramente le demandará una concentración extrema a la selección.
  Los jugadores argentinos nunca harán públicas las notorias diferencias que existen entre uno y otro equipo, pero se agarran de una situación vivida para soñar con que llegar a la final es posible. Todos procesaron con la fuerza de un escarmiento lo que ocurrió hace unas semanas en el empate en La Serena. Por más que el partido de mañana se rija por las coordenadas “del me quedo o me voy”, a nadie le escapa que la propuesta guaraní será la conocida.
  Además aquel empate en el debut activó los resortes revanchistas en los futbolistas nacionales. Es que para la mirada fisgona de la crítica, Argentina dejó aquella vez que le sacaran dócilmente la comida de la boca. Ahora eso no puede volver a pasarle porque el castigo será lacerante. Nada menos que quedarse en Concepción para disputar el encuentro consuelo por el tercer y cuarto puesto.
  Si algo hizo Martino desde el instante en que se consumó la gesta heroica paraguaya de eliminar a Brasil fue revisar las anotaciones y los videos que lo persiguieron con malicia las horas posteriores a la igualdad en el estreno por el grupo B. En ese momento el Tata entendió que Argentina había jugado un primer tiempo bastante completo, aunque luego reconoció en rueda de prensa que le faltaron goles para darle más sustento al dominio. Ya inmiscuido en lo que viene, el DT rosarino todavía no se armó en la imaginación un encuentro de similares características. No porque no crea que Paraguay jugará con el corte en el medio como premisa y que estirará como chicle cada jugada en ofensiva que tenga. La presunción del Tata, aunque lejos está de ser su deseo, se apoya en que no avizora un desarrollo de tantos goles como el de La Serena. Primero por la instancia que se juega y después porque Argentina y Paraguay no convirtieron tanto en lo que va disputado en la copa. De hecho, los guaraníes anotaron cinco veces y Argentina cuatro.
  Este dato es un claro ejemplo de que las estadísticas no siempre encierran la verdad del análisis ni sirven para entender la mecánica de un equipo. Porque por escándalo Argentina generó más situaciones de riesgo que Paraguay, pero es evidente que por Ospina o por lo que sea falló en la zona donde se definen las cosas.
  Para Martino, el carbónico en el que podría reflejarse el partido de semifinales es el que disputó el viernes contra Colombia en el estadio Sausalito. De ahí que en cada charla grupal o en esas conversaciones de ocasión a las que siempre invita el golpeteo de las aguas contra las rocas les insiste a sus muchachos con lo que se van a encontrar. Les adelanta, entre otras cosas, que será contra un ejército de piernas paraguayas dispuesto a darles todas las batallas.
  Mientras tanto, la única que sabe si el Tata anda con ganas de tocar alguna pieza es su almohada. No sería extraño que refuerce la zona media con la inclusión de Banega por Pastore, un cambio que siempre paga para llenar los ríos de tinta de los diarios o medios radiales y televisivos que están apostados en tierras trasandinas.
  El estado de tensión que genera jugar una semifinal de Copa América hace que la espera se torne ingobernable. Lo bueno es que la vigilia que atraviesa al plantel argentino se traduce en buen humor. Hay ganas de que el momento de salir a la cancha llegue lo antes posible para poder establecer las marcadas diferencias que hay en una selección que vino a lograr el título y otra que debe darse por satisfecha de haber llegado hasta la última semana de la competencia.

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