Ovación

Un pálido Newell's perdió sin atenuantes con River y se alejó de la punta

El equipo de Alfredo Berti perdió ante River por la mínima diferencia en el Monumental porque inconscientemente pensó más en el clásico que en el partido de anoche.

Jueves 03 de Abril de 2014

Newell's tuvo la cabeza en otra parte menos en el Monumental. Se notó que inconscientemente jugó el partido de anoche ante River pensando más en el clásico del domingo. Por eso el último examen antes de enfrentar a Central no resultó como lo imaginaba. Su dispersión la pagó con esta derrota 1 a 0 que habrá que ver si deja efectos colaterales. Porque si le gana al rival de toda la vida esta actuación quedará en una simple anécdota. Pero si no ocurre eso, entonces sí deberá revisar los papeles con detenimiento porque el equipo dejó una imagen desmejorada en lo colectivo y todavía tiene varios frentes trascendentes por atender.

Este tropezón debe explicarse casi exclusivamente en la actitud desinteresada que mostró Newell's para encarar la historia. Regaló un tiempo para entender que debía arrinconar a River. De ahí que no tiene mucho derecho al pataleo. El equipo perdió porque estuvo demasiado contenido y con la ambición recortada.

Le costó ordenarse en el medio a Newell's. Porque esta vez le tocó jugar a remolque del plan que le diseñó con inteligencia River. Villalba nunca logró ser la salida limpia, Bernardi pocas veces encontró la línea de pase y el aporte de Orzán se redujo a meterse en algún entrevero. El equipo resignaba rápido la posesión. No alcanzaba a tomar la pelota que ya la perdía. En esto mucho tuvo que ver el estiramiento colectivo de River. Hizo lo que más le incomoda a Newell's. Ejerció una presión en los receptores y no en los iniciadores de jugadas. Mucha intensidad, gran despliegue físico y un total compromiso colectivo para cubrir espacios frente a este rojinegro que parece que se desorienta cuando no controla el trámite con largas posesiones.

Ni el gol a los 7' de Carbonero le devolvió la memoria a Newell's. Esa jugada retrató con elocuencia la actitud pasatista en la que había caído el equipo. Sólo Guzmán intentó evitar el grito con una gran atajada ante Cavenaghi en la previa. Para colmo la salida tempranera de Bernardi por lesión acentuó la parálisis. El revulsivo que buscó Berti fue que Banega empezara a llevar el desarrollo al terreno que más le convenía al equipo, pero la apuesta se quedó en la barrera del intento. Los delanteros siguieron estando muy descolgados, más allá de que Ponce gozó de un par de chances que las resolvió a las apuradas.

Newell's necesitó irse a los vestuarios para darse cuenta de que así no podía seguir. De que no le quedaba otra que poner la cabeza en River y dejar de jugar imaginariamente el clásico. Fue acertado el ingreso de Trezeguet porque en el aire estaba la posibilidad de que David se calzara el ropaje de villano. Tuvo una que se la sacó Barovero, pero su presencia sembraba pánico en la defensa de River. A esa altura, Ñuls ya empezaba a reencontrarse tibiamente con su esencia y obligaba a River a jugar más al lado del arquero millonario. Igual, la reacción era más por inercia que por un arrebato convincente.

No planteó nada de otro mundo. Sólo adelantó las líneas, obligado por el resultado, y también aprovechó que River parecía acusar algún quedo físico. De hecho, Ramón estuvo rápido de reflejos y mandó a la cancha a Kranevitter y Teo Gutiérrez por Ledesma y Cavenaghi. Y para no dejar dudas de que el objetivo madre era blindar la defensa también puso a Ramiro Funes Mori, el héroe del Bombonerazo, por Rojas. La contrarrespuesta rojinegra fue la inclusión de Tonso.

Pero a Newell's no le salió nunca la heroica. Cuando intentó meterse en clima ya era tarde. Su paso por lo ocurrido anoche fue fantasmal. La mente y el cuerpo del equipo se quedaron en Rosario. A la espera para dar el gran campanazo ante su gente con un triunfo contra Central.

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