Rusia 2018

Un Mundial con integración y casi sin fronteras

Aunque la discriminación y la xenofobia imperan en el planeta, hay equipos multiculturales integrados por hijos de inmigrantes.

Viernes 06 de Julio de 2018

El fútbol mundialista les dio una lección a las grandes potencias del planeta que quieren deshacerse de los inmigrantes a pura discriminación y xenofobia, como si los extranjeros se tratasen de plagas. Ya es difícil encontrar naciones disputando un partido en una cancha: más bien hay encuentro de culturas e hijos de inmigrantes. Entre los 32 equipos que jugaron el Mundial de Rusia, Francia fue el que concentró mayor número de jugadores foráneos o descendientes de inmigrantes. De los 23 integrantes del equipo galo, 18 son "transnacionales". Y Bélgica le pisa los talones con 11 futbolistas de ascendencia extranjera.

Pocos argentinos podrán olvidarse del jugador francés de 19 años del Paris Saint Germain, Kylian Mbappé, quien en el partido que eliminó a los albicelestes del Mundial provocó el penal que acabó en el primer gol del cotejo y anotó un doblete. Pero el crack de padre camerunés y madre argelina no sólo es una pesadilla argenta, también lo es para los ultranacionalistas de la dinastía de los Le Pen en Francia, así se aseguró en un informe especial publicado esta semana en el diario colombiano El Comercio.

Tanto Mbappé como Paul Pogba, de padres guineanos; Robustien Dimitri Payet, nacido en la isla La Reunión del océano Indico; Blaise Matuidi, de ascendencia angoleña; Samuel Umtiti, camerunés; N'Golo Kanté, de origen en Mali y Nabil Fekir, de padres argelinos son aborrecidos por franceses que consideran que en su equipo hay "muchos negros".

Pero los planteles con mayoría de "forasteros" para el país que supo vivir de sus colonias, comenzaron a destacarse en 1998 con Zinedine Zidane (descendiente de la minoría bereber de Argelia) a la cabeza y jugadores con raíces en Armenia, Argentina, Ghana y Cabo Verde, entre otros.
Los Diablos Rojos belgas también tienen su flujo migratorio en el equipo y en su mayoría musulmanes. Están encabezados por el delantero Romelu Lukaku, de padres congoleños, al igual que Vincent Jean Mpoy Kompany o Marouane Fellaini, de ascendencia marroquí.

También cuentan con su aporte de inmigrantes los británicos. Dele Alli, de padres argelinos; Marcus Rashford, de padres jamaicanos; el guayanense Loftus Cheek; o el hijo de antillanos Kyle Walker. El primer afro en vestir la camiseta inglesa fue Viv Anderson, en 1978, aunque este jugador nacido en Notthingham nunca se consideró africano sino inglés; un sentimiento general entre los afrodescendientes británicos: ser leales a la reina.

Portugal como Francia, incorporó jugadores del antiguo imperio donde traficó esclavos. Gelson Martins (Cabo Verde) y William Carvalho (Angola) fueron convocados para jugar el Mundial en Rusia junto a Cristiano Ronaldo. Pero el antecesor de ambos y más famoso fue Eusébio da Silva Ferreira, nacido en lo que hoy se conoce como Mozambique, estrella del Mundial de 1966. Alemania juega con descendientes de turcos que provienen de la gran migración de los 60, promovida por los mismos alemanes ante la falta de mano de obra barata.
De ese movimiento migratorio surgieron turcos como Mesut Özil. Y la selección de Turquía (que no juega un Mundial desde el 2002) suele nutrirse de otomanos nacidos en Alemania, como Halil Altintop, Yil Bastürk o los hermanos Hamit, que militan en la Bundesliga y se educaron como germanos. Todos suelen ser tratados como extranjeros cuando viajan a Estambul.
Suizo y albanés

En Suiza está el albano-kosovar Xherdan Shaqiri, quien en Rusia lució botines con la bandera helvética y también con el águila albanesa. Cuando tenía dos años, su familia se refugió tras huir de Kosovo por estallar la guerra. "Mi padre no hablaba alemán suizo, por lo que tuvo que empezar a lavar platos en un restaurante", declaró.
Holanda no clasificó a esta copa pero siete jugadores nacidos alli jugaron en Moscú. Dos para Nigeria y cinco representando a Marruecos, selección que tuvo a 17 de sus 23 integrantes nacidos en el extranjero.
Parece haber quedado lejos la frase "Árabe terrorista" que le habría proferido el jugador italiano Marco Materazzi a Zidane en la final de la copa del Mundo de Alemania 2006 , un susurro que terminó en cabezazo y la expulsión del tunecino. Y hoy el fútbol parece sin fronteras aunque siga la inmigración, las balsas en el Mediterráneo y la idea de levantar muros.

Pogba, un líder al que le permiten casi todo

Todo es incierto en el Mundial, pero el nuevo peinado alocado para afrontar una posible final ya está previsto: cualquier otra cosa sería una sorpresa tratándose de Paul Pogba.
El centrocampista de 25 años divierte también a sus seguidores con los llamados "Pogba-Diaries": el diario de la vida y locuras de un futbolista estrella que hace dos años pasó de la Juventus al Manchester United por la suma entonces récord de 105 millones de euros (122 millones de dólares).

Pero Pogba es algo más para selección de Francia. "Ha demostrado que también puede ser el gran líder de nuestro equipo", dijo esta semana su compañero en el mediocampo Blaise Matuidi
La voz de Pogba tiene su peso y eso incluye payasadas y rarezas. Hasta el punto en que Didier Deschamps, un técnico obsesionado con la disciplina, le deja cierto margen para actuar, siempre y cuando no provoque ningún escándalo.


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