Ovación

Un resultado sísmico que debe mover estructuras

La histórica derrota contra Ecuador invita a revisar todo. Martino y los jugadores saben que así no pueden seguir.  

Sábado 10 de Octubre de 2015

Es cierto que con el diario del lunes, latiguillo con el que los jugadores y técnicos suelen despreciar el comentario periodístico, todos tienen razón y todos entienden de fútbol. Es que ya nadie pone las manos en el fuego sabiendo que hay un mínimo riesgo de quemarse. Por eso la mayoría, público y periodistas, van hacia donde empuja la corriente del resultado. Poco les importa darse vuelta como una media o desdecirse de algo que aseguraron minutos antes de consumarse una derrota.

Todo esto viene a cuento para empezar a entender que el funcionamiento colectivo de la selección argentina no le escapa a esa montaña rusa de sensaciones a la que está subida la gente.

Sin ir más lejos, todos aquellos que el jueves por la noche en el Monumental rogaban para que Messi volviera lo antes posible para rescatar al equipo, son los mismos que hace unos meses pusieron al rosarino en el paredón de los acusados luego de las finales perdidas en el Mundial 2014 y la Copa América 2015.

Todo está tan distorsionado que tuvo que pasar la catástrofe contra Ecuador en el inicio de las eliminatorias sudamericanas para que los argentinos se dieran cuenta de que la selección no puede vivir sin Messi. Que depende del 10 hasta para respirar. No hay dudas de que lo necesita imperiosamente para recuperar honores y configuración. Puede faltar hasta Gerardo Martino, pero Messi no. Por la sencilla razón de que sin él, Argentina se transforma en un equipo que juega a la ruleta rusa. Que puede ganar y perder con cualquiera. Capaz de recuperarse el martes contra Paraguay en Asunción como de otro papelón de ramificaciones similares a las del jueves contra Ecuador en el Monumental.

También merece decirse que no hay prueba contrafáctica para asegurar que con Messi el equipo no hubiese perdido. De hecho Argentina protagonizó algún que otro desmoronamiento con Leo en la cancha. Pero de lo que sí hay plena seguridad es que Ecuador no se hubiera multiplicado en la cancha como lo hizo con Messi enfrente. De pique, dos o tres ecuatorianos se habrían desentendido de otros menesteres colectivos ya que la función asignada hubiera sido quitarle margen de acción al rosarino. Lo reconoció el propio Gustavo Quinteros, el entrenador de Ecuador, cuando le preguntaron en la previa sobre si tenía pensado modificar el planteo ante la ausencia de Leo.

Obviamente contestó que sí y vaya si los jugadores captaron el mensaje. Ecuador jugó totalmente despojado del complejo de inferioridad con el que siempre venía al Monumental. Nunca se sintió menos que Argentina porque se preparó en lo mental y estratégico para enfrentarla sin Messi.

Justamente eso provocará en cualquier adversario de turno que juegue contra Argentina. Esta vez el beneficiado fue Ecuador, pero seguirán las firmas si no se para esta hemorragia de funcionamiento a tiempo.
Esta victoria ecuatoriana también vino a romper con esa creencia que ya está cayendo en desuso. Y es que la selección nacional les ganará caminando a los rivales de menor talla.

No sólo ya es poco probable que suceda eso, por más que haya algún Bolivia o Albania en el calendario, sino porque esta selección de Martino no juega respaldada colectivamente. Tampoco sabe cambiar estratégicamente cuando la ola de la adversidad se la lleva puesta. No tiene plan B, como les gusta decir a los millones de entrenadores que se sientan a discutir en las mesas de café. El mísmisimo Martino no deja que nadie se mienta solo interpretando otra cosa. De hecho aceptó sin miramientos que Argentina tiene un sólo plan para desarrollar y que, por el momento, no reconoce ni quiere reconocer otros caminos alternativos. A buen entendedor, pocas palabras: Argentina juega así, así y así.

Por esta terquedad que manifiesta el conductor, se intuye que la selección nunca será un equipo que se filtre en la historia a golpes de emoción por su juego. Cuando lo hace es porque Messi resolvió todos los problemas con una apilada planetaria o con un gol de otro partido.

Pero si no está él, ninguno saca la cara por todos y el equipo queda a merced de la providencia.

Ojalá este resultado sísmico contra Ecuador haya movido las estructuras y sirva de aprendizaje para encarar lo que viene. Esto recién comienza, pero depende de Martino no deslizarse por el peligroso tobogán en el que se tiraron en su momento los ciclos de Basile, Maradona, Batista y hasta de Sabella. Todos tuvieron a Messi y apenas Pachorra logró que el equipo se sintiera medianamente cómodo sin él. El Tata aún está a tiempo, pero no deberá quedarse en los cajones a la hora de encontrar soluciones. Ecuador ya desvistió al equipo. No va a ser cosa que otros rivales lo dejen completamente desnudo y ya sea tarde para cubrirse con ropa. 

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