Ovación

Un tipo que se ríe de lo que ama

Pedro Saborido, guionista de Diego Capusotto, publicó un libro desquiciado. Dice que puede hacer humor con el fútbol, el rock y el peronismo, porque son tres "bestias" que valora

Jueves 21 de Diciembre de 2017

La cosa empieza así, un tipo se encuentra con su ídolo futbolístico con valores humanos que dan asco. Es "un besador de culos de ricos: El tío Tom del poder concentrado del fútbol". Continúa con el palpador de entradas de la cancha, Antonio Lafurcia, el que detecta como ninguno desde un adoquín hasta una urticaria y un cálculo renal. Sigue con Sarlanga, el técnico que dice que los jugadores son "carne de vanidad, soberbios con 4x4" a los que les baja los humos con estrategias casi delictivas. Insiste con las metáforas, más difíciles que las del Flaco Spinetta, del relator Nelson Dedo. Y hay más, mucho más en el libro que acaba de publicar Planeta, escrito por el guionista de TV Pedro Saborido, popularmente conocido por trabajar desde hace once años con Diego Capusotto.
El texto es desquiciado desde su título: "Una historia del fútbol en 43 cuentos, 18 testimonios, 99 personajes inciertos, 12 circunstancias discutibles, 5 episodios inverosímiles jamás contados, 4 heridos, 2 de muzzarella, 3 de fainá, 6 cortados mitad y mitad, 1 almendrado y coso".
El autor, en diálogo con Ovación, adelantó que este no es un libro para futbolistas sino "para cualquiera". Y aclaró que no se necesita saber de fútbol para abordarlo. "De hecho sé poco de fútbol, bueno, sé qué es un offside, tampoco soy un pelotudo, pero el texto va por los alrededores de este juego ilógico. Y si no mirá las canchas: monstruos caros e inútiles financieramente, que se usan dos horas cada quince días y sólo en Avellaneda hay dos separadas por cien metros", dice Saborido.
¿Por qué si sos hincha de Racing le dedicás el libro y un capítulo a Houseman, un ídolo de Huracán?
Cuando tenía unos 8 años iba a la cancha con mi papá y mi tío. Mi viejo era de Argentinos y mi tío de San Lorenzo, pero se hizo socio de Huracán para ir a la cancha todos los domingos. Dos tipos a los que les gustaba mucho el fútbol pero lo miraban desapasionadamente, como si fuera ópera: no puteaban, no se amargaban. Pero gracias a ellos vi el Huracán del 72, 73 y el 74, y Houseman me divertía, era transgresor, desaforado, un habilidoso. En el libro cuento algo de una polémica tonta de la época sobre sus medias bajas (N. de la R: y enlaza el relato con el de "un jugador del ascenso, Pipi Carbone, habilidoso wing de Victoriano Arenas, que tomó la costumbre de jugar en culo").
El título apela a datos cuantitativos, algo muy típico del futbolero y del periodista deportivo, ¿no?
Es maravilloso como el futbolero apela a la memoria y a veces no sabe si lo que dice lo vio o se lo contaron. La memoria en el fútbol, recitar un equipo, tener el dato, te da más categoría de hincha, en un debate el que pela más datos es el más poronga, tiene más autoridad aunque lo que diga nadie lo pueda chequear. Y el que no va a la cancha es el gran despreciado.
Retratás en el texto a relatores, a técnicos, a árbitros, hasta al choripanero. ¿Qué es lo que más te sorprende del mundo futbolero?
El tiempo, la cantidad de horas que se habla de fútbol por sobre las horas que se lo juega. Y cómo periodistas y jugadores se preocupan de construir un personaje en complicidad con el público. Está el polémico, el lírico, el metafórico, el agresivo, el que canta. Los tipos quieren ser recordables por la audiencia y se vuelven payasescos. Esto es poco justo para el periodista que labura bien y quiere ser discreto, lo que no significa mediocre.
El fútbol es pasión futbolera pero también trampolín de poder y pantalla de negociados y dictaduras. ¿Qué te provoca eso?
El futbol no tiene moral. Como los medios, la cultura puede ser maravillosa o utilizarse para lo peor. No estoy enojado con el futbol, la televisión me parece más peligrosa.
Se retrata al futbolero con el arquetipo de "Polémica en el bar", pero hay muchos otros personajes en este libro.
Hay muchísimos perfiles, el fútbol atraviesa todas las culturas y capas sociales. Hay futboleros curas, policías, bomberos, chorros, dictadores. El futbol atraviesa todas las culturas y capas sociales. Y son personajes que se mueven en la épica y la alegría, pero en algún momento el relato culmina con la melancolía o el drama. Ganan un campeonato y lloran. Hicimos un concurso de relato en Racing y la mayoría evocaba a su abuelo. Yo me río, me divierto y hago relatos con humor pero en el fondo valoro todo esto. Con el fútbol me pasa como con el rock, hago chistes pero me gusta, lo hago con amor, no con saña. No odio el rock, lo amo, por eso me río, lo conozco por dentro, como al peronismo. Estoy adentro de la bestia para poder reírme y hacer que otro se ría.

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