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Tigre: Una noche negra en el Morumbí

La final de la Copa Sudamericana terminó con San Pablo festejando pero envuelta en incidentes, sin que se completara el partido que los brasileños ganaban 2 a 0 y con Tigre sin salir a jugar...

Jueves 13 de Diciembre de 2012

La final de la Copa Sudamericana terminó con San Pablo festejando pero envuelta en incidentes, sin que se completara el partido que los brasileños ganaban 2 a 0 y con Tigre sin salir a jugar el segundo tiempo debido a las graves agresiones sufridas por el plantel argentino en el vestuario. Cómo habrá sido que el DT del equipo argentino, Néstor Gorosito, denunció que fueron golpeados y amenazados con armas por seguridad privada y policía de San Pablo, luego de una etapa inicial que terminó con una pelea entre los jugadores de ambos equipos en el campo de juego.

El episodio hizo que Tigre se negara a salir para la disputa del segundo tiempo, y la dirigencia de la Conmebol, en forma conjunta con el árbitro, dio terminado el juego por abandono.

San Pablo, que esperaba a su oponente sobre el césped, fue consagrado con el pitazo final del chileno, en medio de un clima de algarabía local y confusión general.

Es que en el regreso al vestuario, tras el primer tiempo, el arquero Albil fue apuntado con un revólver en el pecho; Gastón Díaz y Galmarini sufrieron cortes por golpes y Botta terminó con un ojo cerrado, producto de otra agresión.

La entrada del camarín visitante terminó regada en sangre y "la zona fue liberada", según denunció el jefe de seguridad de Tigre, Rubén Pasquini, que también recibió un severo golpe en el parietal derecho. "Eran como 15 patovicas que nos vinieron a buscar y le pegaron a todo lo que se movía. Agredieron hasta a la gente del control antidoping. Uno de los que portaba un arma es dirigente de San Pablo", agregó el dirigente.

El clima enrarecido del partido, que se inició con una descortés recepción a Tigre, se agravó al terminar el primer tiempo cuando el mediocampista Lucas le recriminó aOrban por un codazo. En ese instante, la mayoría de los jugadores de ambos equipos se involucró en una pelea generalizada (fue expulsado Paulo Miranda) hasta que el ingreso de la policía la disipó.

Lo que sobrevino fue el escándalo, la absurda posición de la dirigencia sudamericana, la impericia del árbitro y la oscura consagración de San Pablo, que sumó una copa manchada de sangre a su nutrida vitrina de logros internacionales.

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