Ovación

Un país en modo Mundial

En la previa de la Copa del Mundo se potencia y utiliza el orgullo de pertenencia para lograr una alegría, que sólo sería deportiva porque la sociedad aún necesita resolver problemas estructurales.

Martes 05 de Junio de 2018

La Argentina está en modo Mundial. Como sucede cada cuatro años en la previa del torneo ecuménico del fútbol. Una sensación invade a la sociedad ya que inexplicablemente la ansiedad y la expectativa juegan todo el tiempo. Con mucha intensidad. Incluso aquellas personas que alejadas del interés por este deporte se contagian.

Sí. El país está en modo Mundial. El temor y el fervor se desplazan mutuamente. Y el optimismo trata de manera denodada de anclar en fundamentos pensados para contrarrestar el escepticismo crónico y espontáneo.

Es como si de ese plantel de 23 futbolistas dependiese el orgullo de pertenecer. Es como si el ser argentino se juega su esencia en la cancha. Está todo relacionado a esa necesidad de superación que vaya a saber por qué motivo individual y colectivo está estrechamente vinculado a una Copa del Mundo.

Quizás porque la búsqueda de la alegría por el bulevar de los sueños rotos pueda encontrarse en la pelota. Aunque la misma no solucione los problemas estructurales de una nación. Y a sabiendas de que este hecho es utilizado como distracción por aquellos que tienen la responsabilidad de resolver esas necesidades profundas y permanentes.

Por supuesto que es muy difícil abstraerse de este estado en modo Mundial que invade hasta el último rincón del territorio. Es muy complicado reencontrar el equilibrio, porque el entusiasmo es una marea que se lleva todo puesto. Y tratar de reflexionar al respecto puede derivar en una imputación casi equivalente a la de traición a la patria. Salvo en Rosario, donde la fuerte identidad de la ciudad con Central y Newell's siempre puso en un segundo plano el interés por la selección. Aunque esto no implique estar pendiente del seleccionado. Más cuando ese equipo representa sentimentalmente a la cantera rosarina por la presencia de jugadores forjados acá.

Saturación y después

Y justamente esa mirada desde acá es la que facilita observar determinadas exageraciones que abonan ese modo Mundial. Porque relatores, comentaristas, analistas y eventuales ex jugadores televisivos de las cadenas deportivas nacionales e internacionales prescinden por momentos de su profesionalismo para vestirse de fanáticos y así gritan exasperados un gol ante la endeble Haití y elogian traspasando las barreras del absurdo. Omitiendo las equivalencias. Entonces la pregunta surge por añadidura: ¿qué harán entonces si la selección argentina gana la copa?

Ese modo Mundial también es fomentado desde programaciones deportivas de casi 24 horas, en las que los enviados especiales estrujan el ingenio para tratar de justificar las emisiones exigidas, pero sucumbiendo por el agotamiento lógico de los temas futbolísticos, gastronómicos y culturales y derivando por extrema necesidad en la instauración de polémicas estériles que lejos están del adecuado tratamiento periodístico.

Por eso hasta la nimiedad se convierte en noticia. Y todo se hace una novela. Si juega tal o cual, si tienen día libre o no, si Islandia es medida, si el contraataque de Nigeria pondrá en riesgo la clasificación albiceleste, si Croacia es mucho más de lo que aparenta, etcétera, etcétera y etcétera.

El escape a la saturación mediante el control remoto es en vano, porque por fuera de las cadenas deportivas en la televisión abierta abundan los programas que hacen culto al panelismo, en los cuales mixturan el divorcio de famosos, la despenalización del aborto, las tarifas, el dólar y el Fondo Monetario Internacional con el Mundial de Rusia, y todo da lo mismo para los "todólogos" de la pantalla.

Y en el mientras tanto, por necesidad y urgencia en tiempos de cólera, los publicistas trabajan con denuedo con enorme creatividad algunos para vincular los productos de sus clientes con la selección albiceleste y así acoplarse al modo Mundial para tratar de combatir la recesión.

Entonces aunque no se necesite, la compra de una motosierra, de un medicamento para evitar calambres o combatir la tos, de un automóvil, de un pasaje en avión, de una tarjeta de crédito, de una gaseosa, o de una cerveza, puede también convertir al consumidor en ganador de una pelota o de una camiseta del seleccionado nacional para que viva a pleno la Copa del Mundo.

Usos y abusos

Nada es tan distinto a los mundiales anteriores. Mucho menos la utilización de este modo Mundial. Algo que la historia se encargó de enseñarles a los argentinos. Desde aquel fatídico Mundial 1978 cuando lo que estaba en juego fuera de los estadios era la vida misma, por los designios de la dictadura.

Claro que ese modo Mundial, por suerte ya en democracia, también en las ediciones subsiguientes fue utilizado por los gobiernos de turno para que las cámaras no hagan tanto foco en la pobreza estructural, la gran deuda social de la clase dirigente política argentina. Aún vigente. Y latente.

Por supuesto que sería fantástico que la selección argentina gane el Mundial de Rusia. Ojalá así suceda. Significaría una enorme alegría deportiva para toda la sociedad. Pero sería eso: una alegría deportiva.

Porque la felicidad y el orgullo de pertenencia no se dirime en una cancha. Sino en la resolución de los problemas estructurales de un país.

Porque la dignidad individual y colectiva gana o pierde por aspectos más trascendentales que un gol. O que un partido. Y para lo cual el país necesita estar en modo justicia social. Algo que es mucho más difícil que ganar un Mundial de fútbol, pero donde la alegría sería para siempre.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});