Ovación

Un escenario vacío, un fútbol muerto de pena

Y no hubo final nomás. Boca pidió no jugar y la Conmebol le dio la razón tres horas antes del partido. Además reclamó los puntos en vendetta por lo de 2015. River se sorprendió y aseguró que se reprograma con público. La grieta se ensanchó aún más. Mañana en Asunción sigue la definición de la Copa Libertadores.

Lunes 26 de Noviembre de 2018

No hubo campeón. Ni partido, que es lo que todos esperaban e invirtieron tiempo y dinero. La revancha final de la Copa Libertadores otra vez fue postergada. Y con día incierto. Al papelón y desastre del sábado se le agregó un domingo de incertidumbre, con dichos cambiantes minuto a minuto que sólo crearon un océano de dudas. Y recién a las 14, después de muchas horas de deliberaciones que no sirvieron para nada, la Conmebol a través de su presidente Alejandro Domínguez anunció la "postergacion del encuentro" para una fecha a dictaminar. Postergación que además puede ser definitiva, si es que prospera el pedido xeneize para que a River se le aplique la misma sanción que a Boca en 2015: es decir la quita de puntos. La vendetta.

La final de la definición del campeón se jugó con una intensidad feroz, pero fuera de la cancha. En las oficinas y en la decena de reuniones que mantuvieron el presidente de River, Rodolfo D'Onofrio, y el de Boca, Daniel Angelici, con los organizadores. Primero hubo acuerdo para que no se disputara el sábado porque "no estaban dadas las condiciones" tras la agresión al micro que trasladaba a los xeneizes y lastimó a algunos jugadores, principalmente al capitán Pablo Pérez en el ojo izquierdo. En ese "toma y daca" se arregló con la firma de un convenio para que se disputara ayer, a las 17. Eso sí, se puso "en igualdad de condiciones", de lo que se tomó Boca para pedir de nuevo no jugar ayer e ir por más, solicitando sanciones para River.

La cuestión es que los jugadores, con Tevez a la cabeza, no querían saber nada con disputar el partido. Y ahí mismo se insistió en que la Conmebol tomara la determinación de hace tres años cuando River se quedó con la clasificación tras los incidentes del recordado gas pimienta. Es decir que le dieran la Copa a Boca. Esto fue un golpe al mentón millonario, que se sintieron traicionados luego de que D'Onofrio apoyara a Angelici el sábado en su intención de suspenderlo. Y todo porque los xeneizes quieren esa "revancha" de 2015. Pagarle con la misma moneda. "Nos durmieron", dijo en voz baja un directivo millonario con desazón y leyendo una realidad en la que la final se podría definir en los escritorios. Es más, ya hay un pedido formal xeneize que la Conmebol tendrá que resolver. Si le da la razón, chau River, por más que D'Onofrio repitiera lo mismo que decía el presidente de la Confederación, Alejandro Domínguez: "Se reprogramará en cancha de River y con público". Y Boca se quedaría con un nuevo título, aunque de la manera menos deseada. Porque lo lindo del fútbol está en el campo de juego.

La lógica indica que Boca estaba dando ventajas porque Pablo Pérez (más allá del rendimiento que pueda tener), el capitán, no podía jugar porque por recomendación médica debía seguir un tratamiento de al menos 48 horas y ayer tenía disminuida su visión en un 60 por ciento. Y lo anímico también puede ser utilizado en esta situación. El contexto no era el ideal para jugar nada menos que una final de América, como lo expresó claramente Guillermo Barros Schelotto, la voz que faltaba el sábado. Y usó el caótico momento vivido ese día para dar una pelea legal, donde tiene chances de ganar. Todo dependerá de lo que suceda mañana en la sede de la Conmebol, en Luque (Paraguay), donde volverán a juntarse todas las partes desde las 10.

A esta altura la Copa quedó manchada. Demasiado. Los incidentes del sábado de un grupo de millonarios, que lo hicieron el día después a los allanamientos donde se secuestraron entradas y dinero, le abrió la puerta de par en par a Boca de armar su vendetta. Y recurrir a la definición fuera de la cancha. No es lo mismo, en absoluto. Pero la dirigencia se apoyó en los socios e hinchas boquenses que buscan venganza. ¿Y el espíritu deportivo? Está bien guardado y sólo se piensa en cosechar la mejor ventaja. Como siempre ocurre en este fútbol viciado y al que estas cosas son una costumbre.

En el reino del revés argentino los violentos mandan, la política muchas veces apaña y el Estado no actúa para ponerle fin a una violencia eterna. Y así se sigue viviendo. Ahora otra vez la Conmebol tendrá la palabra: le da el título a Boca o reprograma el partido con fecha incierta. Si así sucediera y fuera en cancha de River con público, será un clima más hostil aún por este reclamo xeneize. Una grieta que parece imposible de cerrar.

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