Ovación

Un título por obra y gracia del Patón

Bauza logró lo que muchos no pudieron. En su retorno al club que lo formó como futbolista y técnico consiguió ser campeón.

Viernes 07 de Diciembre de 2018

"Vení, vení, canta conmigo, que un amigo vas a encontrar, que de la mano del Patón Bauza todos la vuelta vamos a dar". Tembló el Malvinas Argentinas en medio del festejo alocado de los hinchas mientras los jugadores llevaban su ofrenda de un lado al otro de las tribunas. Central es campeón de la Copa Argentina, pero quien se atreva a dudar de que el gran ganador en esa locura que Arroyito desató anoche a orillas de la cordillera fue Edgardo Bauza seguramente se equivocará. El Patón le dio el campeonato a un canalla que buscó incansablemente el título en los últimos 23 años y que en los últimos cinco estuvo muy cerca. El técnico nacido en Central, el que había sido campeón dos veces como jugador, el que se fue por el mundo a sumar experiencia y también títulos, un día volvió al pago que lo vio nacer y en un abrir y cerrar de ojos, en apenas seis meses, logró lo que otros tantos no pudieron. Y es el primero en consagrarse campeón en Central como jugador y técnico.

Para qué poner de relieve el poco fútbol que tuvo Central desde la llegada del Patón. No es necesario por estos días. Es un análisis totalmente inviable. No cuenta hacer referencia a la imposibilidad de dar dos pases seguidos como muchas veces sucedió. Con el título bajo el brazo el canalla puede hacer alarde de su condición de campeón con un técnico que, a esta altura ya no caben dudas, de competencias cortas y básicamente de instancias definitorias se la sabe lunga. Lo que logró ayer ya lo había hecho en otros clubes.

Bauza

Aquellas palabras en la conferencia de prensa, cuando fue presentado, en la que solicitó algunos refuerzos pero en la que machacó sobre la idea de que su objetivo era mejorar la campaña anterior y bajar los 41 goles en contra que el equipo había sufrido, hoy parecen desubicadas. O más bien una nimiedad en relación a lo que su equipo iba a lograr algunos meses después. Desde anoche su nombre se grabó a fuego en la historia grande de Central.

Había pocos hijos de la casa dando vueltas para comenzar un nuevo ciclo. La dirigencia puso el ojo en él, tiró toda la artillería en el momento de contratarlo y lo repatrió. Justo él fue el encargado de darle al club la máxima alegría en las últimas dos décadas.

Había una cruz que pesaba sobre la tremenda espalda de Bauza. Era que como técnico nunca le había podido ganar a Newell's. Quizá haya sido eso lo que siempre hizo que muchos hinchas nunca pudieran abrirle demasiado lugar en sus corazones. En medio del derrotero por Copa Argentina le tocó nada menos que pararse frente al rival de toda la vida. Y le ganó. Es más, fue uno de los dos partidos que el canalla pudo ganar en los 90' (el otro fue a Juv. Antoniana de Salta).

Desde ese momento su figura ya tenía más adeptos. Pero había un camino aún por recorrer para llegar al título. Su equipo siguió jugando a media máquina. Pero avanzando. Y llegó la final, en la que el fútbol nuevamente estuvo ausente, pero esta vez sí hubo final feliz.

Hubo chances para otros técnicos identificados con los colores de Arroyito. Miguel Angel Russo y Eduardo Coudet quedaron ahí nomás de la consagración pero no pudieron. La historia le tenía reservado a Central un lugar de gloria. Esa gloria fue obra y gracia del Patón Bauza.

"¿Le podemos dar un aplauso al equipo? Me parece que se lo merece", fue la frase de Bauza en el campo de juego, cuando el animador del espectáculo lo convocó para que dijera algunas palabras. La respuesta de los hinchas fue instantánea: el aplauso atronó en el Malvinas Argentinas.

El título, la clasificación a la próxima Copa Libertadores, la alegría sin fin. Todo eso fue lo que desató la definición por penales frente a Gimnasia de la mano de un técnico a quien nunca le tembló la voz para decir y repetir "no practicamos penales".

Bauza volvió un día a Central para hacer pata ancha como tantas otras veces lo había hecho en otros clubes. Esta vez tiene un sabor especial. Porque la consagración de ayer valdrá más que la de Liga de Quito e incluso la Libertadores con San Lorenzo. Es que fue con su Central querido, el de su alma, el que lo vio campeón como jugador y que desde anoche ya lo tiene como campeón como técnico.

Y va a seguir. Su continuidad no está en duda como pareció decir el martes y corrigió el miércoles.

Es más, desde ayer en Arroyito, Central y el Patón es un solo corazón.

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