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La Superliga y la AFA tratan de ponerse de acuerdo en la reestructuración que planean: descensos, certámenes cortos y largos.

Viernes 09 de Febrero de 2018

Al final de esta temporada, antes del Mundial, la Superliga se reducirá de 28 a 26 equipos, número incómodo: largo para torneo corto y corto para torneo largo. Descenderán 4 y ascenderán 2. Hoy, perderían la categoría Chacarita, Arsenal, Temperley y Olimpo. Atlético de Rafaela regresaría a primera y el segundo ascenso se dirimiría entre Almagro, Villa Dálmine, Agropecuario, Juventud Unida de Gualeguaychú, Aldosivi, San Martín de Tucumán, Deportivo Morón y Brown de Puerto Madryn. Eso está definido así por ahora, aunque de acá al final pueden cambiar todos los nombres y algo más. El reacomodamiento de la segunda categoría y de ahí para abajo es drástico, como los ascensos compulsivos en su momento. Seis equipos que hoy están en la segunda categoría del fútbol argentino después del Mundial jugarán, en principio, en la Primera B o en el Federal A dependiendo de su afiliación.
   En la lista de los más complicados hay dos clubes que hace menos de ocho meses estaban en primera división: Quilmes y Sarmiento. Pero todo está por verse. Quizás los descensos no sean tales (ver aparte).
   La lucha por permanecer en la élite es encarnizada dentro de la cancha, pero existe otra pelea que se disputa en los escritorios y que no es menos despiadada.
   El objetivo de la Superliga siempre fue llegar a 2020 con 20 equipos, el desafío es cómo.
   Aunque todavía se maneja la opción de 22 participantes como tope máximo, la idea de la nueva estructura de la primera división es que a partir de 2020 el campeonato principal regrese al formato de 20 cupos.
   En medio de esa depuración también juega su partido el retorno del torneo al año calendario para que coincida con las disputas de las copas Libertadores y Sudamericana, y a contramano del mercado de pases europeo que se nutre permanentemente de futbolistas argentinos y compensa las columnas del debe y el haber de las instituciones de este lado del mundo. Obviamente, Argentina es un país exportador de futbolistas y esos egresos son fundamentales primero para subsistir y después para crecer.
   En ese punto también hay divergencias. Unos quieren la programación actual priorizando el mercado y otros proponen una competencia de febrero a diciembre para emprolijar las fechas. Es muy probable que esta última sea la postura ganadora.
   Existe un grupo de dirigentes que quiere un torneo corto después de la Copa del Mundo con cuatro descensos más. Y obviamente el mismo sistema de disputa reducida para las otras categorías.
   Esa tendencia propone una disputa en dos zonas y con una final. Estudiarían, de acuerdo a los tiempos, si se realizaría o no una liguilla para arribar a la definición o si sólo se trataría de un enfrentamiento entre ganadores de zonas. Esos mismos creen que definir el título en un partido único debe adoptarse definitivamente con cualquier formato que se elija.
   Una vez definido ese estilo de campeonato para la segunda mitad del año, en febrero de 2019 arrancaría la competencia anual a la par de las copas continentales.
   El problema, la discusión, es que un torneo corto con cuatro descensos es lo más parecido a una carnicería que se puede organizar.
   Entre los postulantes de ese esquema, algunos, los que no quieren que se cambien las fechas de disputa, redoblan la apuesta y quieren que a principios de 2019 también se haga un torneo corto con otros cuatro descensos para llegar a 2020 con 20 ó 22 equipos.
   En realidad, el objetivo de fondo es reinstalar los campeonatos de una rueda que tantas alegrías les dieron a las instituciones del medio del pelotón.
   Boca, River y unos pocos más no quieren torneos cortos, ni siquiera como una opción temporaria, pero deben decidirse: o al menos un torneo corto o no habrá forma de llegar a 2020 con 20 participantes. Todo junto no se puede. O en realidad sí, con más descensos. Una especie de pérdida de la categoría masiva para una imaginaria Superliga 2018/2019.
   Para los dos grandes esa es la mejor opción: un torneo largo con ocho descensos. O en el peor de los casos uno solo corto ahora o en la segunda mitad del año que viene para depurar y acomodar el calendario y listo.
   Y ahí aparece otro ítem de discusión. En la segunda alternativa, los equipos más comprometidos aceptarían un torneo corto con cuatro descensos, pero no ahora. Pedirían un año de gracia para fortalecer sus chances. Y perdido por perdido, propondrían uno largo con cuatro descensos ahora y después sí el corto con otros cuatro a la B Nacional entre mediados y fines del año que viene.
   Para Huracán, Vélez, Patronato y Tigre, los cuatros peores promedios excluyendo a los que descenderían, no es lo mismo un torneo corto ahora que el año que viene.
   Así como dentro de la cancha los futbolistas luchan por igualar posibilidades a pesar de las groseras diferencias de presupuestos, afuera de ellas los dirigentes del medio pelotón para abajo pelean por achicar el margen de influencias de los poderosos.
   La reformulación de la Superliga es inevitable y ocurrirá más tarde o más temprano. El objetivo de muchos, la mayoría, es morigerar el impacto para que la reducción a 20 ó 22 equipos provoque el menor daño posible.
   Posdata: ¿se animará la AFA a aceptar la propuesta de los grandes de la Superliga de crear filiales para que compitan en las categorías de ascenso al estilo del fútbol español? Los escritorios están que arden.

En el ascenso también se harían cambios

La AFA modificará la Primera B Nacional, que a partir de la próxima temporada se disputaría dividiendo a los equipos en dos zonas: una metropolitana (CABA y Gran Buenos Aires) y la otra con clubes del interior.
   El proyecto de reestructuración de la B Nacional, que se conocerá en marzo, modificará también las otras tres divisiones de ascenso; la Primera B, la C y la D.
   La idea que tienen los dirigentes del ascenso, que ayer estuvieron reunidos con el presidente de AFA, Claudio Tapia, es la misma que hace tiempo vienen analizando: bajar los costos de la B Nacional.
   Sin embargo, está posibilidad de diagramar un nuevo torneo siempre tuvo la oposición de los clubes del interior.
   El proyecto prevé sumar a varios equipos de la actual Primera B y lo mismo ocurriría en la zona interior, sumando a varios clubes que actualmente militan en el Federal A.
   El presidente de la AFA analiza la posibilidad de reunir a 40 equipos por cada zona para jugar a una sola rueda todos contra todos en cada torneo.
   Para aceptar esta nueva forma de competencia, los clubes del interior pretenderían dos ascensos directos por su zona y lo mismo pedirían los clubes de la zona metropolitana. No sería sencillo de aplicar porque debería someterse a la Superliga: 4 descensos permanentes.
   La otra cuestión a tener en cuenta y no menos importante será el dinero a repartir entre tantos clubes si se aprobará está nueva Primera B Nacional. Parece inviable. Los 140 millones de pesos que hoy reparten entre 25 deberían hacerlo entre 80. Una locura si no se generan nuevos y generosos recursos.
   Al aumentar el número de equipos en la B Nacional sumando a clubes de la Primera B, esta división sufriría cambios.
   El proyecto estipula que varios clubes de la C asciendan una categoría y junto a los que sigan en la B jueguen ese torneo.
   De la misma manera, los equipos de la D ascenderán a la C para jugar con los equipos que se mantengan en la categoría.
   Esta posibilidad eliminaría a la D. Los mismos corrimientos y consecuencias sufrirían el Federal A, el B y el Torneo del Interior.

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